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	<title>identidad-social &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "identidad-social"</description>
	<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 04:33:07 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. "Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento" (2º), por Lucas Graeff.]]></title>
<link>http://myriampetrongolo.wordpress.com/?p=13</link>
<pubDate>Wed, 02 Apr 2008 16:43:20 +0000</pubDate>
<dc:creator>Myriam Noemí Petrongolo</dc:creator>
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<description><![CDATA[En este post (continuación del 1º con igual título) publico el segundo punto del trabajo de inve]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p>En este post (continuación del 1º con igual título) publico el segundo punto del trabajo de investigación "Instituciones totales y la cuestión asilar", del psicólogo y antropólogo <strong>Lucas Graeff</strong> , realizado en el asilo Padre Cacique de Porto Alegre, Brasil.</p>
<p><strong>2. EL MUNDO DE LA VEJEZ EN EL ASILO PADRE CACIQUE</strong></p>
<p>La decisión de asilamiento configura un drama social (Turner, 1982) Además de la ruptura con las redes sociales de referencia y los grupos de pertenencia, como la familia, la llegada al asilo convoca a nuevas reflexiones sobre la vejez en cuanto problema social y sobre los riesgos propios del envejecimiento. Las enfermedades, especialmente la senilidad, eventualmente se tornan el horizonte de esas reflexiones: la institucionalización acostumbra ser justificada como la alternativa viable para el mantenimiento de la integridad física del viejo. Pero ingresar al asilo Padre Cacique también puede ser definido como un proyecto. En lugar de permanecer en el espacio doméstico <a title="_NalP1" name="_NalP1" href="#_NotaAlPie1">[3]</a> ocupando una posición ambigua en la familia, el anciano renuncia a ello y opta por recuperar parcialmente o totalmente su autonomía en el espacio asilar.<br />
Independientemente de los motivos de la decisión, los primeros tiempos de institucionalización son marcados por un proceso de ajuste, durante el cual las ambigüedades y el estigma de la nueva condición son vividos junto a una experiencia de aprendizaje de nuevos patrones culturales. Tomar parte en una cultura asilar, de una manera general, significa comprender e incorporar ese conjunto complejo y jerarquizado de maneras de pensar y actuar, que se dan en el propio ritmo de las relaciones establecidas en cada espacio social habitado. Una de las facetas de la cultura asilar en el Asilo Padre Cacique era definida por códigos de diferenciación/identificación <a title="_NalP2" name="_NalP2" href="#_NotaAlPie2">[4]</a> un conjunto de modelos de comportamiento y de control de las emociones, que son gradualmente incorporados cuando se entra en ese nuevo espacio simbólico.<br />
En el Asilo, el núcleo organizador de esos códigos era la preocupación por -o el control de- las facultades fisiológicas y mentales: escapar de la senilidad, manteniendo una condición digna, parecía ser un gran proyecto compartido por todos, el cual corría riesgos en cada caída, en cada muerte. Desde ese núcleo organizador, los códigos podían ser apropiados o reinventados contextualmente, conforme a las trayectorias sociales, los espacios habitados y los ritmos de envejecimiento en el Asilo. Pensando con Marshall Sahlims (2004), los códigos de diferenciación/identificación, pueden ser definidos como una serie de repertorios que los viejos practicaban en sus vidas cotidianas –recombinación de las categorías culturales disponibles-, que producían innovaciones en cada uso y, simultáneamente, eran transmitidas en cuanto estructuras de significaciones.<br />
Esos repertorios nunca eran unívocos. Había una gran diferencia entre las formas en que hombres y mujeres se apropiaban de ellos en el espacio asilar.<br />
Algunas mujeres vivían en tensión entre el cultivo de nuevas relaciones afectivas y el mantenimiento de espacios de intimidad. Para otras, las relaciones con voluntarios y con la familia eran más valorizadas. El vivir cotidiano en el Asilo, en el caso de las mujeres, también era pautado por la preocupación por el respeto y la buena educación. Categorías de acusación, especialmente la de senilidad, estaban siempre en juego, clasificando y organizando los comportamientos. En algunas ocasiones pelear con alguien senil podía implicar una propia estigmatización. Pero los intercambios afectivos con funcionarios, voluntarios y visitantes, al contrario, siempre eran índice de sanidad mental.<br />
El cuerpo es el soporte primario de la comunicación social (Le Breton, 2005) Gestos, ropas, maneras de desplazarse en el espacio; en el asilo pude percibir una variedad significativa de formas de andar (con y sin bastón, arrastrando o no los pies en el piso, apoyándose en un andador o en un voluntario, con sillas de ruedas, etc.). En ese sentido, los ritmos de envejecimiento  también podían ser comprendidos a través del cuerpo. Generalmente progresivo –se esperaba de manera general que las pérdidas y las enfermedades fueran graduales- el tiempo de la vida cotidiana también se podía transformar abruptamente, a través de un infarto, de una muerte. “La vejez derriba” era una frase recurrente que los ancianos y ancianas mencionaban para mí o entre sí.<br />
Frente a esas ambigüedades, el fuero íntimo, pautado por el silencio y por la soledad, acaba siendo un momento privilegiado de tranquilidad.<br />
Resguardarse de las situaciones de sociabilidad y de los momentos lúdicos, crea un tiempo de suspensión, de prudencia en la aplicación de los modelos de autocontrol. En lugar de colocarse sistemáticamente en el flujo de los intercambios y de la sociabilidad, la reclusión y el silencio, se tornan no una señal de una vejez “pasiva”, “abandonada”, “a la espera de la muerte”, sino un momento de afirmación de la intimidad.<br />
Por qué, finalmente, sanidad y salud precisarían estar necesariamente ligadas a la actividad y al esparcimiento?<br />
En el ala femenina muchos conflictos fueron disputas por apropiación de espacios, por relaciones afectivas, y, consecuentemente por distinción social. Además de evitar peleas con personas consideradas seniles, era fundamental resolver los conflictos rápidamente y evitar disputas sistemáticas.”Salir por encima” de la situación, con respeto y dignidad, indica una “buena educación <a title="_NalP3" name="_NalP3" href="#_NotaAlPie3">[5]</a><br />
En esas situaciones, la mediación de autoridades institucionales fue decisiva para la definición de “papeles”; finalmente quién tenía la razón? Quienes defienden adecuadamente sus espacios o sus relaciones afectivas? La intervención del director o de la asistente social podía servir como lugar último para la resolución de conflictos.<br />
Los hombres también vivían los códigos de diferenciación/identificación, tramando sentidos en sus vidas a pesar de las rupturas. Pero con algunas apropiaciones específicas, como el carácter fantaseoso de las trayectorias sociales: aprovechando inteligentemente las oportunidades y el espacio potencial de imaginación creado a partir del distanciamiento de los grupos de referencia –los testimonios de los tiempos vividos- los ancianos contaban relaciones con personajes y momentos de prestigio. “Se autoproclaman”, como diría Guita Deber (1999) generalmente, en el sentido de reestructurar la identidad social, fragmentada por exclusiones sociales sistemáticas: del mercado laboral, de la posición de autoridad en la familia, del espacio urbano.<br />
Ese espacio potencial de imaginación era definido relacionalmente a partir de un hecho concreto: todos estaban en el asilo. Y no era una institución cualquiera, sino Padre Cacique, asilo consideradio por ellos como una de las mejores alternativas de institucionalización en Río Grande do Sul, al menos para quien no posee las condiciones socioeconómicas para escoger una institución privada –“aquí no entra cualquier persona”-, frase repetida por dos de los moradores. Por lo tanto, ellos ponderaban la existencia de méritos para conseguir una vacante, aunque estuviesen allí sin una “jubilación digna” o sin “el respeto de los hijos”. Esos elementos objetivos organizaban las autoproclamaciones, las historias maravillosas, los éxitos y fracasos narrados.<br />
Azevedo, Joào y Rui, informantes de la encuesta, me explicaron que las “mentiras” y “fantasías” ocurrían porque las personas “vao dando trela” <a name="_NotaAlPie4" href="#_NalP4">[6]</a>, en la medida en que el contador de historias no sufría de represalias por parte de quien las oía.<br />
Los mentirosos acostumbran a recibir apodos, que pueden o no, ser conocidos por ellos: “Buffalo Bill”, “Siete lenguas”- dice Joào, y Rui completa:</p>
<p>[…] “y, el tipo dice por ahí que habla siete lenguas, dice que es el primo de “Gaúcho da Fronteira <a title="_NalP5" name="_NalP5" href="#_NotaAlPie5">[7]</a>…Además de viejo es mentiroso! Dice que el Gaúcho quedó mal, que no tiene dinero para nada y que él le llevó unas bergamotas <a title="_NalP6" name="_NalP6" href="#_NotaAlPie6">[8]</a> al hospital. Capaz que el Gaúcho da Fronteira no va a tener dinero! Está allá, en el hospital Madre de Dios, uno de los mejores de Porto Alegre…Allá trabaja el Dr. Lucchese, uno de los mejores del estado!</p>
<p>Se puede decir que es una verosimilitud lo que está en juego en ese tipo de narrativa. Estructuralmente una o dos peripecias son fundamentales para definir una buena historia. Es razonable aceptar que alguien ya ocupó una posición de prestigio o que tuvo una buena carrera, pero que, en determinado momento inoportuno, todo se perdió: la sociedad quebró por causa de las oscilaciones de la economía o por un socio mal intencionado; la muerte del patrón de confianza y la consiguiente dimisión; el sistema de providencia social que falló en la resolución del valor correcto de la jubilación; una enfermedad o accidente de trabajo que provocó una invalidez. El éxito depende de las relaciones establecidas, de los proyectos bien hechos, del esfuerzo. Pero hay eventualidades del destino que interrumpen las iniciativas individuales – ocurrencias de suerte y azar. El asilamiento, así, depende de múltiples factores, de los cuales una parte significativa es ajena a las motivaciones de cada uno.<br />
Las fantasías no implican necesariamente “mentiras o falsedades”, dado que no todas las invenciones son deliberadas. La imaginación es parte constitutiva de los juegos de memoria: todo recuerdo es organizado a través de relaciones imaginarias entre eventos, personajes y espacios sociales. La existencia, diría Gastón Bachelard (1994), es una dialéctica de recuerdos y contra recuerdos.. El resultado de ese proceso, que nunca cesa, son las imágenes, forma y contenido de la memoria, que son experimentadas subjetivamente, pero cuya constitución es colectiva y compartida.<br />
En el Asilo Padre Cacique, la reinvención de trayectorias sociales parecía cumplir la importante función de definir dinámicamente la identidad a través de la narrativa. En ese sentido, los códigos de diferenciación/identificación configuraban criterios de verosimilitud lo mismo que categorías de acusación. “Mentira” y “fantasía” son términos que clasificaban las historias aparentemente falsas, que no correspondían a los códigos socialmente establecidos. “Mentir”  era el verbo aplicado a alguien que quería “llevar ventaja”, creando referencias no condicentes con la condición de vejez o con lo que era comunicado por el cuerpo. “Fantasear” definía una historia incoherente contada por alguien cuyo cuerpo comunicaba senilidad. En ese último caso, la invención podría ser considerada inocente, fruto de una mente que “está fallando”.<br />
La jerarquía de edades fue otro importante factor de las relaciones identitarias en el asilo. Un hombre de 80 o 90 años debía ser respetado a pesar de sus fantasías y de sus incontinencias fisiológicas o emocionales. Lo que no significa que los códigos eran suspendidos una vez que la estigmatización estaba en juego. Pero hay que tolerar a los más viejos porque es el destino inevitable de todo asilado.<br />
Algunos, como Joäo, preferían la muerte rápida a la senilidad. Era generalizada la aspiración de vivir el máximo de días, meses y años, pero con salud, sin la ocurrencia de isquemias o infartos. Ir a la enfermería significaba “traer incomodidad para los otros”, como dijo Joäo cierta vez.<br />
La tolerancia con los más viejos o con los debilitados tenía su límite, revelado en los intercambios humorísticos. Los chistes, de mal gusto o no, refuerzan las diferenciaciones en el asilo –se distinguen los seniles y se afirma que la pérdida de conciencia está, por el momento, aún distante.<br />
La ridiculización también es una manera de minar posiciones de prestigio: ser blanco de un chiste significa ser desplazado temporariamente de la jerarquía social. El estudiante, el voluntario o el funcionario podría ser “tirado abajo” por no saber interpretar los códigos de la cultura asilar. Así se invertían las relaciones de fuerza y un viejo podía aprovechar la ocasión para conquistar “una victoria en un espacio maravilloso, utópico” (De Certau, 1996, pág. 85)<br />
La vejez masculina en el asilo también se definió por el sentimiento de honra, estrictamente ligado a la afirmación y  aplicación de los códigos y de las normas. Entre los hombres, los conflictos fueron fuertemente motivados por acusaciones de no respetar a los más viejos, voluntarios, funcionarios y las reglas de conducta establecidas por la institución. Una discusión sobre si las puertas y las ventanas deben o no permanecer cerradas resulta en la reubicación de uno de los antagonistas, lo mismo en las tentativas de reconciliación mediadas por el servicio social o por la dirección del asilo.<br />
Muchas veces motivos banales terminaban sacando a la luz distinciones de clase, de gusto o de estilo de vida, tornando la convivencia inviable y definiendo la necesidad de un distanciamiento espacial.</p>
<p><a title="_NotaAlPie1" name="_NotaAlPie1" href="#_NalP1">3</a> El proyecto de ir a vivir al asilo también puede ser constituído por alguien que vive en la calle, solo, o en condiciones precarias de existencia.</p>
<p><a title="_NotaAlPie2" name="_NotaAlPie2" href="#_NalP2">4</a> Esos códigos de diferenciación/identificación se asemejan a los modelos de “auto-control”, propuestos por Norbert Elias (1994, pág. 201): son categorías para la adecuación social de los comportamientos y de las emociones que se tornan cada vez más automatizados en la medida en ue avanza el proceso civilizador, o sea, el proceso de constitución de sociedad occidental moderna, que, según el autor, aún está en curso.<br />
Se trata de una “(…) compulsión real que el individuo ejerce sobre sí mismo, sea como resultado del conocimiento de las posibles consecuencias de sus actos, sea como resultado de gestos correspondientes de adultos que contribuyeron para modelar el comportamiento desde niño”</p>
<p><a title="_NotaAlPie3" name="_NotaAlPie3" href="#_NalP3">5</a> Me refiero aquí a las declaraciones de Ludovica Dechuta Ploharski y de Lidia Ferreira, habitantes del asilo en la época de la investigación.</p>
<p><a title="_NotaAlPie4" name="_NalP4" href="#_NotaAlPie4">6</a> Nota de traducción: El contador de fantasías (o mentiras) puede extenderse en su discurso, ya que sus pares o no dan crédito a los dichos, o no los "cortan" o "censuran".</p>
<p><a title="_NotaAlPie5" name="_NotaAlPie5" href="#_NalP5">7</a> Intérprete y compositor gaucho, notable por sus canciones tradicionalistas.</p>
<p><a title="_NotaAlPie6" name="_NotaAlPie6" href="#_NalP6">8</a> Mandarina</p>
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<title><![CDATA[Psicología.Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente.  "Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento"(1°), por Lucas Graeff.]]></title>
<link>http://myriampetrongolo.wordpress.com/?p=12</link>
<pubDate>Mon, 24 Mar 2008 17:54:59 +0000</pubDate>
<dc:creator>Myriam Noemí Petrongolo</dc:creator>
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<description><![CDATA[Invito a todos ustedes a leer este material de investigación que trata sobre el envejecimiento asil]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p>Invito a todos ustedes a leer este material de investigación que trata sobre el envejecimiento asilar, llevado a cabo en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, por el psicólogo y antropólogo <strong>Lucas Graeff</strong>. Todo lo que pueda yo decir para aproximarlos al texto, creo que estaría de más y que podría decolorar la nitidez del trabajo. El mismo es de una lectura agradable y sencilla, de conceptos claros y ejemplos contundentes. De imprescindible lectura para todos los que están interesados en el envejecimiento humano en general y en las características particulares del envejecimiento en los asilos.</p>
<p>Este material que hoy publico con la autorización de su autor, es un hallazgo delicioso que me hizo conocer el Doctor en Psicología <strong>Ricardo Iacub</strong> (<a href="http://www.ricardoiacub.com.ar/" target="_blank">http://www.ricardoiacub.com.ar/</a>) Profesor y Titular de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires. Él, siempre atento a las investigaciones que se desarrollan en el mundo, seguramente es conocido por ustedes a través de los artículos y las charlas que nos llegan periódicamente por diferentes medios de comunicación, acercándonos la divulgación de las mismas y aportando sus opiniones que, siempre nos dejan pensando... Desde aquí mi saludo y agradecimiento al Dr. Iacub.</p>
<p> Las entregas de este trabajo de investigación, serán publicadas en cinco post numerados (como ya es costumbre) a fin de que sea más ágil su lectura. En éste (1°) presento la Introducción de "Instituciones Totales y la Cuestión Asilar".</p>
<p>Que lo disfruten!</p>
<p><strong></strong></p>
<p><strong>ESTUDIOS INTERDISCIPLINARIOS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO</strong></p>
<p><strong>INSTITUCIONES TOTALES Y  LA CUESTIÓN ASILAR<br />
Un Abordaje comprensivo</strong><br />
Lucas Graeff<a title="_NalPx" name="_NalPx" href="#_NotaAlPiex">[*]</a></p>
<p><strong>Resumen</strong></p>
<p>Este es un estudio antropológico sobre el envejecimiento en contexto asilar, resultado de una investigación etnográfica desarrollada entre agosto de 2004 y diciembre de 2005 en el asilo Padre Cacique, en Porto Alegre-RS. Se propone una discusión sobre la Teoría de las Instituciones Totales a partir del análisis de las condiciones de vida y del proceso de envejecimiento de los residentes de aquella institución, con la finalidad de conocer sus prácticas, interpretar sus tiempos vividos, y comprender de qué manera esos viejos piensan sus experiencias y su vejez en el vivir cotidiano asilar.</p>
<p>Palabras clave: Instituciones. Cotidiano. Vejez.</p>
<p><strong>1. INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p>Al contrario de varios artículos sobre la cuestión del envejecimiento poblacional en Brasil y de todos los autores que subrayan la construcción social del problema de la vejez y de la Tercera Edad aquí y en otros países del mundo, no voy a presentar datos del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) o describir las diversas maneras de cómo tal “problema social” fue o está siendo construído. Opto por abrir este artículo a partir de una questión: por definición, se puede afirmar que todo asilo es una Institución Total? . Hago referencia, naturalmente, al texto clásico de interaccionismo simbólico titulado “Manicomios, Prisiones y Conventos”, escrito por Erving Goffman (1974). Un libro que viene sirviendo de base para buena parte de los análisis sobre el proceso de institucionalización en Brasil.<br />
Así, sin jamás haber colocado un pie en un asilo y aceptando por definición su carácter totalitario, la teoría de Goffman me permitiría afirmar que tales lugares son espacios sociales cerrados, donde reglas minuciosas son puestas en práctica con el sentido de limitar y homogeneizar las actividades diarias de los internos. Ese esfuerzo de reducción sistemática de la autonomía individual, llevaría, gradualmente, a la “mortificación del yo” (Goffman, 1974); o sea : “la economía de acción del internado”, como describe el autor, se va tornando cada vez más estricta. En cuanto actor social, el conjunto de “papeles” con los cuales un anciano asilado podria contar en su “yo” se restringe en igual medida en que la institución es menos abierta al mundo exterior.<br />
Lo que me parece más grave en el parágrafo anterior no es el número de “hechos” típicos que en un asilo se pueden encontrar a través de la teoría interaccionista, sino la propia posibilidad de analizar las condiciones asilares, sin jamás conocer el vivir cotidiano de una institución o las personas que allí habitan. Además, en la medida en que un encuestador, o alguien curioso se interesa por la cuestión asilar y los Manicomios, Prisiones y Conventos (Goffman, 1974) parece encontrar allí todas las interpretaciones posibles del comportamiento de ese “yo” institucionalizado, realizadas magistralmente por Goffman a partir de su experiencia en el St. Elizabeth’s Hospital, en Washington (EUA). Al final, así entre en contacto con una centena de “clínicas geriátricas”, de “casas de reposo” o de “hogares”, si no consigue separarse de las proposiciones interaccionistas, continuará partiendo de una misma ficción de origen, uniforme y explicativa –la Teoría de las Instituciones Totales-, para llegar, sistemáticamente, a las mismas conclusiones del autor canadiense.<br />
Por ser partidario de un abordaje comprensivo de las ciencias humanas (Dilthey, 1992; Gadamer,1997; Geertz, 1989; Oliveira, 2003), prefiero suspender temporariamente las explicaciones totalizantes y buscar la composición de un mundo compartido, a partir del cual espero crear o profundizar una perspectiva sobre un determinado fenómeno social. Fue lo que procuré hacer durante la investigación etnográfica desarrollada entre agosto de 2004 y diciembre de 2005 en el asilo Padre Cacique, en Porto Alegre (Graeff, 2005)<br />
Durante los dieciséis meses de idas y venidas a la institución, me interesé por cómo las personas que vivían allí<a title="_NotaAlPie2x" name="_NotaAlPie2x" href="#_NalP2x">[1]</a> comprendían la experiencia de envejecer en contexto asilar, teniendo en consideración la ruptura con grupos y espacios sociales de referencia, el alejamiento o la muerte de parientes, amigos o vecinos, la pérdida de la posición en la jerarquía social, resultado de proyectos familiares o individuales fracasados, las modificaciones físicas y el extrañamiento del propio cuerpo; en fin, hechos concretos y representaciones de vejez institucionalizada que eran parte del contexto cultural del asilo Padre Cacique en el momento de la investigación.<br />
El objetivo de este artículo es, por lo tanto, describir y sistematizar las diversidades de los encuentros que pude realizar con los moradores del asilo Padre Cacique, durante el tiempo vivido con ellos, en el desarrollo del trabajo etnográfico. Una diversidad que debe servir de contrapunto a las explicaciones fáciles, -y, a veces, gratuitas- de quien percibe el proceso de asilamiento a través de una perspectiva unilateral fundada en el interaccionismo simbólico. Vale recordar, sin embargo, que la comprensión de la cuestión asilar aquí, no inviabiliza necesariamente a la Teoría de las Instituciones Totales,-aunque lo contrario tiene la costumbre de acontecer.<br />
Para la realización de la etnogtafía me fue necesaria la permanencia diaria en el asilo. En los primeros meses priviligié la escucha de conversaciones fortuitas entre los internos y los funcionarios, tanto como la observación de las maneras de ocupar o habitar los espacios institucionales. Me interesé igualmente por las trayectorias sociales de los ancianos y ancianas, y, a partir de entrevistas no dirigidas realizadas con tres hombres y tres mujeres, procuré comprender la organización de la identidad social en el asilo, a través de las narrativas. Durante la encuesta percibí la importancia de los armarios en cuanto espacios de intimidad y de mantenimiento o transformación del “yo”, lo que me llevó a realizar nuevas entrevistas en ese micro contexto.<br />
Vale recordar que utilicé técnicas audiovisuales durante toda la etnografía, especialmente la fotografía, lo cual ayudó a establecer un sistema de trueque y a negociar mi identidad de investigador <a href="#_NalP3x" name="_NotaAlPie3x" title="">[2]</a>. Las tres partes de este artículo están relacionadas a esas diferentes capas de experiencia etnográfica.</p>
<p><a title="_NotaAlPiex" name="_NotaAlPiex" href="#_NalPx">[*]</a> Psicólogo y Antropólogo. Master en Antropología por la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). Doctorando en Antropología por la Universidade de París V-Renée Descartes.<br />
E-mail: lucasgraeff@gmail.com</p>
<p><a title="_NalP2x" name="_NalP2x" href="#_NotaAlPie2x">[1]</a> Lamentablemente, no procuré profundizar la relación con los funcionarios y voluntarios durante aquella investigación, lo que yo considero fundamental para una comprensión más global de la experiencia de envejecer en el asilo.</p>
<p><a href="#_NotaAlPie3x" name="_NalP3x" title="">[2]</a>Los límites de este artículo no me permiten discutir con profundidad el uso de técnicas audiovisuales en Antropología, como procuré hacer en mi disertación de Maestría (Graeff, 2005)</p>
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