Es preciso, ahora, que, por ejemplo, pensemos en nuestra madre como esa señora desconocida, ese animal, que dice habernos parido. Pero sin ironía.
Es decir, como cuando descubrimos –a veces con inquietud, a veces con parsimonia- que quien nos toca, desnudo, es un ser extraño; cuando no reconocemos los lazos, las relaciones habituales –¿cuando gana qué en nuestra mente?-. 31 palabras más