<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><!-- generator="wordpress.com" -->
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	>

<channel>
	<title>masistio &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://wordpress.com/tag/masistio/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "masistio"</description>
	<pubDate>Mon, 06 Oct 2008 17:40:56 +0000</pubDate>

	<generator>http://wordpress.com/tags/</generator>
	<language>en</language>

<item>
<title><![CDATA[La Batalla de Platea (IV)]]></title>
<link>http://hugodelaralopez.wordpress.com/?p=16</link>
<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 21:26:04 +0000</pubDate>
<dc:creator>hugodelara</dc:creator>
<guid>http://hugodelaralopez.es.wordpress.com/2008/04/03/la-batalla-de-platea-iv/</guid>
<description><![CDATA[Artículo número 106; publicado en El Faro de Ceuta. 
La Batalla de Platea (IV).

Hugo de Lara Ló]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<pre><span>Artículo número 106; publicado en El Faro de Ceuta. </span></pre>
<h1 style="text-align:center;"><span>La Batalla de Platea (IV).</span></h1>
<p><span><br />
<address>Hugo de Lara López.</address>
<p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0 0 10pt;" align="justify">- He aquí donde todo acaba, incluso en contra de las predicciones de vuestro propio oráculo, griego; al fin vencisteis a mi nación y podréis vengar aquello que durante años os ha arrebatado el sueño, la sacra destrucción de Atenas por parte del Gran Rey Jerjes, de la que ni siquiera un gusano logró salir con vida para contar la deshonrosa hecatombe de la ciudad más preciada de toda Grecia. – (Los pasos de Pausanias cesan misteriosamente, su rostro, antes lleno de ira, ahora muestra una plenitud y un gozo inimaginables.) - ¿Cómo dices? – (Pausanias desliza una leve mueca de complacencia.) - ¿Qué he dicho que no entiendas, griego? – El que no entiende eres tú, maldito persa, ahora comprendo que con tal ignorancia es imposible vencer una guerra tan ardua como esta; ¿crees, sinceramente, rancio demonio, que Atenas y sus atenienses me importan? ¿Crees que el espléndido arrasamiento de sus calles, edificios y personas ha evocado en mí un odio aún mayor por vuestra raza? – (Mardonio, impresionado por las palabras de Pausanias, atiende atónito. Por su parte el General Espartano, enérgico, rompe el vuelo de unas aves con la estruendosa hilaridad de su risa.) - ¿Eso crees? ¿Crees que los atenienses me importan? ¿Que me importan que sufran? ¿Que sientan miedo? ¿Que vean como sus cuerpos comienzan a quedar inmovilizados? ¿Que vean como todo su esfuerzo se desvanece? ¿Que sientan cómo la sangre en sus cuerpos se diluye por momentos y su razón cada vez se encuentra más perdida? ¿Crees, Mardonio, que me importa que mueran? – (El General Persa, incrédulo, articula sus primeras palabras con dificultad.) - ¿Cómo alguien puede desear tales males a sus hermanos y sentirlos como bienes propios? ¿Acaso no son griegos como tú, que han defendido en esta guerra las mismas creencias y los mismos territorios? – No te confundas persa, yo no soy griego, yo soy espartano, hijo del Peloponeso, no oses relacionarme con la basura griega y aún menos con Atenas, cuna de los más estúpidos locos que la historia ha podido contemplar. – Pero… ¿cómo eres capaz de decir tales cosas? - ¿Tales cosas? ¿Crees que los atenienses de buena tradición pensarán en nosotros más como hermanos que como fortuitos aliados que, por el azar, han acabado por ser mercenarios bajo el liderazgo de la consecución de un mismo fin? No seas idiota, pues esa idiotez es la que os ha llevado a la derrota. Vosotros, los persas, os amáis entre vosotros y respetáis a cada pueblo que domináis, mas esa será vuestra perdición más adelante como lo ha sido hoy en estas llanuras plateas. En la guerra se necesitan guerreros no buenos ciudadanos ni personas conciliadoras ni sentimentales; para atravesar el cuerpo humano se necesita un filo no rosas, para arrancar el cuello del enemigo se necesita odio no clemencia, para ganar es necesario erradicar del humano todo sentimiento que empañe su capacidad guerrera, y eso es lo que vosotros no habéis hecho aún. Vosotros, los maltrechos persas, habéis pensado que podéis luchar de la misma manera que gobernáis, y por ello estás, ahora, a los bordes del abismo, con tus tropas refugiadas en las copas de los árboles más cercanos y con el jefe espartano delante de ti. – Oh, Pausanias, eres horripilante. Morirás con tu victoria mas tu mente, en la próxima vida, no cesará de castigarte, pues has pecado y no has sabido contemplar que el hombre grande no es aquel que está, o cree estar, por encima de los demás, sino el que no ve más pequeño al resto, aun siendo superior por el devenir de este mundo; tú te has creído superior, has creído que tu casta es más robusta, poderosa e importante, mas has olvidado que, como humanos, no podemos ser más de lo que, por naturaleza, somos. – Me aburres Mardonio, ciertamente lo haces. También sabrán tus queridos hermanos persas que quien sueña con grandes convicciones acaba despertándose con enormes decepciones. Pensasteis, en un alarde de imaginación, el mundo como vuestro y, al parecer, no vais a tener más que vuestro aislado reducto. ¿Qué haréis ahora que Babilonia ha caído en desgracia y que los fenicios también lo han hecho? ¿Pensáis vivir de vuestras relaciones con los africanos ahora que sabéis que retirarán sus rutas comerciales de oriente? Me alegrará saber que, además de haber perdido esta guerra, seréis desgraciados durante siglos. – (Pausanias continúa con sus pasos hacia Mardonio; su rostro muestra su viva excitación, la rabia recorre cada uno de los poros de su tez enrojecida con frenesí.) – Como regalo por tus palabras, te daré una muerte especial: te dejaré herido para que, durante unas horas, entre tus últimos dolores y estertores, puedas disfrutar con tus conmovedores pensamientos de unión y hermandad, de respeto y de tolerancia. - ¡Más vale morir de esta forma que vivir renunciando a mis hermanos! – Que comience entonces. -(El General Espartano corre hacia el senil Mardonio al que golpea con celeridad en el estómago y en la espalda con dos golpes ásperos. El persa cae al suelo. Pausanias se acerca a él y rompe sus frágiles brazos con su pesado calzado.) – Antes de marcharme quiero que recuerdes algo, piensa en ello en las horas que te quedan por vivir: tu país está perdido. - (Pausanias, sin volver la mirada, monta en su caballo con un ligero salto, y atraviesa la llanura de Platea para volver con las tropas espartanas.)</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La Batalla de Platea (III)]]></title>
<link>http://hugodelaralopez.wordpress.com/?p=13</link>
<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 21:24:01 +0000</pubDate>
<dc:creator>hugodelara</dc:creator>
<guid>http://hugodelaralopez.es.wordpress.com/2008/04/03/la-batalla-de-platea-iii/</guid>
<description><![CDATA[Artículo número 103; publicado en El Faro de Ceuta.  
La Batalla de Platea (III).

Hugo de Lara ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<pre>Artículo número 103; publicado en El Faro de Ceuta.  </pre>
<h1 style="text-align:center;">La Batalla de Platea (III).</h1>
<p><span><br />
<address>Hugo de Lara López.</address>
<p></span></p>
<p align="justify">(Los persas, como poseídos por el diablo, avanzan furiosos por la llanura hasta impactar con las primeras líneas de los espartanos; las primeras líneas, como les ocurrió a los griegos del ala izquierda, quedan gravemente dañadas y se rompen tras el choque de la carrera persa.) - ¡Ya son nuestros! ¡Continuad hasta el grueso! – ¡Fortaleced vuestras posiciones y romped los flancos enemigos, pretenden entrar por el centro hasta el grueso!– (Las tropas persas intentan llegar hasta el epicentro del ejército griego a través del pasillo creado por la ruptura de las primeras líneas griegas por los persas, sin embargo, los espartanos, a orden del General Pausanias, aprovechan los flancos, descuidados por Mardonio, para atacar a toda la caballería que intentaba atravesar las primeras líneas. Los caballos persas caen, y con ellos sus jinetes, noqueados tanto por la perspicacia de Pausanias como por la versatilidad de los soldados espartanos, cuya fe en la victoria sólo puede ser equiparada a la magnífica e inquebrantable fuerza que la tradición griega les otorga.) – ¡Frenad el avance! ¡Enfocad las ofensivas hacia los laterales! - ¡Mardonio, estamos perdidos! – (Mardonio agarra con fuerza, del cuello, al soldado persa que le habla.) - ¡Muévete de una vez y lucha! – (En cuanto Mardonio suelta al soldado, este, decidido, comienza a imponer orden en las primeras líneas y los persas se concentran en la lucha contra los griegos que formaban el letal pasillo.) – Precioso; ¡que el grueso avance! – (El pasillo que aún existía creado por los dos férreos flancos griegos fue utilizado por el grueso que, a orden de Pausanias, avanzó velozmente para sorprender a los persas.) – Es imposible, Mardonio, no se pueden reagrupar las unidades, hemos perdido. – ¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¡Malditos griegos! Intentemos una última ofensiva.  – No podemos, estamos agotados y las posiciones han sido tomadas por los espartanos. - … De acuerdo, retrocedamos. ¡Persas, retirada! – (Las unidades persas comienzan a retroceder.) - ¿Se cree que les voy a dejar huir? Inocente persa. ¡Espartanos, rodead a los agotados persas y evitad su huida! Vosotros, las líneas más retrasadas, cargad vuestras lanzas. – (Los espartanos cargan sus lanzas horizontalmente apoyándolas en sus hombros. Los persas, por su parte, intentan huir aun  siendo atacados por las tropas espartanas más cercanas a ellos.) - ¡Lanzad! – (Cientos de lanzas cubrieron el cielo de los persas y cayeron, implacables, en algunas de las unidades de Mardonio. Los persas frenan su huida y, a orden de su general, vuelven a la lucha y atacan a los griegos a la desesperada, puesto que estos no les dejan huir y los ataques por la retaguardia están siendo letales.) - ¡General Pausanias, el general persa y sus tropas han vuelto a la lucha! – Estos persas me están empezando a cansar; ¡dejadme al general! ¡Mantened las líneas y el ataque sobre las tropas persas! Volveré en unos segundos. – (Pausanias avista a Mardonio que, aunque había vuelto a la lucha, estaba alejado de las últimas líneas persas, y únicamente atacaba cuando pasaba fugazmente con su caballo, temiendo ser herido. El espartano monta en su caballo y se dirige hacia Mardonio. Este le observa y se aleja aún más para evitar la batalla con el griego. Mas Pausanias, en su persecución a Mardonio, acorrala al persa en un acantilado cercano. El general espartano baja de un salto de su caballo y se ajusta su pesado peto. Mardonio, que no podía ir más lejos, hace lo propio, a sabiendas de que descender de su caballo iba a suponer el último y  decisivo duelo en las tierras de Platea.) – Amalgamas la fortuna celestial y el frenesí en las ofensivas de tus soldados, y, sorprendentemente, acentúas la beodez de mis hermanos persas sólo con tu presencia; ¿con quién has pactado, griego, para alcanzar un poder y un control tan espectacular tanto sobre tus tropas como sobre las mías? ¿Acaso, griego, te has debido a las malas artes de tus dioses para que te cedieran esta victoria sobre nosotros? ¿O acaso has urdido oscuros planes con las viejas brujas de las plazas griegas? – Cállate persa, tu palabrería me aburre y me agota, no pudieras matarme con tus tropas mas sí con tus pesadas y hueras palabras; no tardemos más y arrodíllate ante mí para que pueda derribarte y comience la longuísima e inevitable agonía, antes de que la muerte acuda a recoger tu decrépito cadáver desfallecido , que mi acero tiene preparado para ti. Desiste en tu huida, pues no tardaría en volver a alcanzarte, ahora sin necesidad de un caballo. – (El rostro de Mardonio, con un aspecto bastante deteriorado, revelaba la inexorable vejez del general persa, que respiraba profundamente. No parece que Mardonio pueda aguantar ni una sola acometida del espartano, y su fin parece acercarse con cada paso al frente que da Pausanias.)</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La Batalla de Platea (II)]]></title>
<link>http://hugodelaralopez.wordpress.com/?p=11</link>
<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 21:21:59 +0000</pubDate>
<dc:creator>hugodelara</dc:creator>
<guid>http://hugodelaralopez.es.wordpress.com/2008/04/03/la-batalla-de-platea-ii/</guid>
<description><![CDATA[Artículo número 101; publicado en El Faro de Ceuta. 
La Batalla de Platea (II).

Hugo de Lara Ló]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<pre>Artículo número 101; publicado en El Faro de Ceuta. </pre>
<h1 align="center">La Batalla de Platea (II).</h1>
<p><span><br />
<address>Hugo de Lara López.</address>
<p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0 0 10pt;">- Espartanos, hoy es el día; los persas han acabado con nuestras vías de abastecimiento y no nos queda más que enfrentarnos, al fin, con Mardonio y sus tropas. En estas llanuras hemos de impedir que el secuaz persa pueda continuar respirando si realmente queremos consolidar nuestra victoria sobre los aqueménidas. Por ello, a todas vuestras fuerzas invoco para poder romper las líneas del ejército persa y lograr llegar hasta el corazón de sus órdenes y de sus fuerzas, que no es más que su líder, el infiel Mardonio. Por esto y por nuestra nación, espartanos, ¡acabemos con los persas! – (Los soldados espartanos, situados en el ala derecha de la formación del ejército griego, gritan ferozmente y agitan sus armas violentamente.) – Atenienses, aliados de otros lugares, escuchadme, escuchad a vuestro país; es, en esta llanura, entre la ciudad de Platea y el río de Asopo donde todo quedará dicho, así pues, levantemos nuestras armas, dirijámonos diligentes hacia el enemigo y persistamos en la lucha hasta que, con ayuda de Atenea, alcancemos la victoria sin piedad alguna, aplastando sus cabezas y despojando de sus cuerpos la insignificante vida que un persa merece vivir. ¡Venguemos la terrible acción de Jerjes! ¡Mostremos al mundo lo que los griegos, unidos, pueden llegar a realizar! ¡Venzamos! – (Los soldados vociferan eufóricos.) – No quiero excusas; no me sirve la derrota y menos la victoria si no es rotunda. Llevamos días aquí, hemos cortado sus vías de abastecimiento y están a nuestra merced. Quiero la victoria, y si no me la entregáis, vuestras vidas se pudrirán en la eterna desdicha que será la muerte, cuando Ahrimán corone sobre vosotros las espinadas coronas que merecen los peores seres del mundo. ¡A POR LA VICTORIA! – (Los soldados, callados, hacen tambalear el suelo con el choque continuo de sus armas.) – El ala derecha que se dirija al flanco griego débil, el resto del ejército y yo nos encargaremos del grueso espartano. ¡A por ellos! – (Rápidamente los primeros persas se dirigen a por los atenienses sedientos de sangre y de victoria.) – Señor, ahí vienen los persas. – Especificación. – Difícilmente distinguible, se habla de una cantidad sustancial de caballería persa. – ¿Caballería? Sorprendente… Griegos, abrid las líneas y preparad la dispersión. – (Los persas se acercan furiosos.) – Desplegaos más aún; a mi señal dispersión. – (Los persas están cerca de los atenienses.) - ¡YA! – (Los atenienses se dispersan y la caballería persa, debido a la velocidad de sus caballos y a la inesperada táctica de Arístides, entra en el grueso ateniense y queda rodeada de soldados griegos. Al instante los griegos comienzan a golpear a las tropas persas.)  – ¡AHORA CERRAD LAS LÍNEAS! – (Los griegos comienzan a cerrarse y la caballería queda totalmente oprimida por los soldados de Arístides, que continúan atacando a los persas.) – Señor, una nueva oleada se acerca. – (A menos de doscientos metros se encuentra, volando, el resto de la caballería persa.) – Posicionamiento de las primeras líneas, armas en posición. – (Las tropas persas chocan contra la primera línea, que se desplaza unos metros y queda rota.) – Señor, los persas están entrando en la formación, no podemos mover ninguna línea porque la caballería que hemos atrapado en el interior estorba; ¿qué ordena? – Maldición… - Hoy es el día, persas, mirad a aquellos espartanos; observad el temor que sus ojos, en sus nerviosos movimientos, desprenden torpemente. ¡Hoy enterraremos a todas las tropas griegas junto a la cabeza de su general! ¡VAMOS! – (El grueso del ejército persa y su caballería, que abarcaba la zona central e izquierda de la formación, se dirigen, velozmente, hacia los espartanos.) – General, se acercan. – Por fin empieza esto, me empezaba a aburrir. Posiciones, YA. – (El ejército espartano se posiciona en varias líneas alargadas.) – ¿Eso es lo máximo que podéis alargar las líneas? ¡Quiero las primeras líneas tan grandes como cada brazo de Zeus! – (El ejército espartano remonta las posiciones más retrasadas y consigue consolidar líneas delanteras más largas.) – Esto será suficiente. – General, ahí están, se dirigen hacia nosotros a una gran velocidad. – Perfecto; armas preparadas.</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La Batalla de Platea (I)]]></title>
<link>http://hugodelaralopez.wordpress.com/?p=9</link>
<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 21:20:57 +0000</pubDate>
<dc:creator>hugodelara</dc:creator>
<guid>http://hugodelaralopez.es.wordpress.com/2008/04/03/la-batalla-de-platea-i/</guid>
<description><![CDATA[Artículo número 99; publicado en El Faro de Ceuta.  
La Batalla de Platea (I).

Hugo de Lara Ló]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<pre>Artículo número 99; publicado en El Faro de Ceuta.  </pre>
<h1 style="text-align:center;">La Batalla de Platea (I).</h1>
<p><span><br />
<address>Hugo de Lara López.</address>
<p></span></p>
<p align="justify">-Confío en ti, Masistio, para que machaques a los malditos griegos de una condenada vez; no podemos dejar que tomen estas posiciones y que terminen por vencernos. –No seré yo, señor, quien le niegue tal acción, mas me temo que la posición griega no es idónea para que enviemos a nuestra caballería, así como que confían más en ellos mismos que lo que nosotros confiamos en nosotros, atacarlos ahora no sería más que una debacle y un duro golpe  para nuestras tropas. –Masistio no recuerdo haber cuestionado ante ti mi estrategia: ve ahora y espero que si vuelves lo hagas con la cabeza del mal nacido espartano que dirige sus tropas. –Así lo haremos, señor. – (Masistio sale de la cabaña donde estaba reunido con Mardonio y se dirige a sus tropas) –Bien, escuchadme, formaremos en menos de lo que tarda un griego en cometer una de sus tantas herejías. Atacaremos a los griegos lo antes posible.  – Mas, jefe, ¿dónde están? – En las montañas. - ¿Y hasta allí llevaremos nuestra caballería? – (Un murmullo recorre el tumulto) – Silencio, así ha sido ordenado por Mardonio, que otrora machacó a los griegos y dominó tanto a los estúpidos tracios como a los demoniacos macedonios; estos griegos a los que debemos enfrentarnos, comparado con aquellos, sólo son un grupo de inútiles que no podrán con nuestra inquebrantable fe y con el sacro apoyo del Ahura-Mazda; así pues, como nos comanda nuestro general, lucharemos con valentía y ansias de victoria. Esto es la guerra, los enemigos son los odiosos griegos y, aunque nuestra victoria pueda correr peligro y fallemos en nuestra misión, no quedará en nosotros otra intención que no sea la de perforar sus pechos y arrancar sus sucios corazones, y demostrar que los Aqueménidas han sido, son y serán superiores en comparación a la maldita casta micénica. Así pues, hermanos persas, ¡en camino hacia la montaña profanada por la presencia griega! ¡POR LOS AQUEMÉNIDAS! – ¡POR ELLOS! – (Eufórico pero a la vez agotado, el ejército persa organiza su caballería y se pone en marcha hacia las montañas donde se encuentran los griegos) – Espartano, ya están aquí. – ¿Traen la caballería, Ateniense? – Sí; ya he mandado a formar a las tropas. – De acuerdo, quiero cordura, nuestros ejércitos no están compenetrados, así pues dividiremos la acción en dos; tú, Arístides, ocúpate de la integridad de los tuyos, y yo haré lo propio mas manteniendo el radio de acción con los tuyos. Este es el fin de los Aqueménidas. – Vamos fuera, Pausanias, nos esperan. – (Las tropas forman y los arqueros que Arístides había traído consigo se colocan en distintas posiciones; a lo lejos, la caballería persa revoluciona el suelo y el polvo de la tierra flota levemente por el airado aire del momento) – A mi voz dispararéis las primeras flechas. – (La caballería persa se acerca a la montaña y comienza a ascenderla) - ¡AHORA! – De acuerdo, ¡lanzas abajo! A la señal carrera y apertura de los flancos; los ilotas que rompan las filas de la caballería enemiga en mitad de la confusión. – (La caballería continua con frenesí hacia su objetivo) - ¡A LA CARRERA! - ¡CARGAD LOS ARCOS! – (Los hoplitas se dirigen hacia la caballería persa abriendo sus flancos para evitar que la caballería pueda rodearlos; los persas chocan contra las líneas griegas y caen de sus caballos con graves heridas en sus cuerpos. Aun así, desde atrás, llegan más persas en sus caballos, no obstante, la subida es difícil y tortuosa y los caballos no son tan efectivos teniendo delante de sí a las tropas que luchan contra la primera línea hoplita, así pues pierden bastante tiempo intentando buscar manera alguna para poder atacar) - ¡AHORA! – (Cientos de flechas cruzan implacables la pendiente de la montaña para atravesar los cuerpos de los persas de las líneas traseras, que no pueden continuar por la desesperante caída de los caballeros persas de las primeras líneas) – Espartano, el líder de la expedición. – Déjamelo a mí, ateniense, siempre será mejor un espartano en la lucha que un ateniense; tú mantén la agresividad y adelanta las líneas. – Si no fuera porque estamos en medio de una batalla luchando juntos por una misma causa contra los infernales persas ahora mismo no podrías respirar, Pausanias. - ¿No me digas? – (Pausanias rodea las líneas hoplitas y se dirige hacia el líder de los persas, Masistio, que desde detrás de sus tropas mueve las líneas con magna voz). - ¡Están abriendo los flancos, abrid los vuestros para poder contrarrestar la oclusión de los griegos! - ¡Esto es imposible Masistio, no tenemos huecos y los caballos y los cadáveres de los nuestros nos entorpecen el camino! – Hazlo como puedas, pero hazlo. – (Pausanias se deshace de uno y otro persa en su incesante avanzar hasta Masistio) - ¡CARGAD LOS ARCOS! Fijad la línea más trasera de los persas, evitad los tiros cercanos para no herir a los nuestros. – (Pausanias levanta con un rápido golpe su lanza y la arma) - ¡AHORA! – (Una de las flechas lanzadas por los arqueros de Arístides impactó en el cuello del persa Masistio, derribándolo, dejando a Pausanias con la lanza en posición hostil, con su objetivo más que perdido. Este mira a Arístides, otrora llamado “El Justo”, y este le sonrió con cierta alevosía. Pausania carga en cólera y comienza a derribar al resto de la caballería persa atravesando con su lanza a todo aquel que interrumpía el paso de su flamante caballo. Caídos todos los persas, los griegos, exultantes y pletóricos, gritan juntos y elevan sus armas, pues habían vencido a los persas en una importante batalla, mas el general persa, Mardonio, continuaba vivo.)</p>
]]></content:encoded>
</item>

</channel>
</rss>
