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	<title>moriscos &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "moriscos"</description>
	<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 14:24:43 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[TODO EMPIEZA EN PURCHENA]]></title>
<link>http://identidadandaluza.wordpress.com/?p=5002</link>
<pubDate>Mon, 25 Aug 2008 08:05:57 +0000</pubDate>
<dc:creator>identidadandaluza</dc:creator>
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<description><![CDATA[Juegos Moriscos 2008/Foto: Pako Manzano
José Acosta Montoro
En vísperas de la séptima edición, p]]></description>
<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_5003" align="alignleft" width="300" caption="Juegos Moriscos 2008/Foto: Pako Manzano"]<img class="size-medium wp-image-5003" src="http://identidadandaluza.wordpress.com/files/2008/08/juegos_moriscos_0050_redimensionar.jpg?w=300" alt="Pako Manzano" width="300" height="150" />[/caption]
<p><strong>José Acosta Montoro</strong></p>
<p style="margin-bottom:0;">En vísperas de la séptima edición, primera del siglo XXI, la aparición de la revista «Cuadernos de los Juegos Moriscos» es momento para que se recomponga desde su sede, Purchena, el camino recorrido por los Juegos desde 1569, en que fueron convocados por Aben Humeya, hasta 2000, en que se celebró su sexta edición.<!--more--></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">En primer lugar hay que dejar constancia del origen, de cuanto sucedió en la trayectoria de Aben Humeya en el momento en que decidió convocar fiestas en Purchena, los Juegos Moriscos que hoy tienen el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional y han sido declarados de Interés Turístico por la Junta de Andalucía.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Sabido es que, asentado en el valle del Almanzora, y con su centro en Purchena, Aben Humeya intentó sitiar la ciudad de Vera. De esa efemérides guerrera se ocupan Mármol y Pérez de Hita. El primero (págs. 289­290 lib. VII, cap. VIII), que termina su relato diciendo: Aben Humeya tornó a Purchena y de allí a Laujar de Andarax, y envió la gente a sus partidas, informa con la minuciosidad que le adorna, pero también en esta ocasión se le escapan detalles que serán trascendentes, quizás porque no tuvo noticia de ellos, o porque no les dio importancia bélica, falto de facultades sicológicas y de «ensoñación», de lo que adolece su documentada obra.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">No es el caso del cronista murciano, sobrado de unas y otras, fantasioso en el artificio barroco ciertamente, pero, en ocasiones, mejor dispuesto para seleccionar diversos y singulares aspectos. Pérez de Hita (págs. 140-142, cap. XIII) dice que Aben Humeya tomó su decisión de ir al oriente andaluz cuando supo de las negociaciones que sus enviados mantenían en Berbería y que, pasando por Purchena donde recogió la hueste del Maleh, y bajando el Almanzora dejó atrás a Zurgena, subió la atalaya de Ballabona y se puso ante Vera, a la que sitió. Continúa Pérez de Hita, con su peculiar estilo, que los moriscos empezaron a batir la ciudad, atacando sus murallas, desde donde le respondían. Duraba el cerco un día y su noche cuando los rebeldes emplearon una de sus pequeñas piezas de artillería contra la base de una torre, haciendo daño. Pero se regocija Pérez de Hita: quiso Dios que aquel tiro, fuera el primero y el postrero, porque la pieça fue abierta por la demasiada carga que le echaron.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Pérez de Hita, al que se le nota informado en los mismos términos que Mármol, le hecha la sal y pimienta de su estilo y añade suspenso a la narración que alarga. Al fin, cuando Aben Humeya supo de la ayuda que le llegaba a los de Vera, se retiró la buelta del río de Almançora y llegando a las Cuevas las mandó saquear y destrozar un hermoso huerto del margués y cortar todos los frutales que el Rey no los tenía tales corno allí los avía. Cuando llegó el socorro de Lorca, Aben Humeya regresaba a Purchena.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">La información que, sin duda, obtuvo Pérez de Hita de los moriscos con quienes trató, le hace incluir el suceso de Cuevas, absolutamente lógico dado el odio que mantenía Aben Humeya al marqués de los Vélez, y el remate que nos interesa: cuando el rey morisco llegó a Burxana determinó de hazer unas solemnes fiestas para alegrar sus gentes y todo su campo, y assí mandó que se pregonasen.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Era el 27 de septiembre, martes. Los Juegos Moriscos estaban en marcha...</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>SOBRE EL PRIMER SILENCIO ACERCA DE LA REBELION MORISCA ...</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">De cuanto se refiere a la guerra de los moriscos no se tienen más fuentes que las crónicas de tres historiadores, cada uno en uso de sus características personales y de sus maneras de proceder. Las tres relaciones fueron publicadas después de haber fallecido Felipe II. Cabe discernir que el rey castellano deseó que del conflicto morisco no se conociese más versión que la dada por su Consejo y sus asesores eclesiásticos. Todos eran enemigos de cualquier versión que pudiera (aun hecha desde el punto de vista real/católico/patriótico), incluir datos más o menos objetivos, así como opiniones personales comprensivas hacia la causa de los derrotados y expulsados moriscos</p>
<p style="margin-bottom:0;">Dos de aquellos cronistas eran granadinos de na­cimiento y el otro, murciano. Por su formación, edad y experiencia internacional, el más «político», quien avizó la guerra desde el «puesto de mando», ya que era tío del capitán general de Granada, Iñigo López de Mendoza, conde de Mondéjar, fue Diego Hurtado de Mendoza, que escribió Guerra hecha por el rey de España don Felipe II contra los moriscos de aquel su reino, sus rebeldes, publicada en Lisboa en 1627. El más informado de casi todos los detalles militares, porque siguió la guerra en la intendencia de los ejércitos del marqués de los Vélez, Juan de Austria y Luis Requesens, fue Luis de Mármol Carvajal, autor de Historia del rebelión (sic) y castigo de los morisco del reino de Granada, publicada en 1600 con gran éxito, apareciendo ediciones en 1757, 1792 y 1797. El más «novelero», que no quiere decir que estuviese desinformado, sino que atendió a cuestiones que para los otros serían entonces «poco serias», fue Ginés Pérez de Hita, a quien se debe la noticia de la convocatoria y desarrollo de los primeros Juegos Moriscos. Pérez de Hita, el más joven de los tres cronistas, dio a la imprenta en 1595 “Guerras civiles de Granada”, cuya segunda parte, directamente relacionada con la rebelión morisca, fue publicada en 1619.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Los tres cronistas escribieron desde el punto de vista católico/monárquico, fieles a Felipe II y a la sociedad que éste permitía, sostenía y representaba. Pero los tres aportaron párrafos que no gustarían, no sólo al absolutista Felipe II, sino también a su corte de eclesiásticos que formaban su Consejo y dictaminaban que política y catolicismo eran una misma cosa.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Por la valía de las opiniones de los tres cronista tocadas de cierto objetividad, es útil reproducir algunas de ellas. Los tres reflejan de dónde nace la guerra que sería declarada en 1567. Recogen diversas actuaciones de Cisneros contra los musulmanes, obligándoles al bautismo, y pasar de mudéjares a moriscos, destructor de mezquitas que convertía en iglesias, incinerador de libros, confesor de la reina Isabel que convenció a los Reyes Católicos de que no interrumpiesen la «conversión» por él encauzada y concediera (escribe Mármol en la obra citada, pág. 156, Lib. I, cap. XXVI) a quienes habían sido rebeldes y por ello merecían la pena de muerte y la perdición de los bienes, un perdón provisio­nal si se tornasen en cristianos o dejasen la tierra. Tal es el detalle y el momento, concluyentes y decisivos, en la trayectoria que iba a tomar el conflicto: bautizo 0 expulsión inmediata... Las capitulaciones que sirvieron para firmar la paz y la toma de la Alhambra, en que los reyes y sus sucesores se obligan para siempre a dejarles vivir en su religión y costumbres, conservando sus mezquitas y jueces quedaban inservibles, fracturadas, rotas... Se cumplía la petición que recoge Marmol (pág. 153, lib. l, cap. X) de algunos prelados y clérigos, hecha nada más entrar los reyes en Granada, de que pues nuestro  Señor les había hecho tan señaladas mercedes en darles una victoria como aquella, celosos de sus honra y gloria debían ordenar que los moros rendidos que quieran permanecer en su tierra se bautizaran y los que no aceptasen el bautismo tendrían que  marcharse a Berbería. Y argumentaban, cita Mármol, que todo aquello convenía a  la salvación de sus almas ..,  v sería bueno para la quietud y pacificación perpetua de   aquel reino...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Por tales derroteros Mármol (pág. 157, lib. II, cap. I) refiere que los moriscos eran herejes secretos; que se lavaban y hacían la zalá en sus casas a puerta cerrada; que restregaban a los bautizados para quitarlese el crismo y los olios; que las novias iban vestidas de cristianas a la iglesia y a la vuelta a su casa se desnudaban, vitiéndose como moros, para festejar con instrumentos y manjares de moros; que si algunos aprendían las oraciones era porque en caso contrario no podían casarse...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La protesta crecía, al punto de que Hurtado de Mendoza (pág. 70, lib. I) escribe que las autoridades nombradas por los Reyes Católicos gobernaban la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros, con una forma de justicia arbitraria, unidos los pensamientos..., pero que esto se acabó con la vida de los viejos... O sea que, con el paso de los años y el relevo de generaciones, cuanto llevaban los jóvenes en su educación secreta iba aflorándoles al exterior. Si los jóvenes heredaban los privilegios concedidos a sus mayores, alguna vez su comportamiento sería distinto..., como le ocurriría a Aben Humeya, hijo de una familia, los hunmaia que pactó colaboracionismo con el rey Fernando, mediante el cual recobró sus tierras de Válor y el derecho a ser miembros del cabildo granadino... Mármol resulta tajante (pág. 157, lib. II, cap. I): pues si aquellos decían que eran cristianos prestaban más atención a los ritos y ceremonias de la seta de Mahoma, y no atendían a los clérigos, pues siendo ricos, y más señores de sus haciendas de lo que lo eran en tiempos de los reyes moros, jamás se tuvieron por" contentos, suspirando siempre con la memoria de su antigua edad... empezando a acongojarse en exceso y a endurecer su mala inclinación, de donde les crecía cada hora mas la enemistad v el aborrecimiento del nombre cristiano.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Germinaba la rebelión inevitable. Con Carlos I rey se promulgó un edicto, a comienzos de 1518, sobre que los moriscos debían abandonar sus trajes. Pero el emperador, siempre tan necesitado de dinero, negocio los pagos, como haría después con motivo de otras prohibiciones, de modo que a cambio de los ducados fue retrasando la ejecución de sus disposiciones. Cuando visitó Granada, el 4 de junio de 1526, tras su boda con su prima Isabel de Portugal, quedó escandalizado por el memorial de agravios que le presentaron los moriscos. en el cual se daba cuenta de los malos tratos recibidos por parte de curas, jueces, escribanos v alguaciles..., y por la respuesta inmediata de la otra parte. Según expresa Prudencio de Sandoval (Historia de la vida y hechos de! emperador Carlos Y', pág ? 7 3. lib. IV. cap. XVII), eran muchos los agravios que se hacían a los moriscos, pero éstos eran muy finos moros veinte y .siete años hacía que eran bautizados y no se hallaron veinte y siete dellos que fuesen cristianos, ni  aun siete...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">De la visita a los lugares granadinos ordenada por el rey Carlos se derivó que los moriscos, para ser buenos cristianos, tenían que abandonar sus costumbres musulmanas, con lo que no se les agraviaba sino que, por el contrario, se les hacía una buena obra... La consecuencia inmediata fue que Carlos I publicó otro edicto. el 7 de diciembre de 1526, por el cual se ordenaba a los moriscos que no hablasen su lengua; que vistiesen a la castellana; que no usasen los baños: que tuvieran las puertas de sus casas abiertas los días de fiesta, viemes y sábados; que no hiciesen zambras ni leylas; que las mujeres no se pintasen; que se casasen al modo cristiano, oyendo misa y con sus casas abiertas ese día; que no usasen sobrenombres musulmanes... Y añadía que no podrían abandonar los habitantes del Reino de Granada sus puntos de residencia, que no saldrían de sus casas sin lucir en el sombrero una media luna azul, que no trabajarían los domingos y fiestas de guardar, y que el tribunal de la Inquisición se trasladaría de Jaén a Granada...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La dureza de la disposición fue tan tremenda como inesperada para los moriscos. Por la protesta, pero, sobre todo, por la negociación económica que se pagarían antes de que saliese Carlos de Granada, por lo que aceptó suspender aquellos acuerdos. Sería una moratoria de cuatro décadas la que consiguieron los moriscos, que expiraría en 1566, lo que Felipe II, tan respetuoso con los legados de su padre, tendría en cuenta.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Después..., los cronistas recogen que Felipe II puso en vigor la pragmática dictada por su padre, nueva y definitiva. El 25 de mayo de 1568 llegó a Granada el recién nombrado presidente de la Audiencia, Pedro de Deza, un eclesiástico inflexible, unido totalmente a las ideas del cardenal Espinosa, presidente del Consejo de estado del rey. La pragmática ordenada por Felipe II se pregonó el 1 de enero de 1567. Mármol (pág. 162, lib. II, cap. VIII) da cuenta que se hizo con gran solemnidad de atabales, trompetas, sacabuches y dulzainas, para añadir: Luego incontinente se mandó que las Justicias hiciesen derribar los baños artificiales, y se derribaron, comenzando por los de su majestad porque los dueños de los otros no se agraviasen. Señala Mármol que la turbación de los moriscos fue extraordinaria cuando oyeron pregonar los capítulos en la plaza de Bib el Bonut, de modo que ninguna persona de buen Juicio dejara de entender sus dañadas voluntades. Y añade que los moriscos decían que la premática había de ser causa de la destrucción del reino...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Iba a incendiarse la sublevación. Los preparativos fueron sistemáticos. Hurtado de Mendoza (pags. 274, lib. I) detalla la reunión del 27 de septiembre, en la que el Zaguer, tío de Aben Humeya, convence a los moriscos de ir a la guerra: Representóles el estado de la cristiandad, las divisiones de herejes y católicos en Francia, la rebelión de Flandes, Inglaterra sospechosa y los flamencos huidos solicitando en Alemania a /os príncipes della. E/ rey falto de dinero y gente plática, mal armadas las galeras  proveídas a remiendos, la chusma libre, los capitanes y hombres del cabo descontentos, como forzados. Si previeren, no solamente c/ reino de Granada, pero parte del Andalucia, que tuvieron sus pasados y agora poseen sus enemigos, pueden ocupar con el  primer ímpetu ó mantenerse en su  tierra, cuanto se contente en ella sin pasar adelante. Y añade: Indignados y resolutos en general de rebelarse presto y en particular de elegir rey de su nación..., para señalar que: había entre ellos un mancebo llamado don Fernando de Válor cuyos abuelos se llamaron Hernandos y de Válor, porque vivian en Válor el Alto, lugar de la Alpujarra puesto casi en la cumbre de la montaña... y' fijar que en este pusieron los ojos, porque les movió la hacienda, el linaje, la autoridad del tío, como porque ha vengado la ofensa del padre... Hurtado de Mendoza (pág, 75, lib. I), dice que con veintiseís personas del Alpujarra, en casa de Hardón, hombre señalado entre ellos, eligieron a don Fernando de Válor para rey con esta solemnidad: los viudos a un cabo, los &#38; casar a  otros, los casados a  otro, y las mujeres a otra parte... Añade que Aben Humeya nombró por capitán general a su tío el Zaguer. Y que en aquéllos días dieron comienzo los actos de matar a sus enemigos.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Pérez de Hita confirma la elección (pág. 8, cap I). Y es, precisamente, quien cuenta que vió a Aben Humeya. Es el único que lo describe (pág. 8, cap. I) Pues este don Fernando que decimos era mancebo de  veynte y dos años. Era de poca barba, de color moreno, verde v negro, cejijunto, los ojos grandes y negros; mostrava en el talle el garvo de ser de sangre real; tenía los pensamientos reales, procedía realmente; era de todos los moros granadinos muy estimado y respetado; era veynticuatro de Granada. Doy señas porque k vide visto de luto en  compañía de  los demas veinticuatro, en las honras fúnebres de la serernísima Reyna doña Isabel de la Paz, muger de nuestro cathólico rey don Philipe segundo, y entonces .supe quien era y cómo se llamava.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Pérez de Hita (págs. 8-10, cap. 1), y no es casual su inclinación a encontrar motivos de ciertas actuaciones, narra el episodio de la daga, acontecido en el Cabildo, cuando Aben Humeya rompe con su veinticuatría v su fama de caballero cristiano, para opinar que se presume que don Fernando de Válor estava en l a conjuración del levantamiento del reyno. Asegura Pérez de Hita que el suceso del cabildo fue provocado por Aben Humeya para salirse de Granada. También sospechó de ello Mármol, que había recogido la presencia de Fernando de Valor en la elección de rey, morisco, pero que nunca muestra mínimo afecto por el joven, que escribe ( pag. 188, lib. IV cap. VII): bien se deja entrever que este don Hernando supo de lo que se trataba del levantamiento, ansí por la priesa que se dio en vender su veinticuatría (aunque no pudo efectuarle y el mismo Mármol ofrece los motivos) como según nos dijo el licenciado Andrés de Alava, inquisidor de Granada, con quien profesaba mucha amistad, que estando de camino para visitar la Alpujarra por orden particular de su majestad... había ido él (Aben Humeya) pocos días antes aconsejá por vía de amistad que no se pudiera en camino hasta que pasase la pascua de Navidad, porque entonces estaría la gente va más quieta y le acompañaría él por su persona, y le había hecho tanta instancia sobre ello, que se podía presumir que él ya 10 sabía... Mármol falla otra vez en su labor de adquirir conocimientos, pues con aquella excusa pudo indagar sobre el papel de Aben Humeya rey, pero, dice, sea como fuere esta es la relación más cierta que pudimos saber de este negocio...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Metidos en la guerra, los tres cronistas admiten que Aben Humeya fue proclamado y coronado rey. Pero los datos exactos de cómo se produjo la elección y la coronación se sabrán por la declaración de Brianda Pérez, casada con Aben Humeya por el rito islámico, hecha en Granada, el 23 de marzo de 1571, ante Pedro de la Fuente, escribano de cámara de S.M., en presencia del juez Lope de Montenegro Sarmiento, que le tomó juramento.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Mármol había oído algo de la marcha de Aben Humeya con una sola mujer morisca que traía por amiga v un esclavo negro salió de Granada otro día luego siguiente, jueves 23 de diciembre, y durmiendo aquella noche en la almacería de tina huerta, caminó el viernes hacia el valle de Lecrín... Mármol estuvo informado de cuando Aben Humeya se dirigía hacia su coronación, pero ignoraba que la mujer era Brianda Pérez, todavía cristiana, y que el esclavo negro se llamaba Bartolomé...</p>
<p style="margin-bottom:0;">Pérez de Hita, en su estilo novelero, resume cómo fue una de las coronaciones (pág. 12, cap. II): y luego le pusieron encima de la cabeza una corona de plata dorada  y rica, que era de una imagen de Nuestra Señora... Después de coronado le fue tomado juramento sobre un libro de Alcoran, que les ampararía y defendería hasta la muerte. Todo lo cual el reyecillo (que así le llamaremos de aquí en adelante) juró; y aviendo hecho este juramento, todas las chirimias y dulzainas y otros instrumentos sonaron con gran ruido. Luego de muchos lugares vinieron a dar la obediencia y a  besarle  la mano...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Los cronistas decían que tras los alzamientos en cadena, la Alujarra se convirtió en sede del reino de Aben Humeya. Los primeros días de 1569, alzadas las taas alpujarreña, la insurrección se propagaba. El número de seguidores de Aben Humeya era cada día mayor. Es Mármol quien describe (pág. 189, lib. IV cap. VIII) el entusiasmo popular era cosa de maravilla ver cuán enseñados estaban todos, chicos y grandes, en 1a maldita seta; decían las oraciones de Mahoma, hacían sus procesiones y, plegarias, descubriendo las mujeres casadas sus pechos, las doncellas las cabezas, ; y teniendo los cabellos esparcidos por los hombros, bailaban públicamente en las calles, abrazaban a los hombres, yendo los mozos gandules delante haciéndoles aires con los pañuelos, v diciendo en alta voz que va era llegado el estado de la inocencia, y que mirando en la libertad de su ley, se iban derechos al cielo, llamándola ley de la suavidad, que daba todo contento y deleite... Y añade Mármol en la misma página: lo primero que hicieron fue apellidar el nombre y seta de Mahoma, declarando ser moros ajenos de la santa fe católica, que tantos años había que profesaban ellos, y sus padres y sus abuelos..., sin respetar a cosa divina y humana, como enemigos de toda religión y caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron y destruyeron las iglesias, despedazaeron las venerables imágenes, deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de Jesucristo, que les enseñaban las cosas de la fe y administraban los sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos, en pleno escarnio v afrenta...</p>
<p style="margin-bottom:0;">Los cronistas describían una guerra civil, pero sobre todo, religiosa... Por unas y otras cosas ni Felipe II ni sus clérigos querrían que se hablara de aquello, y menos que aparecieran libros que, cantando su victoria, dejasen traslucir otros hechos. Y más después de Aben Humeya escapara de la búsqueda de Mondéjar, que quiso prenderlo, ofreciendo dinero a quien lo matase... El suceso fue recogido por los cronistas.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Mármol (págs. 248, 249, 250, lib. V, cap. XXIII y XXX1V9, narra el hecho principal. Le dijeron a Mondéjar que Aben Humeya y el Zaguer andaban por la sierras de los Bérchules, escondidos en una cueva cada día, mientras por las noches acudían a Válor cl Alto. que aún estaba por rendirse y a Mecina de Bomparon. sobre todo, donde se recogían en casa de Diego Lopez Aboo por razón de la salvaguardia que tenía. Mondejar envió dos compañias de infantería, mandadas por los capitanes Alvaro Flores y Gaspar Madonado, con seiscientos hombres escogidos, llevando consigo a espias, que les habían de mostrar las casas sospechosas para que fueran a los lugares y los cercaran o' procurasen predera aquellos dos caudillos, o matarlos .si se defendiesen, y traerle sus cabezas, significándoles la importancia de aquel negocio. Les advirtió Mondéjar que lo primero que debían hacer era cercar la casa de Aben Aboo, donde la sospecha más cierta indicaba que estarían Aben Humeya y el Zaguer. Encaramados Válor y Mecina en la falda de Sierra Nevada que mira a la Alpujarra y al Mediterráneo, les separaba una legua. Cuando los capitanes llegaron a Cádiar, resolvieron dividir a su gente en dos grupos e ir a los dos sitios al mismo tiempo, para que si no encontraban a quienes buscaban en uno de ellos no pudieran avisar al otro. Alvaro Flores fue a Valor y Gaspar Maldonado a Mecina. Aquella noche estaban Aben Hmeya y el Zaguer y el alguacil del lugar, llamado Dalay, no menos traidor y malo que ellos, en casa de Aben Aboo, después de pasar el día en una cueva. Habían bajado al lugar como otras noches inciertamente y a deshora, confiados en que no irían a buscarlos allí porque Aben Aboo tenía el salvoconducto que extendía Mondéjar a todos cuantos decían que se rendían. Sigilosamente se acercaron Caspar Maldonado y sus hombres, con las mechas de los arcabuces tapadas para que no se las viera desde lejos en la oscuridad de la noche, pero un inconsiderado soldado dejó que se disparase su arma al aire. Estaba la casa llena de mujeres, criados y moriscos descuidados, la mayor parte de ellos durmiendo. El Dalay escuchó el ruido y avisó a el Zaguer. Ambos se arrojaron por una ventana y huyeron a la sierra. Aben Humeya, que dormía acompañado en otro aposento, no se apercibió de lo que pasaba hasta que llegaron los soldados. Turbado, recorrió los aposentos de la casa y no se atrevió a lanzarse por una ventana, no fuera a caer sobre ellos. Y cuando oyó que aporreaban la puerta de la casa, se puso igualado entre el quicio, y corrió la tranca para que la pudiesen abrir con facilidad. Aben Humeya se quedó enhiesto, mientras los soldados entraban en tropel sin apercibirse de que allí estaba Aben Humeya, quien salió afuera y se fue sin que le sintiesen. Los soldados hallaron a Aben Aboo y a otros diecisiete moros, que algunos eran criados del Zaguer y los otros vecinos del lugar. Todos negaron saber dónde estaban Aben Humeya y su tío, afirmando que los que allí estaban se habían reducido con la salvaguardia que Aben Aboo tenía. Gaspar Maldonado ordenó que diesen tormento a Aben Aboo, mandándolo colgar de los testículos de una rama de un moral que estaba a la espalda de la casa. Aben Aboo se negó a hablar, y llegó a él un airado soldado, y como desdén le dio una coz, que le hizo dar un vaivén en vago y caer de golpe en el suelo, quedando los testí­culos y las binzas colgadas de las ramas del moral.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La versión de Hurtado de Mendoza, que puede referirse a otro intento de apresar a Aben Humeya, termina en que, degollados capitanes y soldados, Mondéjar, que entendía la desgracia, puso en Orgiba guardia mayor, repartió los cuarteles a la caballería como quien esperaba a los enemigos. Llegada la noticia a Granada, se reforzó la guardia en la Alhambra, en la ciudad y la vega, Porque los moriscos, favorecidos por el suceso, no intentasen novedad...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Por lo uno y lo otro, creció la fama y el poder de Aben Humeya, más reconocido por rey que nunca, resurgido.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>UN PARÉNTESIS PARA LA CENSURA...</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">Quizás sea momento de hacer una pausa y referirnos a la posible censura que impidió que los tres libros de los cronistas fuesen publicados antes de que falleciera Felipe II, en 1598. De la guerra a sangre y fuego, que supuso la rebelión de los  moriscos supieron los que la protagonizaron y sufrieron, y pocos más, los que, de alguna manera, lograron burlar el silencio extendido... Cuando se habla de censura sobre aquel conflicto hay que señalar que no se conoce la existencia de documento que la certifique oficialmente. Es posible que los libros que trataran de la rebelión de los moriscos de Granada pudieran caer en el Indice de Quiroga (de 158?. gestado desde 1569), que contenía disposiciones de carácter general con condenas de obras y autores particulares. Aquel Indice, capaz de suprimir frases y páginas completas, introdujo en su regla IV la prohibición de libros de judíos y moriscos... Cabe que, dada su fecha. trece años después de las expulsiones del Reino de Granada, pudiera referirse aquella regla IV a los libros escritos por Mármol, Mendoza y Pérez de Hita, que no se publicarían hasta después de la muerte del rey absoluto. También conviene meditar en que cualquier censura no debe ser valorada únicamente por los Indices, que sólo reflejan una parte del espectro cultural de lo prohibido, sino sobre todo, por los condicionamientos que escapan al control absoluto irrealizable, pero dejan la advertencia de lo que puede o no puede pasar...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Pero las obras de Mármol, Mendoza y Pérez de Hita eran conocidas y se hablaba de la guerra según la habían descrito los tres cronistas... ¿Cómo puede ser que. publicadas las crónicas en 1600 la de Mármol, en 161 9 la de Pérez de Hita, y en 1627 la de Mendoza, haya constancia escrita de hechos por ellos mencionados..., eso sí, quince años después del fallecimiento de Felipe II?...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El tema es tan curioso como aleccionador. Circunscritos a lo que puede demostrarse, el primer poeta que nombra a Aben Humeya es el cordobés Juan Rufo, que asistió a la batalla de Lepanto y publicó La Austriada en 1584. En el canto II de su poema aparece el nombre de Aben Humeya, a quien Rufo llama osado forajido:</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Don Fernando de Válor se decía altivo mozo y 'de escabroso trato; mas nunca se entendió que subiría jamás a tal manera su trato.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">De los antiguos` reyes descendía que en Córdoba tuvieron reino grato; hacienda tuvo v renta moderada; también fue veinticuatro de Granada...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Leyendo la parte dedicada al conflicto granadino es evidente que Juan Rufo se inspiró en la obra de Diego Hurtado de Mendoza, que no aparecería hasta 1627.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">¿ Dónde está el misterio?. Es sencillo de resolver. El editor de la obra de Mendoza, Luis Tribaldos de Toledo habla en su introducción de una copia manuscrita que estaba en poder de un caballero que conoció en Lisboa.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Existen nueve manuscritos con traza de mucha antiguedad en el departamento correspondiente de la Biblioteca  Nacional. Uno de ellos, con letra    del siglo XVI, parece haberse medido con otros muchos, según se deduce de las enmiendas y aclaraciones marginales que en él abundan.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Resulta evidente el interés por lo narrado sobre la guerra que tanta expectación despertaría y que Hurtado de Mendoza dejó que se sacaran copias de su obra, abundantes, que corrieron de mano en mano. Una de ellas llegaría a Juan Rufo, famoso por sus incidentes juveniles y por su coba a Juan de Austria, a quien dedicaría La Austriada.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Hay más... cuando Rufo canta la muerte de Aben Humeya. alude a que una mujer fue su causa, prima y amante de Diego Alguacil, amigo y confidente de Aben Humeya, a quien el rey morisco se la quitó para incorporarla a su harén.... lo cual también pudo tomarlo de Mendoza.... pero es que Rufo la nombra, Zahara, y tal nombre únicamente lo utiliza Ginés Pérez de Hita, quien, seguramente. lo inventó...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">El enigma se resuelve: pudieron conocerse las crónicas sobre la guerra de los moriscos porque circulaban sus copias..Como ocurre en los estados absolutistas y dictatoriales, siempre se encuentran formas de que circulen las historias...</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>TODO CONTINÚA EN PURCHENA...</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">La situación actual de los Juegos Moriscos se inició cuando al Ayuntamiento de Purchena llegó una carta de un ciudadano de Málaga que aludía a que en Purchena se habían celebrado «alguna vez» unos Jue­gos Moriscos... La carta se ha traspapelado, pero a su autor le corresponde el honor de considerarse origen del interés de la ciudad encaminado a la evolución moderna de aquellos Juegos.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Enterado el Ayuntamiento de que en septiembre de 1569 el rey morisco Aben Humeya había convocado unos juegos populares que tuvieron lugar en su ciudad, decidió, sin demora, que era obligado recordarlos en una moderna edición, situada junto a las actividades recreativas que se producían dentro del marcado interés en reconsiderar la presencia cultural de Purchena.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Se organizó un ciclo de conferencias sobre Juegos Medievales en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense que tenían lugar en Purchena. Quizás se entendía entonces que cuanto tuviera relación con el desarrollo de aquel pasado se encuadraba en la supuesta España medieval... Pero todavía quedaba muy lejos la singularidad de los Juegos Moriscos, que, por cierto, nada tuvieron que ver con las mínimas actividades lúdicas (nunca de disciplinas deportivas) de la Edad Media. Persistía la incapacidad histórica de independizar una isla surgida en el corto mar de los escasos ejercicios físicos de la época elegida para el ciclo de conferencias. Además, pese a que la noticia que llegó por carta desde Málaga señalaba que de los Juegos Moriscos hacía alusión el escritor murciano Ginés Pérez de Hita, no se concibió cuánto podía significar que, concretamente, el cronista tratara de tema semejante en la sublevación de los moriscos contra Felipe II. El desconocimiento de la verdadera naturaleza de aquella rebelión, y la constante mistificación de una época singular, que ya se desgajaba del medioevo..., ha apartado en España las consideraciones que vinieran del mundo musulmán, así como su contribución indeleble al desarrollo de la cultura occidental.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">En este primer número de los «Cuadernos de los Juegos Moriscos» se publican algunas de aquellas conferencias. El interés del ciclo organizado y el prestigio de los conferenciantes supuso otra llamada de atención en el desarrollo cultural que por entonces había emprendido el Ayuntamiento de Purchena, y mostraba una inclinación que, encauzada debidamente, desembocaría después en el estudio pormenorizado de los Juegos Moriscos que convocó Aben Humeya en septiembre de 1569, base de su desarrollo actual.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>DE EJERCICIOS Y DIVERSIONES..., PERO NO DE DISCIPLINAS DEPORTIVAS</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">No es cuestión de concretar qué ejercicios, diversiones y juegos fueron tratados en aquellas conferencias, doblegadas bajo el peso constante de criterios exigidos sobre inexistencias de la «España» medieval... Pero será útil que nos refiramos, en general, a algunos de los que por entonces se practicaban, aunque sepamos que no eran de uso popular.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La diversión/ejercicio más apreciada fue la caza, consustancial al desarrollo del hombre. Se convirtió en el recreo favorito de los soberanos y de su corte. En las regiones boscosas de Sierra Morena los Omeyas practicaron la caza mayor. Se sabe que Abd al-Rahman II pasaba semanas acosando a los ciervos por aquellos montes, y que utilizaba el halcón en el valle del Guadalquivir para cazar en la zona de paso de las grullas; que Al Hakan I cazaba animales acuáticos...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La caza con halcón estuvo tan de moda en las cortes cristianas como en las musulmanas. El rey, Alfonso III de Portugal mantenía tres halconeros a su servicio. Después de la conquista de Fernando III de la cuenca baja del Guadalquivir, los castellanos imitaron a los musulmanes en los modos de esa modalidad de caza.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Según cuenta el infante D. Juan Manuel (Libro de la Caza, cap. XI), los señores castellanos adoptaron el halcón en vez de otra ave rapaz, el azor.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Los magnates de las taifas que sucedieron al Califato omeya persistieron en el ejercicio de la caza como diversión. Alguno hubo tan apasionado como el famoso al-Mutamid, de Sevilla, para quien el amor por la caza era una de las cualidades naturales de los hombres nobles. Los cronistas alabaron la pasión del nasrí Muhammad IV por la caza. En las pinturas del Partal de la Alhambra hay escenas de la caza del oso, reconociéndose en una de ellas a un oso pardo considerado entonces como un león. Exiliado, Boabdil se dedicó a la caza con azores en los campos de Dalías, durante el mes de diciembre de 1492. Ya en la Granada cristiana, en 1494 Jerónimo Münzer se quedó maravillado de la abundancia de caza mayor (osos, ciervos y gamos) en las montañas que dominaban la ciudad granadina. En la época de la rebelión de los moriscos, 1568, las manadas de jabalíes afluyeron a las regiones esteparias que rodeaban Guadix.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Pese a la pasión árabe por los caballos, el arte de la equitación no se difundió en la parte musulmana de la Península hasta el período de decadencia del Califato cordobés, cuando los inmigrados jinetes magrebies, especialmente de Ifriquiya, lo enseñaron. Los poetas dedicaron ardientes versos a tan maravilloso animal. La moda de las carreras de caballos fue posterior al siglo X. Los nasríes las convirtieron en espectáculo favorito del Reino de Granada. Muhammad IV fue un jinete consumado, buen conocedor de las capas y pelajes de los caballos. Los cronistas pusieron de relieve su habilidad para montar al galope a los purasangre.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Con los nasríes se difundió otro espectáculo popular en que también intervenían los caballos: la tabla. Fue el juego más ensalzado en la celebración de la circuncisión de un hijo de Muhammad V. El ejercicio, de competición, consistía en que los jinetes, dominando el galope de sus caballos, lanzaban con destreza unos palos sobre un blanco de madera.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Los granadinos también destacaron en torneos efectuados en campo cerrado, utilizando a los caballos. Desde su adolescencia, Muhammad V frecuentó las palestras y se midió con lanzas cortas con los jinetes más diestros. En las plazas públicas de Granada, especialmente en Bab al-Ramla, la Bibarrambla que da al paseo del Darro, y en la Puerta de los Ladrilleros, actualmente Carrera de la Virgen, y en la misma Alhambra, en la explanada llamada La Tabla, cerca de la Puerta de los Aljibes, llamada hoy Torre de los Siete Suelos..., se celebraban abundantes justas ecuestres. No fue raro que en los desafíos interviniesen caballeros cristianos. Durante el reinado del Abú al-Hasan, Diego Fernández de Córdoba, hijo mayor del conde de Cabra, retó a su enemigo Alonso de Aguilar en suelo granadino. El sultán se ofreció como mediador.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Fueron los musulmanes quienes extendieron el gusto por el juego de cañas, que practicaban con deleite, verdaderos expertos. Se sabe del éxito de una exhibición practicada por una embajada del Reino de Granada cerca de la corte de Juan II de Castilla. En tiempos de Muhammad VIII, una carta procedente de la corte nasrí, fechada el 30 de mayo de 1418 y dirigida a Alfonso V enumeraba entre los regalos destinados al rey aragonés un equipo para el juego de cañas. Este juego surgido en el Reino de Granada pronto fue copiado por los castellanos, que mostraron su destreza. Jerónimo Münzer asistió el 26 de octubre de 1494 a un juego de cañas. presidido por el conde de Tendilla, primer gobernador castellano de la Alhambra. Había convocado a los cien jinetes más diestros «en cierta explanada de más de cien­to treinta pasos de longitud que hay en la Alhambra destinada a este género de ejercicios. Divididos en dos cuadrillas comenzaron los unos a acometer a los contrarios con callas largas, agudas como lanzas; Otros, simulando una huída, cubríanse las espaldas con adargas v broqueles, persiguiendo a otros a su vez, y todos ellos montando a la jineta corceles tan vivos, tan veloces, tan dóciles al freno, que no creo que tengan rival. El juego es bastante peligroso, pero con este simulacro de batallas acostúmbranse los caballeros a no temer las lanzas de veras en la verdadera guerra. Después, con cañas más cortas, a modo de flechas, hicieron tiros tan certeros, como si se disparasen con ballesta o con lombarda. Nunca ví tan bizarro espectáculo...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Había entretenimientos de salón. Ningún juego de mesa igualó al ajedrez (sitrany), muy apreciado por los musulmanes a partir del siglo IX. Había sido introducido en Córdoba por el músico Ziryáb, o por algún otro emigrado iraquí. La corte leonesa lo adoptó muy pronto con toda la terminología de las normas del juego y de sus piezas. Se conservan dos peones de marfil, uno de 1067 y el otro, probablemente, de la misma época. En los tiempos de Alfonso X el ajedrez fue el pasatiempo favorito de los castellanos. El rey y su esposa Violante de Aragón, caballeros y damas, monjes y soldados, nobles y villanos, judíos y mudéjares, todos eran fervientes aficionados al ajedrez. Un romance de la época de Enrique IV de Castilla presenta a Fajardo el Murciano jugando al ajedrez con un rey de Granada, el rey moro. El letrado granadino del siglo XIV Muhammad b. Ahmad b. Qurtba al Ru'si, fue un famoso especialista en el juego, tenido por imbatible.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Los juegos de azar siempre estuvieron de moda, aunque prohibidos por la ley musulmana, ya que apartaban a los fieles del cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Todos jugaban a los dados (nard). En el siglo XII se practicaba en Sevilla una especie de juego de damas (qirq) en que solía apostarse mucho dinero.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>RESPUESTA A DESEOS Y PREGUNTAS FUNDAMENTALES</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">Faltaban dos premisas básicas referidas a los Juegos Moriscos convocados por Aben Humeya en septiembre de 1569: la comprobación y demostración de la singularidad histórica de los juegos narrados por Ginés Pérez de Hita (en la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada) y, esencialmente, la captación de que aquellos Juegos significaban un eslabón en la cadena del Olimpismo, eslabón perdido desde que la civilización grecorromana se quedó sin el movimiento olímpico, primero a causa de la prohibición del emperador Teodosio, y después por el silencio extendido con la llegada de los pueblos que habían cruzado el Danubio y fueron aposentándose en las tierras de Occidente, hasta apoderarse de ella,,.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Aquel ciclo universitario que tuvo lugar en Purchena puso en pie un deseo, y, posteriormente, una pregunta, esenciales. Deseo: conocer en su intensidad debida los juegos recogidos por Pérez de Hita... Pregunta: ¿de dónde v por qué venían aquellos juegos de la mano del rey morisco Aben Humeya?... A ellos se unía un planteamiento transcendente: ¿cual era la situación «deportiva» de la época estudiada, y, por tanto, de la península ibérica, y, por añadidura, del Occidente europeo?...; ¿qué entronque podían tener los juegos programados en la convocatoria de Aben Humeya con los habituales ejercicios físicos que se oficiaban entonces, así como con las pruebas «deportivas» de ellos derivadas...? ¿qué suponía la aparición de disciplinas desconocidas, más que olvidadas, en la convocatoria de unos juegos moriscos?...</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>DE OLIMPIA A PURCHENA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">El Ayuntamiento de Purchena, entonces regido por Luis Caparrós Mirón, con el aliento del constante amor por la cultura y la curiosidad histórica del secretario municipal. Manuel Lorente, pronto tuvo presente que aquel suceso suponía un descubrimiento importante para la ciudad, v que podría aprovecharse para el desarrollo turístico ambicionado. Ambos, junto a Juan Grima, convocaron una reunión en Las Menas de quienes estuvieran dispuestos a interesarse por el tema y trabajar sobre él.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Juan Grima, editor de libro de José Acosta Montoro. El  valle del  Almanzora durante el Islam, llevó a dicha reunión al escritor/ periodista que se había embarcado en el conocimiento y divulgación del mundo musulmán en la comarca del Almanzora. Acosta, inmediatamente, percibió que estaban ante un hecho histórico de capital importancia en la cultura europea, y que le correspondía a Purchena poner en pie no sólo su memoria, sino también la documentación precisa para que se enriqueciera el desarrollo de la herencia clásica que corresponde a Occidente, de cuya historia forman parte los Juegos Moriscos de Aben Humeya.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El recuerdo de aquella efemérides (por modesto que fuera y todavía no precisada en los detalles la investigación histórica emprendida), supuso un suceso destacado. La conmemoración de unos Juegos acompañados por diversos actos culturales fue acogida con tal entusiasmo y orgullo ciudadano que obligó a plantearse la inmediata realización de la investigación emprendida, a partir de la cual la conmemoración de los Juegos Moriscos de Aben Humeya pudiera acometerse con la responsabilidad que exigían, de acuerdo a las posibilidades de la ciudad de Purchena.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Acosta Montoro, el Alcalde Luis Caparrós y el secretario municipal Manuel Lorente, integraron el trío que se quedaba solo ante el futuro..., aunque pronto se les unirían personas de 1a ciudad del valle del Almanzora plenas de actividad y de amor hacia su pasado, como Manolo Sola Bernabé y sus compañeros. Todos, convencidos de la transcendental importancia histórica del suceso, se dispusieron a llevarlo hasta sus últimas consecuencias.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Para ello, en primer lugar, sería imprescindible que fueran publicados los datos desconocidos hasta entonces, sujetos a investigación formal, demostrados, lo cual supondría la difusión transnacional de la cultura, así como compartir y desarrollar a escala occidental el patrimonio de la cultura común. El suceso recogido por Pérez de Hita, y cuanto de sorprendente suponía el descubrimiento, se plasmó en el estudio de José Acosta Montoro, titulado De Olimpia a Purchena. El texto fue enviado al Comité Olímpico Internacional para que tuviera conocimiento de los hechos históricos acaecidos y obrara en consecuencia. La respuesta fue admirable como se comprueba por cuanto se contiene en el prólogo firmado por el presidente Juan Antonio Samaranch.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Fueron sus palabras de expreso reconocimiento las que proporcionaron máximo impulso, desde la suprema autoridad olímpica, para que los Juegos alcanzaran auténtica dimensión. Samaranch se percató desde el primer momento de que se trataba de rehacer un eslabón perdido de la cadena entre dicha (la cultura clásica griega) y el mundo moderno... Y llegó a más el presidente del Comité Olímpico Internacional: el estudio de los Juegos arroja nuevas luces sobre la historia del deporte e incluso podemos ir más lejos, sobre las posibles derivaciones de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El reconocimiento del Comité Olímpico Internacional supuso el espaldarazo contemporáneo a esta manifestación clásica que en 1569 rompió el profundo silencio que había caído sobre la soberbia herencia de los Juegos de Olimpia desde su prohibición por el emperador Teodosio, y, sobre todo, por el olvido a que les sometieron las llegadas de pueblos bárbaros que sustituían a la cultura clásica por los modos de hacer de galos, godos y visigodos cristianizados...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">No cayó en el vacío la transcendental apreciación del Comité Olímpico Internacional. La publicación del libro fue inminente. Para el Ayuntamiento de Purchena supuso el punto original propulsor de que en todas las dimensiones se diera la importancia debida al contenido de la relación del escritor renacentista Ginés Pérez de Hita, y a cuanto pusiera de evidencia las raíces de las manifestaciones de los juegos narrados por el historiador murciano, y el contexto en que se celebraron.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Apoyadas en el texto, las palabras del presidente del Comité Olímpico Internacional constituyeron la nueva magnitud que necesitaba el recuerdo de los Juegos de Aben Humeya. Tan terminante decisión impulsó al Ayuntamiento de Purchena a promocionarlos en aras de la reconstrucción histórica y de la ilusión de un pueblo que recobraba parte de su formidable pasado, sobre la extensión de las nuevas luces que aportan a la civilización cultura, arte y deporte, todo ello perteneciente a Andalucía y a España. Incluso se tuvo en cuenta que, sobre las posibles derivaciones de los Juegos de Aben Humeya y su entronque con los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, podía promoverse el diálogo y el intercambio mutuo entre las culturas europeas y no europeas, tendiéndose lazos entre las dos orillas del Mediterráneo a través de un manifiesto de Paz y de Tolerancia redactado para la ocasión, y que, desde entonces, recibe adhesiones populares y de gran número de personalidades de todos los campos de la vida social, política y cultural.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>LA ACTUALIDAD</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">La aparición de «Cuadernos de los Juegos Moriscos», presta la ocasión de que se muestren las superiores razones del éxito alcanzado por los Juegos de Purchena. Junto a su nacimiento aludido, deben recogerse los fundamentales puntos de apoyo en que se basó la concepción moderna de los Juegos de Aben Humeya. El primero de ellos, por su transcendental importancia, se elevó cuando de los Juegos, y de los trabajos de investigación realizados sobre ellos, tuvo conocimiento el Comité Olímpico Internacional. El prólogo a la primera edición de De Olimpia u Purchena fue firmado en Lausanne en 1997. Desde entonces, los Juegos no han hecho sino crecer de forma rotunda, espectáculo de expresión popular, para constituirse en Fiesta de Interés Turístico, y prepararse para la puesta en pie del pabellón que acoja a la «Ciudad de los Juegos»...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Sobre la urdimbre tejida por la investigación histórica que ofrecía el libro y el texto del prólogo redactado por el presidente del Comité Olímpico Internacional, Purchena puso empeño en que creciera la propagación europea de la similitud existente entre las fiestas pruebas de Aben Humeya y los valores del Olimpismo con lo cual la cooperación de una pequeña ciudad se propagaba hacia pueblos europeos y no europeos. Fieles a las precisas expresiones de Juan Antonio Samaranch, si el Olimpismo supone unión del Deporte  y la Cultura, y su cultivo fomenta el desarrollo armónico del individuo y la relación entre los pueblos, Purchena y sus representantes entendieron como ineludible obli­gación que la ciudad persistiese en el anhelo de arrojar nuevas luces sobre el desarrollo legendario del Deporte en la parte que la Historia le había concedido, cuando Purchena fue sede de los intentos renovadores de Aben Humeya, dedicados a rescatar la cultura islámica heredada de sus mayores, una cultura que a través de la península ibérica volvió a incorporarse al acervo de Occidente.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La convocatoria de los Juegos Moriscos de 1996 supuso otro gigantesco paso adelante, pues ya se contemplaba el evidente origen olímpico. La organización:-procuró respaldar los Juegos deportivos (a los que hasta, entonces no se les había dado el principal protagonismo debido) con otras manifestaciones culturales, especial mente de música y danza, tal y como se produjeron en 1569, y dentro del más correcto entendimiento de la cultura olímpica, reflejo de la civilización europea. Todo se uniría en la convocatoria y desarrollo de los Juegos y más con sus contribuciones innovadoras y experimentales, que tal serían su escenificación; los conciertos de música andalusí, mudéjar, mozárabe y sefardita, con uso de instrumentos autóctonos e históricos; la idea de poner en pie un Zoco Artesanal; el propósito de convocar los Concursos de Gastronomía y de Recuperación de la cocina andalusí y sus aportaciones a la cocina europea...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Fue el momento de afianzar la decisión de persistencia en la investigación histórica básica, y de dar comienzo a la preparación de la Escenografía que presentase a los Juegos tal y como tuvieron lugar en 1569, y en el mismo sitio, sobre la adaptación que se iba a redactar de acuerdo con el texto de Ginés Pérez de Hita. La convocatoria de 1997 constituyó un creciente éxito artístico, mediático y popular sobre el camino adecuado para conseguir que fuese una realidad el propósito de establecer los Juegos Moriscos de Aben Humeya como una institución de celebración anual, sobre la escenificación que recordara en todo punto a los Juegos celebrados en 1569, rescatada del pasado una herencia que pertenece a la civilización europea.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Movidos por ése ánimo y sobre los rieles cada vez mejor trazados, se convocaron los Juegos de 1998, Cuartos Juegos Moriscos de Aben Humeya, asistidos por la creciente ayuda economica que recibían. Se puso en pie la escenificación de dichas fiestas a través del respeto que merece el texto que Ginés Pérez de Hita dejó en la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada, dándole prioridad al desarrollo deportivo y artístico... Se tomó la decisión de que las familias de Purchena aquirieran el derecho hereditario de que sus representantes protagonicen los papeles de la escenificación... Se persistió en el deseo de aportar estudios profundos y básicos de la época en que fueron convocados los Juegos por Aben Humeya, y de ahí la biografía de Aben Humeya, rey de los moriscos (1998), editada en colaboración con el Instituto de Estudios Almerienses, seguida por Hisn Burxana. Apuntes para una historia del Castillo de Purchena (1999).</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>LA BANDERA OLÍMPICA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">El 27 de julio de 1999 el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, recibió en su sede de Lausanne a la Comisión representativa de los Juegos de Aben Humeya, integrados en ella miembros de la Junta de Andalucía y de la Diputación de Almería, como nueva prueba de su pleno apoyo a los Juegos en su correcta dimensión y autenticidad. Sabido es que únicamente son sedes olímpicas aquellas ciudades donde se han celebrado Juegos Olímpicos, y Lausanne, por ser residencia del Comité Internacional..., pero el presidente, en recuerdo y constancia de que la efemérides puesta en pie por los Juegos que convocó Aben Humeya en Purchena en 1569, un eslabón histórico con pruebas y ejercicios olímpicos, tuvo a bien conceder la bandera olímpica a la ciudad de Purchena, bandera que él mismo entregó a Luis Caparrós Mirón, entonces alcalde de la ciudad del valle del Almanzora, ahora sucedido por José Juan Cano Torres, quien ha tomado el relevo en la gestión de los Juegos con máximo ímpetu, responsable de la edificación del pabellón que los acoja... La bandera supone el privilegio que tiene Purchena para ondearla, así como para utilizar su simbología y la de los aros olímpicos, ya dentro del desarrollo de la cultura olímpica. La bandera presidió los Quintos Juegos Moriscos de Aben Humeya, como presidió los siguientes y como presidirá los que se sucedan...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">En la Biblioteca Olímpica de Lausanne se alinean los estudios históricos publicados por Purchena, y entre los objetos de extraordinario valor que almacena el Comité Olímpico en su Museo de Lausanne figura el original de la artística copa que fue traída por el representante del Comité Olímpico, doña Carmen Éberenz, que asistió en Purchena al desarrollo y clausura de la Quinta Edición de los Juegos. Dicha copa figura, junto a la bandera olímpica, en el Museo de la ciudad de Purchena, obsequio del Comité a la sede de los Juegos de Aben Humeya, hito histórico en el desarrollo de la civilización de los pueblos de Europa.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Después de los Quintos Juegos, y dado su éxito popular y mediático, y su conocimiento cada vez mayor en todos los ámbitos, la Junta de Andalucía los declaró de Interés Turístico, con la aportación que ello supone a la contribución de la cultura y al desarrollo socioeconómico.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La sexta edición se vio incorporada al incremento turístico que se recoge en el folleto 52 semanas y media que edita la Junta de Andalucía a través de la Consejería de Turismo y Deporte, y que reza así, bajo el epígrafe El eslabón perdido. Purchena. Los Juegos Moriscos de Aben Humeya: «Corría el siglo XVI cuando Purchena, noble villa extendida a !os pies de la .sierra de los Filabres, se convirtió en abanderada de la convivencia entre distintas culturas gracias a la recuperación de los Juegos Moriscos de Aben Humea, Juegos que han despertado el interés del Comité Olímpico Internacional que los definió corno «el eslabón perdido de /a cadena entre los Juegos olímpicos de 1a Antigüedad y el mundo moderno" Durante cinco días este pueblo recupera el aire y e! espíritu de 1569 y en las calles se pueden observar la lucha entre bravos mozos, e! levantamiento de peso, las carreras de velocidad, el tiro con arco o el lanzamiento de cantos. Además de estos juegos, todos los días hay  una representación teatral de los juegos; un sabrosísimo concurso gastronómico; actuaciones musicales con grupos de música andalusí, mudéjar y sefardita v un maravilloso mercado medieval en que se pueden encontrar las más variadas y bellas piezas artesanales.</p>
<p style="margin-bottom:0;">El tema de los Juegos Moriscos sigue de moda y más ha de estarlo... Si un día se abordó por la necesidad de poner en pie un hecho histórico de transcendencia occidental, hoy se aborda con la obligación de basar consistentemente sus argumentos, sin concesión a frivolidad alguna, y dentro del tremendo respeto que merece la reivindicación de una época tan mal conocida y tergiversada de la Historia de España, en días en que la Tolerancia puede ser ley mayor, y en que hasta los más altos estamentos del Estado han proclamado la injusticia y el descalabro que supuso la expulsión de judíos y moriscos...</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[GINÉS PÉREZ DE HITA Y LAS FIESTAS MORISCAS DE PURCHENA]]></title>
<link>http://identidadandaluza.wordpress.com/?p=4993</link>
<pubDate>Sun, 24 Aug 2008 09:40:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>identidadandaluza</dc:creator>
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<description><![CDATA[Juegos Moriscos 2008/Foto: Pako Manzano
Juan Guirao García*
A finales de 1597, en la ciudad de Mur]]></description>
<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_5005" align="alignleft" width="282" caption="Juegos Moriscos 2008/Foto: Pako Manzano"]<img class="size-full wp-image-5005" src="http://identidadandaluza.wordpress.com/files/2008/08/juegos_moriscos_1083_redimensionar.jpg" alt="Pako Manzano" width="282" height="188" />[/caption]
<p><strong>Juan Guirao García*</strong></p>
<p>A finales de 1597, en la ciudad de Murcia, daba por finalizada Pérez de Hita la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada; un largo cuarto de siglo ha transcurrido desde la conclusión de aquella fratricida y crudelísima contienda que durante tres años enfrentó a españoles contra españoles infundida por la intransigencia, los prejuicios, la intolerancia. Ginés Pérez ha escrito durante este tiempo una crónica fundamentada en la fuerza y el valor de su propia verdad y casi siempre en cuanto había presenciado o lo mucho que había conocido por boca de sus propios derrotados en tanta destrucción lamentable. <!--more-->Tardíamente impreso, fue libro de poco éxito. Todavía hoy es obra no suficientemente vindicada pese a clarificadores o sugerentes estudios (1) y precisaría del que abarcara su total análisis que aún infortunadamente carecemos. Tal parece como si un fatal sino, un anaké desdichado persiguiera por siempre la sobra de su autor, tan menospreciado por la indiferencia y el silencio de sus contemporáneos (2) Un conocido investigador moderno la califica con toda justicia como «historia novelada de mediana calidad». A este aserto tan poco benevolente nos acogemos a las palabras de un notable conocedor de los valores de esta obra Manuel Alvar que nos dice: Frente a la objetividad de un hombre de ciencia, tan rara en un hombre y tan escasa en un hombre de ciencia, Ginés Pérez de Hita se dejó ganar por el bando vencido, y sentir piedad por los derrotados, en aquellos tiempos y después de los amargos días de la milicia, no es la peor creden­cial con que el narrador murciano se puede presentar a  nuestra sensibilidad de hombres del siglo XX.</p>
<p style="margin-bottom:0;">En el capítulo XIV de este libro el más extenso de los veinticinco que lo componen, con treinta y ocho páginas(3)  Ginés Pérez de Hita describe unas fiestas celebradas en Purchena con la participación de moriscos y turcos que realizan diversas pruebas de fuerza y destreza. Tras el frustrado cerco de Vera (23/25 de septiembre de 1569) por el socorro venido de Lorca y Murcia, Aben Humeya saquea parcialmente la villa de Cuevas destruyendo la hermosa hueta con jardines y estanques que allí tenía el marqués de los Vélez «todo guardado con curiosidad de mucho tiempo para recreación» como nos dice Hurtado de Mendoza, venganza, por cierto, de «fino moro» que sabía el aprecio que D. Luis Fajardo tenía por aquel deleitoso lugar (4). Se retira el Reyecillo Fernando de Válor Muley a la segura Purchena y allí decide se realicen en la ancha y grande plaza «para alegrar a sus gentes y todo su campo» doce juegos entre los que destacan, a tenor de los premios prometidos, las competiciones de lucha, carreras, saltos y levantamiento de peso. La crítica no ha aceptado la historicidad de estas contiendas lúdicas, tan prolijamente descritas por nuestro autor, negando crédito a lo narrado, aun considerando la posibilidad de lo verosímil que subyace en todas ellas. Nuestro intento ahora no es otro que el de volver la mirada a este texto examinando algunos de sus extremos que, por su carácter de aparente ficción, pueden aportar una perspectiva distintas a las celebraciones festivas de los moriscos en el período estudiado.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Son parcas las noticias que de sus juegos y divertimentos nos restan. La más conocida y quizás sólo referida a los del Reino de Aragón es la de Pedro Aznar Cardona (5), tan pintoresca como despreciativa: «Eran muy amigos de burlerías, cuentos, berlandinas y sobre todo amicissimos (y así tenían comunmente gaytas, sonajas, adufes) de baylas, danças solaces, cantarzillos, alvadas, paseos de huertas y fuentes, y de todos los entretenimientos bestiales en que con descompuesto bullicio y gritería, suelen y los moços villanos, vozinglando por las calles. Vanagloriavanse de baylones, jugadores de pelota y estornija, tiradores de bola y del canto, y corredores de toros, y de otros hechos semejantes de gañanes». Visión parcial y degradante de quien, como tantos otros de sus contemporáneos, nunca com­prendió por sus fobias de cristiano viejo rancioso la diferenciación de otra cultura, de otros hábitos y costumbres.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La primera de las pruebas que Pérez de Hita nos describe de las fiestas de Purchena es la de la lucha entre cualificados capitanes turcos y moriscos Caracacha y el Maleh, Mamiaga y el Jorayque, rotunda de agresividad y fiereza. Los protagonistas, desnudos, inician su pugilato cortésmente saludándose con las derechas manos. El turco ha ungido su cuerpo con aceite para dificultar las presas. El primer combate se concierta a las tres caídas. Sigamos con las propias palabras de Pérez de Hita: A una los dos bravos competidores asieron de las molledis de los braços, con tanta fortaleza en las manos como si fueran unas fortíssimas tenazas, y assí comenzaron a tentarse las duras fuerças el uno al, otro, llevándose a todas partes; unas veces atrás, otras adelante, otras al rededor, assí como si fueran javalís o dos  fórtíssimos toros llenos de rabiosos celos. La presa que hizo el Africano a1 valeroso Español era de más eficacia y fortaleza, respecto que la que hizo el Español fue sobre el aceyte de que el Turco venía untado, y la presa acerca desto no era firme ni fija, porque se le desvaravan las manos a todas partes; y la presa que el turco hizo, como la carnes del Español estaban limpias y enjutas, llenas de vello, lo llevaba como quería a su voluntad. Lo cual sintiendo el bravo Maleh determinó con presteza de remediar aquel daño que le desfavorecía, y para esto dio una gran sacudida a una parte, de tal suerte que aun con gran dificultad le hizo perder la pressa al Africano, la qual tenía con tal fortaleza hecha que al desassir las manos las duras uñas llevaron los pellejos hazia adelante, dexando bañados de sangre los lugares do se avían aférrado.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Y continúa relatando con verismo sobrecogedor todo el largo proceso de la lucha; Sería cosa de ver aquel hijadear y aquel dar bufidos, cobrando nuevos alientos, la espuma que les salía por la boca, 1a grande sudor que brotava de sus cuerpos, de tal forma que les era necesario buscar nuevas presas por no perder la victoria; muchas veces, por- no perder la presa hecha hincavan las duras uñas de tal manera que por muchas partes saltava de las uñaradas la sangre viva.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Algo más tarde uno de los protagonistas comentará que «el valor de los hombres no se avía de mostrar en lucha, porque era exercicio de brutos salvajes, sino con las armas».</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Estamos ante un juego salvaje, de bárbaro encarnizamiento, casi de brutalidad, no conocido tal vez en la narrativa española hasta entonces. Lo que presenciamos por las palabras de Pérez de Hita no son sino fases muy cercanas a la primitiva lucha turca «yagli». El «yagli» continúa celebrándose cíclicamente en la isla de Sarayici o Kikpinar, junto a la ciudad de Edirne, como deporte nacional aunque bastante alterado desde la revolucionaria época de Mustafá Kemal hace setenta años. En territorio Hispano sólo otro tipo de similar lucha ocurría en las lejanas islas de Canarias, descrita por cronistas del XV y XVI, y más largamente explayadas por el poeta lagunero Antonio de Viana en su Conquista de Tenerife, dada a la imprenta en Sevilla año de 1604 (6). Pero el tema de pugilatos de parecida índole no era novedoso en la producción literaria de nuestro Ginés Pérez de Hita. Un año antes de que concluyera la segunda parte de sus Guerras Civiles daba por finalizado su larguísimo cuan insufrible poemario de Los diez y siete libros de Dares del Belo Troyano. Allí, aunque con más suaves desarrollo en la plasticidad escultórica de los luchadores, describe el efectuado entre Paris y Hector (7) :</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Que ya los dos varones se abrasavan</p>
<p style="margin-bottom:0;">con ímpetu tan bravo orrible y fiero</p>
<p style="margin-bottom:0;">como quando dos toros se acometen...</p>
<p style="margin-bottom:0;">así de esta manera los varones</p>
<p style="margin-bottom:0;">andavan en la lucha peligrosa</p>
<p style="margin-bottom:0;">poniendo cada qual todas sus fuerzas</p>
<p style="margin-bottom:0;">por dar a su contrario gran cayda</p>
<p style="margin-bottom:0;">armando cada qual estrañas tretas</p>
<p style="margin-bottom:0;">con traveçar de pies y çancadillas</p>
<p style="margin-bottom:0;">mas Hector que la flor del mundo era</p>
<p style="margin-bottom:0;">y de la lucha diestro a maravilla</p>
<p style="margin-bottom:0;">tomó a Paris por medio la çintura</p>
<p style="margin-bottom:0;">y con inmensa fuerza levantole</p>
<p style="margin-bottom:0;">de el suelo y firmemente puesto en alto</p>
<p style="margin-bottom:0;">pretende de abatirlo por la tierra</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Dejando los olímpicos juegos perezhitescos vamos a los de Purchena. ¿Por qué estas luchas?, ¿pudieron darse como las cuenta el autor? ¿son, como se ha insinuado por algunos estudiosos de Pérez una exaltación viril de 1a españolidad de lo morisco frente a lo turquesco y extranjerizante? ¿Acaso un estilema más de los que tanto gusta Ginés Pérez con esa inamovible fijación por cuanto supone cualquier reto descriptivo de lo lúdico?</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La vigorosa tensión del relato donde bravosidad palpitante, el nervio y color del mutuo ardimento de los púgiles en un combate donde el tiempo  parece eternizarse, nos hace volver los ojos hacia un tópico, tan manido como español, en el que insiste reiteradamente Pérez de Hita con una imagen taurina: se acometían embistiéndose como dos fuertes y furiosos toros. Dice Ortega que «la furia en el hombre es un estado anormal que le deshumaniza y con frecuencia suspende su facultad de percatarse. Mas en el toro no es un estado anormal, sino su condición más su condición más constitutiva en que llega al grado máximo de sus potencias vitales”(8). Como en tantos otros episodios de la segunda parte de «Guerras Civiles» un sombrío viento de aguafuerte  goyesco nos insinúa el acercamiento a una reflexión que podía explicar alguna clave de este capitulo donde el latido de la guerra cercana continúa palpitando sordamente en su mismo fondo: lo primario de la condición humana cuando la irrefrenable necesidad de supervivencia ganar o morir, aún a costa del ejercicio de la saña y la crueldad, nos arrebata de todo signo consciente.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">En cuanto a la posibilidad de que estos desafíos pugilísticos se llevaran a cabo en fiestas moriscas de Purchena cabría estimarse dentro de lo probable, considerando algunas circunstancias que enumero sucintamente. No se corren toros ni hay juegos de caña por la ausencia de caballos para tal efecto. Mas aunque los hubiera, los aliados turcos no habrían intervenido en tales ejercicios porque como asevera  Andrés Laguna Cristóbal de Villalón o quien fuese el autor de Viaje a Turquía, «no justan ni tornean porque no usan lanza en cuja». Y si como reitera Diego de Haedo(9) en su Topografía, «ni justan, ni tornean, ni esgrimen ni juegan…” difícil o imposible es su participación en este tipo de ejercicios ecuestres. El turco solo cabalga bien y largo la estradiota que no constan otras habilidades en su monta a caballo. Por otra parte estas pruebas de fuerza son como ya mencionamos antes ejemplarizando el caso del «yagli» sospechosas de origen asiático, quizás egipcio o norteafricano. Nos apoyamos  perdóneseme la disgresión en otro juego de parecido origen que se celebraba anualmente en la zona cartagenera de san Ginés durante el siglo XVII. En la festividad de san Ginés de la Jara acudían, desde todos los lugares de la región murciana, los esclavos berberiscos a su Santuario cercano al Mar Menor para celebrar la fiesta del 25 de agosto. Tenían la creencia de que el venerable eremita, de increíble hagiografía, fue «morabito» (10) y aun «pariente de Mahoma» Dice el autor que nos describe estos juegos, Campillo de Baayle (12), que venían de diferentes partes esclavos moros, tan contentos, como si allí tuviesen su libertad... Por diferentes ranchos manifestaron sus contentos; Juegos hazían desvariados; que el movimiento del regocijo no tiene juizio asentado. Al son de pesados tambores, con ligeros movintientos, se ponían como en una rueda, y buscaba la de su fortuna los dos mas alentados, que saliendo en medio, como en palestra de su desafío, reñían, sin venir a las manos; porque bestialmente con los pies se davan tan terribles golpes, que el que por descuydo, o por menos de valer no resistía, a los pies del otro, tendido en el suelo quedava lastimado, y el grito de los demás levantaba el aplauso de la victoria del vencedor.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">A las pruebas de lucha en las fiestas de Purchena suceden otras en los que no me extenderé «por evitar prolijidad» que diría el mismo Pérez, haciendo tan solo una síntesis. Levantamiento de ladrillos con una sola mano. Interviene primero Abenayx, cuyo gallardo escuadrón que le acompaña sostenía una rica bandera «en la cual llevaba pintado el Castillo de Cantoria» (bandera que, por cierto, todavía se conserva en el Ayuntamiento de Lorca procedente de la victoria del 12 de noviembre de 1569, cuando las jornadas en socorro a la población de Oria, acción bélica del Corral de Arboleas y ataque final a Cantoria, a las que asistió como soldado Pérez de Hita, según la relación muy probable de su mano, dado el peculiar estilo, que se intitula Libro de Batallas del que existe copia). Seguidamente lo intentan el capitán Caracacha, Puertocarrero, el Maleh, Zarrea, el Gorri, el Derri, Gironcillo. Abonvayle, y Alrrocayme que resulta vencedor al levantar hasta treinta ladrillos que pesaron noventa libras (41,4 Kgr.). A la prueba de sostenimiento de la piedra de mármol acuden catorce capitanes: vencedor Abonvayle. En cuanto a la de quien «más saltase de tres saltos» es Gironcillo, «que era suelto como un pensamiento» el que alcanza el premio al lograr en su triple salto cincuenta pies (13,90 mts); antes el grave y sabio el Havaquí conseguía la no despreciable marca de treinta y nueve pies (10,84 mts). Prosiguen las pruebas atléticas de la carrera de media legua (2.800 mts) con más de cien participantes; del tiro del canto de media arroba (5.75 Kgr) que gana Mostafá, soldado turco; la de tiradores de honda que obtiene Alclayar, moro mancebo de Ohanez...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Si la fiesta «es la intensificación de la vida en breve espacio de tiempo» como nos dice Uwe Schultz lo narrado de estos juegos conlleva, en su imponente desmesura, todo el fulgor restallante y arrebatado de una excepcional hipérbole de eclosión. Un proceso fuertemente imaginativo que desemboca en la reelaboración artística de algo sucedido que quizás transmitiera al autor muy posteriormente un morisco espectador del evento. No entraré en la muy bella parte final de las fiestas moriscas las danzas y canciones, los romances y tangias, la sentimentalidad sonora en el recuerdo de las ausencias tan posibles. Ni en este final trágico, premonitorio como una profecía irremediable, tan fatalmente arabizante, de la muerte de la huérfana de el Deyre, venida a Purchena a decir su última canción. Hay acontecimientos que Pérez de Hita eleva «a categoría estética por un designio de idealización. Por eso, la realidad se ve embellecida con una niebla dorada de leyenda. Por tal causa la narración histórica se reviste con una tenue capa anovelada... Pero la historia continúa latiendo en el fondo» (13)</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>LAS OTRAS FIESTAS DE PÉREZ DE HITA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">E1 día del Corpus de 1564 representa en Lorca una «invención». Es el primer dato que conocemos de su actividad como hombre dedicado a los menesteres de crear o colaborar en fiestas de las tres principales ciudades murcianas. La organización del Corpus codificada «ad exemplum» como una diorama ambulante, con secuencias alternativas de lo profano y lo religioso, precisa de hombres con inventiva para fabricar tramoyas y villancicos, que sepan de pequeños y modestos prodigios suficientes para un ingenuo «engaño de los ojos», la exaltación gozosa mediante pantomimas mu­sicales bien atemperadas o grotescas. Pérez de Hita participará, durante más de treinta años, en muchas de estas festividades solemnes con autos, invenciones, misterios, danzas. El Corpus con su octava es fiesta grande en la Lorca del siglo XVI. El gasto medio anual que el Concejo dedica a su organización se aproxima a los trescientos ducados, cantidad bien estimable para una ciudad que no alcanzaba por entonces las nueve mil almas. En el Corpus Lorquino como en tantos lugares de nuestra geografía de alguna importancia- se da la plena alegría aturdidora de toda una mixtura de elementos convencionales que regocijan, sorprenden y elevan el ánimo desde el deleite sensorial (la quema de incienso. estoraque y menjuí; la picante música de las dulzainas i hasta la admiración. Las danzas de gitanas y gitanos vuelan desde la larga maroma ante el estupor de los presentes, los que salen en zancos y con hábitos disfrazados, gigantes y demonios, diablillos impertinentes que bailan al son de gaitas o de guitarras... Pérez de Hita dirigirá danzas e invenciones tanto en Lorca como en Murcia y Cartagena (14) .</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Pero la gran fiesta de Pérez de Hita que más tarde repite incansable cada y cuando es solicitado es la que prepara en Lorca con motivo del nacimiento del Príncipe Fernando y que se celebrará en enero de 1572 (15).</p>
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<p style="margin-bottom:0;"> Pasados los años, aunque no por entero, la incorporará literariamente, con los más ricos matices de su fantasía, al capítulo décimo de la primera parte de sus «Guerras Civiles». Los desafíos de doce ventureros en un paso honroso ante el carro triunfal de Venus y Cupido; la libertad del rey Alibarte por el esforzado Esplandián «de la verde espada» preso en castillo entre espantables jayanes y demonios en el que aparece el mismo Pérez en rol de perverso mago con abundancia de fuegos y atronadores sonidos; la galera de altas velas que parece navegar por la plaza con remeros vestidos de armilla y bonetes, vuelven a entusiasmar toda vez que nuestro autor la teatraliza en sucesivos años. La repetición del mismo esquema castillo, galera, sierpe, mago, caballeros que juegan alcancías no cansa ni a regidores ni al público anónimo pese a la levedad argumental y los sabidos efectos escenográficos.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Caso aparte -igualmente en las fiestas supradichas de 1572- es la dedicada a «moros y cristianos» que adquiere aspectos de otro interés al incorporar, de algún modo a la misma, el coprotagonismo del reciente pueblo vencido. La breve escena del zalá y el «moro santo» (15) pondría un amargo rictus en el semblante a los posibles espectadores moriscos. En un censo de 1571 se cuantifica el número de los que vivían en Lorca por aquellas fecha: ochocientos noventa y seis, entre emigrados y esclavos, casi el diez por ciento de la población. Pasado el tiempo estos mismos moriscos, en su afán de integración, intervendrán con su danzas en las procesiones del Corpus. Son otros tiempos e intentarán, sin fruto, con la protección del rico mercader Luis de Luna Albuhazen obtener su propia cofradía bajo la significativa advocación de Nuestra Señora de la Paz «para hacer cada Martes Santo procesión en memoria de la prisión de Cristo».</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>LAS FIESTAS QUE VIO PÉREZ DE HITA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">Toros, peropalo, juegos de cañas, sortija y alcancías, alardes, encamisadas, comedias presenció en Lorca por la documentación coetánea que subsiste Ginés Pérez de Hita. Las corridas de toros se celebraban puntualísimamente los días de san Juan, Santiago, y Vírgenes de Agosto y Septiembre con astados procedentes de vaquerías de Huércal, Orce, Alhama y hasta de la lejana Baza. Pérez de Hita, brillante narrador de lides taurinas en el capítulo XII de la primera «Guerras Civiles», sería espectador atento a  estas fiestas tantas veces demandadas por un pueblo , sus reveses y dificultades con un espectáculo  de riesgo entre la suerte y la muerte.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">En la lidia de toros (de los que viejos  documentos nos aportan sus nombres »Cermeño»,  «Berenguel», «Savoyano», «Francisquillo»...y sus costes) aparece, como igual sucede en los  juegos de caña, la  presencia musical de la «zambra». Se deduce por cuan­to detallan las relaciones de gastos del Concejo, que eran pequeñas agrupaciones musicales compuestas por cristianos nuevos de modo que interpretarían sus sones  festivos ya habituales en celebraciones de sus bodas. En  1524, primera aparición documental de zambreros, con motivos de las alegrías de la elección de Papa, se pagan ocho reales a «los moriscos (sic) que vinieron con unas çambras". No se dice de donde eran. Más adelante sabremos que en ocasiones provenían de los pequeños núcleos de Antas y Albatera, íntegramente mudéjares. En Antas procedían de la vecina Vera tras su expulsión a finales del XV; en Albatera, cerca de Orihuela en 1597 doscientos treinta y tres vecinos y ninguno era ­cristiano viejo (18). La zambra, nos dice Covar­rubias en su «Tesoro de la lengua castellana» es «danca morisca;  vale tanto como música de soplo o silvo porque al son de dulçainas y flautas». Nos inclinamos porque en las de Lorca solo se tañía la música pero no se efectuaba baile alguno.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Igualmente, eran llamados los zambreros para el recibimiento de personalidades a su  paso por la ciudad (19) acompañando con su alegre sonido los marciales alardes que en forma de «moros y cristianos» ejecutaban dos compañías de soldados arcabuceros.  Hita asistirá a otras fiestas como las de San Millán, San Roque o San Nicolás la escogida por estudiantes de latinidad en donde las artes de fuego, cohetes y luminarias «hacen de la noche claro día”.Nacimientos reales (20), paces entre Reyes cristianos, cesación de epidemias, victorias militares... serán  ocasiones propicias para esa «moratoria de la cotidianidad” como llama Marquard a la alternativa alejadora de lo rutinario que es siempre la fiesta.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>A MODO DE EPÍLOGO</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">Ginés Pérez de Hita ha contemplado desde la madura atalaya de su vida los episodios festivos de Purchena aferrándose axialmente a un concepto propio, no siempre estable, que bordea la dicotomía entre verdad humana y verdad histórica. No falseará lo sustancial de aquel relato transmitido, sin duda, por un morisco. Cuanto aquella fuente informadora pudo comunicarle aparecerá puntualmente escrito en su libro, pero su imaginativa y el abundoso conocimiento de las identidades de aquella étnia oprimida se engarzarán al nudo de lo poético, reelaborando artísticamente las luchas y tradiciones de los juegos purcheneros en asunción y hermanamiento con lo literario. Su desarrollado marinerismo la suntuosidad de lo accesorio y ornamental ocupando el primer plano para sorprender o maravillar al lector dificulta en ocasiones, por su carga apologética, lo creíble de algunos de sus extremos. No nos importa si así fuera. Estas páginas de Pérez de Hita que hemos intentado débilmente resumir serán perdurables para quienes como en el verso de Keats crean cor­dial, vivamente, que algo bello es una alegría para siem­pre.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>NOTAS</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">(1) Carrasco Urgoiti, M`' S.: Peri f  del pueblo morisco según Pérez de Hita (Notas sobre «Segunda parte de Guerras Civiles de Granada», en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares XXXVI (1981). De la misma autora: La cultura popular de Ginés Pérez de Hita, igualmente en R.D.T.P. XXXIII  (1977) y «The Moonsh Novel. «El Abencerraje and Pérez de Hita», Twane Publish a Division of G.K. Hall &#38; Co, Boston, 1976.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(2) Escasísimos son los comentarios de ambas partes de «Guerras Civiles». El granadino Henríquez de Jorquera lo cita como «libro entretenido» y a su autor como «ingenioso». Mucho más severo con Pérez de Hita es el Dr. Alonso Cano y Urretas que en la dedicatoria de sus Días de jardín, Madrid, 1619, le tacha de parcial en lo referente a su visión sobre el segundo Marqués de los Vélez, con estas agrias palabras: «Fue capitán general en el levantamiento de Granada, y si la pluma que tomó a su cuenta esta historia dexadas otras que le faltaron tuviera dos condiciones de verdad y libertad no le obligara, o la ignorancia, o la pasión, o ambas juntas, a dexir invenciones, y acallar publicidades». La alusión de Cervantes en su «Viaje al Parnaso», dirigida al «zapatero de obra prima» parece indudable se refiera a Pérez de Hita.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(3) Utilizo la versión de paula Blanchard-Demouge, Madrid, Baylle­Balliere, 1915,. Para las fiestas de Purchcna, capítulo XIV, pp. 153­1</p>
<p style="margin-bottom:0;">(4) Marañón, G.: Los tres Vélez, Madrid, Espasa Calpe, 1962, pp. 108-109.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(5) Aznar Cardona, P.: Eapulsión justificada de los moriscos españoles y suma de las excelencias cristianas de nuestro rey don Felipe Tercero de este nombre, Huesca, 1612. Cito por García Arenal, M.: Los Moriscos, Madrid, Editora Nacional, pp. 231-232.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(6) Nacido en 1578 en La Laguna (Tenerife) su poema Antigüedades de las islas Fortunadas y Conquista de Tenerife, mereció los elogios de Lope de Vega. Existe edición reciente en Ed. Interinsular Canaria, Tenerife, 1986. En su Canto I V se describen fases de lucha, que por su paralelismo, merecen atención respecto a las de Purchena: Salen luego a la lucha (los mancebos , briosas, bien dispuestos y valientes ,desnudos, mal dispuestos los tamarcos por bien de honestidad a la cintura.  Demuestran lucios los nervosos brazos  derechos muslos, y vellosas piernas  untados con manteca, porque siendo aislados y apretados con las manos  resbalasen, mostrando más sus fuerzas.  Eran los dos gallardos luchadores el uno Rucadén, otro Caluca.  Midense a brazos , hacen firmes presas,  garran las uñas en la untada carne  y exponen con os dedos la manteca, los nervios hinchan de los fuertes miembros  armanse el uno al otro zancadillas;  dánse enviones, vueltas v revueltas;  soplan casi gimiendo los anhelitos  o, por mejor decir; medio bramando.  Vierten los secos labios de sus bocas  amarga espuria de encendida cólera.  Afirma Rucadén el pie siniestro;  carga sobre el cuerpo de Caluca,  tuércele un poco, v con el diestro brazo  le arroja en tierra de una gran caída, admira a los presentes su bra­veza, queda mantenedor en el terreno...  Hacen temblar la tierra si se mueven; l las carnes garran con las fuertes manos; cubre el sudor de los abiertas poros... Igualmente hay testimonios de otros cronistas de los siglos XV y XVI sobre este tipo de lucha, posiblemente anterior al período de la conquista de las islas Canarias, como Fray Alonso de Espinosa o Leonardo Torriani.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(7) Manuscrito de B.N. de Madrid, signado con el número 9.847, folios 66 v° y 67 r°. Tiene un lejano antecedente en una novela latina de los siglos V o VI a. C. titulada Daretis Phygli de excidio troiae historia. Fernández Galiano, M.: Introducción o Homero, Madrid, 1963, pp. 131-132.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(8) José Ortega y Gasset, en «Borrador del epílogo para Domingo Ortega», 1955. Vid La caza y los toros, Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1962, p. 134.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(9) haedo D. de: Topogafía e Historia general de Argel..., Valladolid, 1612. Reedición de Bauer y Landauer, S.B.E. Madrid, 1927. Tomo I, p. 76.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(10) Huélano, Fr. M.: Vida r milagros del glorioso confesor Sant Ginés de la Xara, Murcia, 1607. A1 folio 40 v°: «No quiero pasar el silencio, lo que no se puede oyr sin risa, y es, que las Moras Africanas, y Berberiscos que hay en Murcia y Cartagena, y por esta tierra (y aún en parte de Africa) tiene por cierto, que San Ginés fue de su tierra. Y aun dicen ellos que fue morabito...».</p>
<p style="margin-bottom:0;">( I I ) En una curiosa carta del Guardián del franciscano convento de San Ginés, fray Alonso Alcorissa dirigida al Corregidor de Lorca en 26 de julio de 1667 se dice lo siguiente: «Concurren también mu­chos Moros, hombres, mugeres y niños (al Santuario) que ay año que llegan a 400 moros, obligados de un herror, como otros de su secta, que San Ginés es pariente de Mahoma... aquí se vandaliçan, con unos juegos y luchas que hacen, de donde an salido alunas veces muertos; el tiempo que aquí están que son tres días, no cesan de dar gritos, de día y de noche ...». En Archivo Municipal de Lorca. Legajo de Cartas «Misivas» signado con cl n° 131 de Sala II.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(12) Castillo de Bayle, Lcdo Ginés: Gustos -v disgustos del Lentiscar (le Cartagena. Existe facsimil de su segunda impresión valenciana, de 1691, en Biblioteca Murciana de Bolsillo. Real Academia de Al­fonso X el Sabio, Murcia, 1983.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(13) Morales Oliver, L.: La novela morisca de tema granadino, Universidad Complutense de Madrid. Fundación Valdecilla, Madrid, 1972. p. 262.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(14) Muñoz Barberán, M. y Guirao García, J.: De la vida murciana de Ginés Pérez de Hita. Biblioteca Murciana de Bolsillo. Real Aca­demia de Alfonso X cl Sabio, Murcia, 1987.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(15) Espín Rael, J.: De la vecindad de Pérez de Hita en Lorca desde 1 568 a 1577, Lorca, pp. 21-25.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(16) Respecto al «moro santo» puede referirse a personaje que des­empeña un papel remedando las ceremonias de un alfaquí o tal vez la de la costumbre de los «torbacos», de influencia oriental, asiática. Pedro de Urdemalas relator en el «Viaje a Turquía» nos habla de este tipo de actuación: «un viejo de ochenta años que haga de santo, y adoranle como tal, y muchas veces habla mirando al cielo cosas que dice ver allá, y a grandes voces dice a sus discípulos: 'Hijos míos, sacadme presto de este pueblo, porque acabo de ver en el cielo que se apareja un gran mal para él' y ellos fingen quererle tomar a cuesta, y el vulgo les ruega con grandes dádivas que por amor de Dios no les lleven aquel santo de allí, si no que ruegue a Dios alce su ira, pues tan bien está con él, y él comienza a ponerse luego en oración, y aquí veréis que la gente no se da manos a ofrescer...»</p>
<p style="margin-bottom:0;">( 17) Jiménez Alcázar, J. F.: «Moriscos de lorca. Del asentamiento a la expulsión ( 1571-1610)», en Arcas, n° 14, Murcia, 1993, pp. 117­140.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(18) Vilar, J.B.: Los Moriscos del reino de Murcia y Obispado de Orihuela, Biblioteca Murciana (le Bolsillo. Real Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1993, p. 108.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(19) Visitas de los obispos Siliceo (1547), Manrique(1.583) ó Ssan cho Dávila (1592). Del nombrado presidente de la Chancillería de Granada D. Jerónimo de Roda (1578) del tercero Marqués de los Vélez (1584), etc.</p>
<p style="margin-bottom:0;">(20) Cuando Isabel de Valois da a luz la que sería Isabel Clara Eugénia (agosto de 1.566) en Lorca se ordena que por tal motivo haya procesión general con toda la clerecía, luminarias en las ventanas y puertas de las casas, repique de campanas, disparos de arcabucería, por la noche los caballeros saldrán con hachas encendidas para un juego de quinientas alcancias, etc.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">*Director del Archivo Municipal de Lorca</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[APROXIMACIÓN AL PERFIL HUMANO DE GINÉS PÉREZ DE HITA]]></title>
<link>http://identidadandaluza.wordpress.com/?p=4838</link>
<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 08:57:14 +0000</pubDate>
<dc:creator>identidadandaluza</dc:creator>
<guid>http://identidadandaluza.wordpress.com/?p=4838</guid>
<description><![CDATA[Grabado de Ginés Pérez de Hita
Manuel Muñoz Barberán*
Todavía pienso ahora, alguna vez, si no e]]></description>
<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_4839" align="alignleft" width="116" caption="Grabado de Ginés Pérez de Hita"]<a href="http://identidadandaluza.files.wordpress.com/2008/08/gines-perez-de-hita.jpg"><img class="size-full wp-image-4839" src="http://identidadandaluza.wordpress.com/files/2008/08/gines-perez-de-hita.jpg" alt="Grabado de Ginés Pérez de Hita" width="116" height="99" /></a>[/caption]
<p>Manuel Muñoz Barberán*</p>
<p style="margin-bottom:0;">Todavía pienso ahora, alguna vez, si no era más interesante la biografía de Pérez de Hita escrita a principios del siglo XX, con todo el halo de romanticismo que la embellecía, que esta que hoy tenemos, rigurosa pero tan falta de rasgos esenciales como son el lugar exacto de nacimiento y el año de la muerte en otro o en el mismo lugar. Si no era preferible aquel joven que vive en Lorca, no se sabe si casado, que va a la guerra de las Alpujarras como escudero del marqués de los Vélez, al que admira y sirve, que quizás ha estudiado con sus hijos oyendo a los mismos maestros, que conoce el árabe y quizás el italiano..., que después reside en Murcia y allí escribe sus conocidas obras, la publicada y la guardada inédita en la Biblioteca Nacional (1); y que murió no se sabe dónde, después del año 1619. No era mejor quizá, era, sin duda, mucho más bonita porque además unía más con el espíritu del escritor. Leyéndola, se siente que pudo ser así, porque es posible que lo fuera, a pesar de todo. Porque estos jirones y restos vagos de una vida que los investigadores vamos encontrando, casi nada nos dicen de una persona. Son señales inciertas de algo tan espléndido como es una vida. Quizá no vale la pena haber conseguido eso. <!--more--></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Si al comenzar una investigación lo que en realidad se va buscando es al personaje que hemos imaginado, no tenemos derecho alguno a decepcionarnos con las cosas que no nos gustan, que no concuerdan con lo que habíamos creído o creado. Sobre los documentos, está la imaginación viva. esa misma con que nos brinda el propio Pérez de Hita. Salvo Espín Rael (2) los que intentaron hacer biografía de Pérez de Hita sabían «ciertamente» que no había sido un zapatero, como ya aventuraba alguien. Sánchez Maurandi (3),  muleño, pretendía un escritor nacido en Mula y, desde luego, no con oficio humilde. Cáceres Plá  quería conocer la vida de un hidalgo pobre. sabedor del Marqués y su poeta áulico. Algo así. también Escobar Barberán (4). Los lorquinos citados, emparentados por más o menos fuertes vínculos familiares querían borrar la memoria y hechos del historiador de Mula (no muleño) don Nicolás Acero y Abad (5) que había «demostrado» la naturaleza  muleña del escritor. Salvo a Espín, repito, a ninguno de ellos caerían bien las investigaciones llevadas a cabo posteriormente. Ni a mí tampoco, lo que no decirlo, por estar dentro de esa misma familia. Y casi, casi, llegó a pensar que ni Cáceres Plá debió ir a Francia a buscar a Paule Blanchard-Demouge (6) , ni yo a Lorca a emprender otra búsqueda en el Archivo Notarial. Me contó Espín que Cáceres volvió decepcionado de su encuentro con la investigadora francesa: allí estuvo frente a una mujer distinta, ya casada y alejada de sus estudios sobre el modesto escritor español por el que en un tiempo sintió especial simpatía. En realidad ningún investigador puede ser tan quijotesco que, porque haya descubierto sesenta u ochenta documentos de un personaje, llegue a pensar que ha tenido un hijo al que no podrá abandonar jamás.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Parece ser que Cáceres dejó escrito que ya adentrado en su madurez no sabía quienes fueron el Padre Morote y Ginés Pérez de Hita. Aunque más bien creo que, poco más o menos, lo que quería expresar era su desentendimiento de tales personajes, quizás no la total ignorancia de ellos. Puedo decir algo similar de mí, salvo que Antigüedad y Blasones de la ciudad de  Lorca..., y Guerras Civiles de Granada, de uno y otro autor respectivamente, las había leído, por circunstancias que ahora no viene al caso, muy joven, casi de niño. Pero la historia propia de estos autores, su biografía, me tenía muy sin cuidado. Recordaba, eso si, las luchas del Maestre y Albayaldos, los amores de Zayde («Mira Zayde que te aviso / que no pases por mi calle...»); tenía memoria de la traición urdida por los zegríes contra los Abencerrajes, y de la descripción del encuentro entre Albinhamad y Sultana, en una hermosa huerta del Generalife entre arrayanes y rosales, hecha por el moro difamador con palabras de poeta. Albinhamad entraba por la senda umbrosa y cuando salía de ella iba coronado de rosas blancas y rojas. A los que buscando su perdición le preguntaban «¿en qué se pasa el tiempo ?». él les respondía: «Ando tomando placer por esta huerta». Y les ponía en las manos una rosa encarnada v otra blanca. Bella manera de responder a una pregunta falaz.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Permítanme ahora el símil y, como Albinhamad_ «tomando placer» de cuantos trabajos de investigación he realizado (7), quiero ofrecerles dos visiones complementarias del personaje que aquí me trae, dos acercamientos yuxtapuestos a la figura de Ginés Pérez de Hita, sacado uno de los documentos encontrados, con comentarios más extensos de episodios que considero de especial interés en esta ocasión, y el otro de algunas de las obras por él escritas.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;"><strong>SEMBLANZA BIOGRÁFICA</strong></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Después de los esfuerzos realizados en los archivos murcianos, y de las infructuosas búsquedas que en breves estancias he llevado a cabo en ciudades como Zaragoza, Barcelona, Madrid, Toledo o Jaén, la más probable aproximación a la biografía de Pérez de Hita queda, abreviadamente, como sigue.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Aparece en Vélez Rubio, villa del entonces marqués de los Vélez don Luis Fajardo de la Cueva, un joven llamado Ginés Pérez de la Chica, de 22 años, cuya procedencia se ignora y del que no podemos saber cuanto tiempo vivía en la ciudad. En ella se casa con Isabel Botía, hija de Antón Lázaro, alguacil mayor, y de Ginesa Hernández, su mujer. Los Lázaro pretendían descender de los Lasso de la Vega. Un antepasado Lasso había casado en Mula con una prepotente dama apellidada Botía. Por respetuoso recuerdo a esta señora habían tomado el apellido para su hija Isabel. Ginés Pérez de Hita casaba así con una Lasso de la Vega, regularmente dotada además. Es la boda en 1559 (8),</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">En 1560 el matrimonio se establece en Lorca. Traen ajuar y una niña (Isabel también) nacida y bauti­zada en Vélez Rubio. Ginés figura como zapatero y con su apellido cambiado en parte: ahora se hace llamar Ginés Pérez de Hita. En la década de los 50, en Granada, un viejo capitán de los tercios de Italia, Hernán Pérez de Hita, habitante en casa propia de la calle de Elvira, establece un vínculo entre laicos, basado en algunas modestas propiedades, que favorecerá a aquellos de sus parientes que adopten sus apellidos. Si fue esta la motivación del cambio de apellidos del escritor, no podemos saberlo aún, ignorando si algún parentesco hubo entre el capitán y el zapatero. Una relativa escasez de documentos pudiera indicarnos frecuentes ausencias de Ginés en el 60 y 61. Quiero también hacer constar la impresión que causa nuestro personaje de no ser un hombre enteramente sedentario.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Ginés Pérez de Hita da a conocer su habilidad para organizar fiestas y para saber divertir al pueblo. El Concejo lorquino acoge bien esta disposición útil. Entre las actividades de su oficio y los acontecimientos artísticos, su vida en Lorca se nos aparece fácil. Busca la colaboración del maestro de capilla, Cebrián, y entre los dos realizan coros sencillos, pasos de baile, villancicos, incluso representaciones breves que amenizan cualquier festejo. Algunos de los más destacados hombres de la ciudad le protegen y animan.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Llega el año 1569 y se ha producido el levantamiento morisco en las Alpujarras. Ginés Pérez compra una escopeta y paño pardo. Los soldados del marqués, los de Lorca, eran llamados «los pardos». Toda su gala era la cuerda para dar fuego al mosquete, nos dice Ginés. Va a la guerra el escritor. Ve la guerra y sus desastres de cerca. No estará en las Alpujarras los «tres años y más» que dice, pero está ". Por qué no creer que vio al reyezuelo Aben Humeya con los demás caballeros veinticuatro en Granada, en las honras fúnebres de la Serenísima Reina doña Isabel. Pero, además, nos parece (aparte los relatos vivísimos de otras escenas) que no sería imposible que viera o supiera por relato de testigo otros acontecimientos de la guerra que nos cuenta con palabras exactas. Las fiestas ordenadas por el reyezuelo en Purchena, por ejemplo.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Vuelve de aquella guerra. Es veedor de los maestros de zapatería. Algunos días emplea en guardar unos moriscos que por mandato de Su Majestad quedan encerrados en las casas que dicen de Narváez. Es partidor de las aguas de riego de una zona de la huerta lorquina. Y escribe, alecciona actores y danzantes para las grandes fiestas que la ciudad hace al nacimiento del príncipe don Fernando y a la victoria de Lepanto.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El Concejo está del lado de Ginés Pérez, confía en él. Quizá luego de la prueba de un corto « libro delas batallas» (10), que parece de su estilo, le encargan un extenso poema en que se describen, con parte de la historia de la ciudad, sus hechos guerreros, incluidos los últimos de las Alpujarras. Ginés Pérez, que tiene en la  memoria la lectura de Ariosto (ya fuera en original Italiano o en traducción castellana), se entrega apasionadamente a la composición de ese poema en XXXII cantos, cada uno de ellos de 11 a 42 octavas reales según el tema lo requirió. Los tres últimos están dedicados a la descripción de las grandes alegrías que hizo Lorca por el feliz natalicio del Príncipe don Fernando de Austria, es decir, las que organizó y dirigió el propio escritor.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Sácase en limpio el poema de Lorca y se trata de obtener privilegio para su impresión. Si se pidió ó no, si se llegó a conseguir, no lo sabemos. El libro quedó inédito. Y Ginés Pérez de Hita, en los últimos años de la década de los 70, comienza a vacilar y a hacer ausencias. Deja la casa de la calle de la Cava; antes había dejado la de la calle del Caño en san Mateo. Últimamente decide buscar casa «por un año» entre Santo Domingo y la Merced, en la Alberca. Comienza a aparecer en Murcia. Paga allí una deuda de su yerno (se ha casado su hija) y pide vecindad en Cartagena en 1.581.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Pero no me quiero conformar con que Pérez de Hita abandone Lorca sin considerar un hecho de la estancia en la ciudad que me parece interesante: la custodia que hizo durante 15 días de ciertos moriscos encerrados, por orden de Su Majestad, en las casas de D. Diego de Narváez. Todo este pequeño episodio se produce en diciembre de 1571, ya acabada o a punto de acabarse la represión de la sublevación morisca de las Alpujarras. Será a finales de mayo del 72 cuando Pérez de Hita da por terminado y cobre del Consejo los 24 ducados de su libro de los «hechos, fundación y buenos  sucesos desta ciudad». Cuando dedica esos 15 días a tan extraña labor está, seguramente, escribiendo ese poema heroico en octavas reales.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Ya he expresado antes la buena consideración que creo que el Concejo tiene a Ginés Pérez. Es un hecho constatable a través de los nombramientos de veedor de los de su oficio y de partidor de aguas que en él recaen, y por el encargo que recibe de escribir el libro de la fundación y hazañas ((11). Podemos entonces preguntarnos: si en Lorca había sobrado personal apto para esa guardia de los moriscos, ¿por qué es designado precisamente Pérez de Hita para ello? No sabemos si eran pacíficos moriscos, sospechosos o parientes de sospechosos, criminales, salteadores de caminos, o si sólo soldados en las filas rebeldes. Tratándose de Pérez de Hita, es fácil dejar ir a la imaginación hacia unos días tranquilos, sosegados, en los que él dialogaría amistosamente con sus presos. Mas pudo haber también indiferencia y rigor por parte del guardián. Soy más inclinado a creer que pidió él mismo ese encargo a sabiendas de todos que iba a hacer una labor indagatoria.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Pero, además, hay que recordar un incentivo para el espíritu romancero de Pérez de Hita. Los moriscos, prisioneros de guerra con toda seguridad, estaban encerrados en las casas de don Diego de Narváez. El Abencerraje fue prisionero de Rodrigo de Narváez. Tanto el Abencerraje como la hermosa Jarifa serán personajes de Pérez de Hita en su futura obra Guerras civiles..., primera parte. Anacrónicos desde luego. Que más da. En la segunda parte también habrá amores entre parejas moriscas amparadas por cristianos.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">De los años cartageneros poco se ha podido averiguar (12). Sabemos que sirvió al Concejo en fiestas de Corpus y que al menos desde 1586 estuvo yendo a hacer lo mismo a Murcia, como se desprende de los textos de los memoriales que presenta a los regidores. Su mujer, Isabel Botia, aparece también valorando el ajuar de una novia. Eso es todo.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">La década murciana de los 90 vemos a Pérez ocuparla principalmente en las fiestas de Corpus. Quien antiguamente aparecía comprando útiles de zapatería, tomando un aprendiz o siendo veedor de oficio, ahora lo hace como hombre diferente. Se le dice zapatero en algunos documentos. Pero ya no es el zapatero de antes, sin duda alguna. Durante la década, recordemos, compra a Bernardo de Briñas un rosario de cristal fino con extremos de alquimia: se presenta al Concejo murciano ofreciéndose para hacer la fiesta del Santísimo, en cuyos papeles de pago aparece la firma de Tomás Pérez de Evía, personaje de interés como veremos adelante; cobra el premio o joya dado a la mejor danza; presenta danzas propias con su nombre v danzas de gremios con nombres de otros. Dos premios gana de cuatro. Ahora pide préstamos 95 reales a Briñas, 88 a otro. Da por terminado el original de Los diez y siete libros de Daris. Da a la imprenta en 1595, en Zaragoza, Los crueles bandos... o Gerras Civiles (escritura sobre la que volveré más adelante). En Enero de 1600 vende a Antonio García, de Alcalá de Henares, librero, el original de lo que titula «el belo troyano” ( los diez y  siete libros...), con privilegio sacado aún en vida de Felipe II, esto es, entre 1597 y 1598. No es la década de un zapatero, sino la de un escritor. Un escritor que entró en Murcia organizando fiestas y que salió de ella igualmente. En estos años que yo juzgo de tranquilidad relativa y de gran fecundidad literaria, se nos ofrece un nuevo aspecto del personaje, o mejor, un nuevo personaje. En uno de sus últimos docu­mentos, una petición de pago en 1600 dirigida al Concejo, se permite incluso añadir una pequeña broma poética:</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>Id en paz mi petición</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>do volváis hecha libranza</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>tan buena como es razón</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>porque goce la esperanza</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>justo premio y galardón</em></p>
<p style="margin-bottom:0;">.</p>
<p style="margin-bottom:0;"><strong>SOBRE LA VENTA DEL ORIGINAL DE GUERRAS CIVILES...</strong></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Es preciso ahora que considere algunas partes del documento de venta de Las Guerras Civiles de Granada al librero Juan Dorado, de Murcia, y a Miguel Serrano de Vargas, impresor, vecino de Cuenca. Se trataba de una compañía establecida por los compradores en la que Dorado adquiría los originales y Serrano los imprimía. Habían de adquirir para ello privilegio real a su costa. De no conseguirlo, devolverían los libros sin sacar de ellos copia, y Ginés Pérez de Hita haría otro tanto con el dinero que hubiera tomado a cuenta. El precio era de setenta ducados; lo vendido, tres cuerpos de libro originales intitulados «Aventuras de Granada y Guerras Civiles della, primero, segundo y tercer cuerpo de a cuarto pliego..., todo escrito por mi mano».</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Ahora bien, publicada en Zaragoza en 1595 la que hoy pasa por primera parte y hecha reimpresión en Valencia en 1597 y en 1598 en Alcalá de Henares, ¿qué compraban Dorado y Serrano de Vargas?, ¿otra versión? Una de las cosas que yo buscaba en Zaragoza era el derecho de Tabano a publicar Guerras Civiles... o Historia de los crueles bandos..., cómo había conseguido ese derecho, ya que no he encontrado en Murcia documento alguno de esto.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El pago en Murcia de los originales se estipulaba así: 30 ducados tomados por Pérez de Hita de la tienda de Dorado inmediatamente; el resto a la publicación de los libros. Pero ese pago se efectúa, totalmente, dentro del mismo año de la compra, por Juan Dorado El autor queda pagado.</p>
<p style="margin-bottom:0;">Otras condiciones de la venta fueron: que el autor no podría añadir ni variar cosa alguna en los originales si no era con permiso de los compradores; pero que «si Ginés quisiere hacer otro libro cualquiera que toque a guerras y desastres del Reino de Granada, con que no sea tocante a los otros tres cuerpos de libros, lo pueda hacer...». Se estaba haciendo un reconocimiento bilateral de la facilidad de pluma e ingenio de Pérez de Hita.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Parece claro y es lícito pensar que fueran lo que fueren los dos primeros libros, el tercero sí que era el que conocemos hoy por segunda parte. Un ciclo de tres libros sobre Granada puede constar de Aventuras de Granada desde su fundación hasta los últimos años nazaríes, con sus luchas interiores y crueles bandos que ocupan el segundo libro. El tercero, forzosamente, tratará del último intento en la Alpujarra de los moriscos sublevados para devolver a Granada el poderío perdido y reinstaurarla como cabeza del reino moro pujante que había sido. Lo demás, en adelante, son en Granada procesiones y fiestas del Corpus. No era, ciertamente, asunto de Pérez de Hita.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Otra cosa a observar en la carta de venta es que Pérez, que se llama Poeta y Cronista, no vende una traducción, sino libros originales. Naturalmente, no podía presumir ante Juan Dorado y el escribano de su calidad de traductor de árabe. Aunque sí sabría al menos del lenguaje un tanto deformado de los moriscos. Vélez Rubio, Lorca y la propia Murcia eran poblaciones en que los moriscos no eran escasos ni mucho menos. Chapurrear una especie de árabe resultaría fácil a muchos.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Dueños de los tres originales de Pérez, el inmediato trabajo era conseguir licencia en Madrid. No se consigue y deciden devolver a Murcia, a su autor, los originales, recuperando el dinero empleado. Considere­mos, si uno de los originales es el que conocemos como primera parte, ya estaba publicado en Aragón y Castilla. No era inconveniente con la censura. Zaragoza, Valencia, Alcalá, Madrid y Lisboa, hasta 1598, eran las ciudades en las que había aparecido, insisto.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">En siete de agosto de 1601, algo más tarde de tres años después de la compra, Juan Dorado envía un poder a Madrid, a Juan Berrillo, mercader de libros, para que reciba los tres originales de Serrano de Vargas, ya establecido en Madrid, y para que pueda hacer con Serrano cualquier concierto en cuanto a esos originales. Aún no se trata de devolución.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">En 22 de agosto, en Madrid, Berrillo y Serrano de Vargas han tratado y deciden que puesto que no ha sido sacada la licencia (no dice Serrano por qué razón), se devolverán los originales a Pérez de Hita y se librarán de la obligación de pagarle. Esta escritura, con todas las formalidades del caso y exigencias estrictas.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Ignoraba Serrano que Dorado había pagado el total del precio ajustado y olvidaba que, pasados tres años, ir con reclamaciones al autor era un absurdo. Mas si se tiene en cuenta que al recibir los últimos dineros Pérez de Hita hizo añadir una coletilla a la escritura que decía: «...y si dentro de un año no se imprimen que los pueda ejecutar». Y no los había ejecutado, judicialmente se entiende.</p>
<p style="margin-bottom:0;">En fin, Serrano recibe de Berrillo tres ducados que dijo haber gastado en hacer diligencias para sacar la licencia y afirma no entenderse por esto que en lo concertado anteriormente con Dorado. sigue teniendo sus derechos si se obtiene el permiso.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Durado, que posee los originales, hace gestiones para ello. Será, por fin, en 1610. Puesto que ha pagado al autor «más de ochocientos reales», tendrá privilegio para publicar estas obras y podrá perseguir a quienes sigan editándolas aún «con licencia del Nuestro, consejo». Dorado había presentado para su aprobación partes del libro, en sus originales la primera  y la segunda ya impresa en Alcalá por Juan Gracian en 1604. Se nos puede ocurrir pensar que ni el doctor Molina, que hizo la aprobación, ni el señor Tovar, que dio la licencia en nombre del rey, podían saber si aquella parte impresa era exactamente la que Dorado había adquirido. Si el original había desaparecido era otra cosa. Siempre los de hoy tendremos esa duda.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Con esa aprobación y licencia de 1610,  se imprime en Cuenca, en 1619, la parte que hoy conocemos como segunda. Faltaba un año para que expirase el plazo contenido en la licencia real. Juan Dorado muerto de unos 45 años en uno de sus frecuentes viajes a Madrid y Alcalá de donde era natural. Tenemos noticias ciertas del hundimiento del negocio del librero por ciertas calaveradas de un yerno desaprensivo, pero no de dónde fueron a parar los originales en 1615, año de la muerte de Dorado. El flamenco Andrés Miguel y Domingo de la Iglesia aparecen como principales motores. Quizá por la alusión que se hace en un soneto («culpaban de flemáticos tus moldes»), Andrés Miguel fuera el impresor y de la Iglesia el que costeaba la edición. En otro soneto, sin embargo, parece quedar claro que es al revés:</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>La mano liberal, si no tan rica,</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>de Andrés Miguel, por dar a España gozo </em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>expensas de la estampa cargo toma...</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">El soneto de Pedro de Solera, carga sin cuidado el número de años que estuvo sin publicar la obra:</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>En el centro del olvido sepultada</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>(acción de envidia contra honor de Marte</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>estuvo un siglo la segunda parte</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"><em>de las guerras Civiles de Granada...</em></p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">La disposición de algunos textos hace creer que el autor estaba vivo y biógrafos ocasionales y estudiosos de nuestra Literatura parecieron entenderlo así al situar su muerte «después de 1619». La portada se recordará, dice así: POR GINÉS PÉREZ VECINO DE MURCIA. Dirigido a Alonso del Pozo Palomino, canónigo de la S. Iglesia de Cuenca. Parece por estas frases que es el propio autor el que dedica el libro, aunque en el interior el que dedica es Andrés Miguel.</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Se me antoja un galimatías indescifrable el no saber con exactitud cuáles fueran la primera, segunda y tercera parte que Pérez vende. Creo que lo puede indicar él mismo cuando nos habla del antiguo y sabio autor moro Abenhamin: ...así como lo escribió el moro Abenhamin, historiador de todos aquellos tiempos, dende la entrada de los moros en España... &#60;I P 24/7&#62; (14).</p>
<p style="margin-bottom:0;"> </p>
<p style="margin-bottom:0;">Y ahí está la cosa que si Abenhamin escribió desde la entrada de los moros en España, en el tiempo del Rey don Rodrigo, Ginés Pérez, puesto a traducir a este sabio moro historiador, también le traducirá la historia de don Rodrigo y después la fundación de Granada, los últimos días de esta ciudad nazarita y, por fin, para completar la serie de guerras granadinas, la sublevación de los moriscos y su sometimiento a Felipe II.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">La primera parte sería, pues, algo parecido a la Verdadera historia de don Rodrigo que publicó Miguel de Luna, el traductor de árabe de Su Majestad. Sin forzar mucho la imaginación, podemos ver que el estilo es muy parecido al de Pérez de Hita y que la concordancia cronológica es perfecta. Creo firmemente que hay muchos libros cuyos autores son reales, ahí está viviendo en Granada, Toledo, Zaragoza... Pero no están escribiendo cosa alguna. Cuando hace tiempo me interesé por el traductor de griego que había elaborado un nuevo texto del Teágenes y Caricla, no encontré al tal traductor. Sí a un Hernando de Mena, que firma el libro y lo publica, pero que es sencillamente un librero y comerciantes de frutos secos. Se puede recordar la historia de Pérez de Hita, el zapatero. La diferencia es que éste compra libros y vende, que sepamos, dos originales importantes: uno compuesto por tres libros en prosa y el otro por veinticinco mil versos de rima blanca y arte mayor, mezclados con octosílabos en algunas partes. El de Toledo solamente vendía pasas. ¿Recuerdan lo que le costó a Cervantes, en Toledo, un traductor de sus papeles encontrados? Unos reales y unas libras de pasas. Cervantes sabía mucho de todo este enredo de traductores que se ayudan de un profesor de griego. Y que venden pasas.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>PERSONALIDAD DE PÉREZ DE HITA REFLEJADA EN SU OBRA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">De todo lo hasta ahora investigado se desprende claramente que la principal fuente de ingresos de Ginés Pérez de Hita fue la de su trabajo como zapatero. También, de su segunda v más querida profesión de montador y creador de fiestas populares, grupos de danzantes del Corpus, torneos, invenciones representables, moros y cristianos... Cuando escribe, naturalmente, no puede olvidar, dejar a un lado cualquiera de sus dedicaciones de la vida real.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Veamos por ejemplo, el recuerdo de los zapatos, la atención dedicada al calzado de muchos de sus personajes. Cuando describe las fiestas de Purchena, sus indicaciones son numerosas: Los zapatos (de la hermosa Luna) los medio azules y los medios colorados, de todas partes argentados de oro fino... (11 P 157/25)..., todos con zapatos y borceguies datilados y leonados (II P33/24) ..., los borceguíes de los turcos eran rojos y los de Caracacha datilados v argentados (II P 170/15).... su borceguí datilado, hecho en Argel (II P 171/15)..., y borceguí azul, argentado (II P 172/18) ..., borcceguí verde y argentado, el zapato amarillo (II P 173/13)..., su borceguí era verde argentado (II P 174/31)..., con un zapato de terciopelo guarnecido con oro que era cosa de ver (II P 181/20)...</p>
<p style="margin-bottom:0;">Pero dejando estas muestras repartidas, además, por toda su obra, el párrafo maestro es el dedicado a las botas del marqués de los Vélez, de las que nos dice: ...el vacío de !a pierna, delgado de tal manera que jamás pudo calzar bota de cordobán .justa, si no fuese de gamito de Flandes, calzaba trece puntos de pie Y más (II P 43/18)... v las botas que calzaba habían de ser abiertas v blancas, abrochadas con cordones..., añade un poco más adelante.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Se comprueba por esta descripción las muchas veces que habría tenido ocasión de mirar al Marqués de alto a bajo, sin ser su escudero. Llega a decir en su relato algo curioso: «mejor parecía de espaldas que por delante». Es una observación digna de Sancho Panza. Algo hay que advertir cuando describe los zapatos, si alguno lleva adornos de oro dice simplemente: «guarnecido en oro» o «con golpes de oro». Después veremos que cuando describe carros alegóricos se expresa de diferente manera: «parecía de oro». Sabía, como experimentado en estas apariencias, que era un recurso del carrocero que no podía poner oro auténtico. Algo más habrá que señalar; hay mayor número de zapatos descritos en las fiestas de Purchena de la segunda parte de su obra, que en los juegos de sortija y torneos de la primera, en los que es muy difícil hallar tales descripciones. El mayor esfuerzo del escritor en esa primera parte se centra en los carros triunfales o alegóricos y en los vestidos de los competidores y sus armadas. No habrá que insistir en lo difícil que resulta hacerse a la idea de que en la Granada nazarí hubiese tales carrozas y tales personajes (Marte, Amor, Garcilaso...) y tales retratos muy al natural pintados. Pérez situaba en Granada una cabalgata renacentista que él hubiera dado algo por idear y dirigir en Lorca, Murcia o Cartagena. Aquella galera en la que cabían doscientos caballeros..., nada menos. Es fácil deducir los pocos documentos árabes que tendría para consultar sobre las costumbres de aquella hermosa ciudad donde se suceden rápidamente las luchas sangrientas entre familias enemigas y fiestas costosísimas.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Los carros que aparecen en una de estas fiestas, creo que los más notables son: «la gran serpiente», con su rememoración de fiesta del Corpus engrandecida; el carro alegórico en que aparecía la hazaña del joven garcilaso, pariente del propio Pérez; «La gran peña», «la galera» («sus fanales parecían ser de oro»), «el castillo de marte»...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Nos dice: el ingenio conque navegaba la galera era extraño y de grandísima costa, que parecía que iba en el aire (I P 97/8)..., el estanterol parecía de oro fino (I P 97/5)...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Establece el escritor un pacto con el que lee y le avisa de las argucias del que construyó esos carros: parecía de muy fino y blanco alabastro (I P 84/15)... parecía todo de oro (I P 94/31)... una cadena al parecer de plata (I P 95/4)... parecían ser de oro (I P 96/30)..., parecía de oro fino (I P 97/5)..., parecía todo de muy fino oro de martillo (I P 104/3)...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">También, por excepción, hay en la segunda parte y en las fiestas de Purchena, cosas que parecen ser y no son: al parecer de oro (II P 156/23)... parecía ser hecho de orientales perlas y piezas de oro (II P 156/25)..., parecían ser hechas de finos rubíes (II P 156/26)...</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Estas excepciones se dan cuando, por ejemplo, el turco Caracacha presenta el retrato «sacado al natural» de su amada de Argel.</p>
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<p style="margin-bottom:0;">Ahora bien: si desconociéramos todos los documentos de Ginés Pérez de Hita; si no supiéramos de su oficio de zapatero; de su dedicación al montaje de fiestas, si intentásemos deducir de sus escritos el oficio de zapatero y sus experiencias en fiestas, y con el convencimiento de que era un entendido en estas cosas hiciéramos un extenso artículo diciendo que el tal escritor había sido zapatero y maestro de festejos (o «ingeniero» que se solía decir en algunos documentos murcianos), se hubiera despertado la risa de todos sin excepción alguna. Porque también describe vestidos con gran precisión. Pero es que esos vestidos había que escribirlos, y dibujarlos si sabía, para que se los hicieran cumplidamente. Y tenía que escribir letras y buscar músicas; y trazar los complicados pasos de baile para los danzantes. Es que todo eso lo hacía Ginés Pérez valiéndose de los medios que encontrase a mano, y es así que le vemos comprar telas leonadas y de otros colores y telas sin color para pintarlas. Hay que reconocer, no obstante, que también a Miguel de Cervantes hubiéramos podido achacarle todos estos variados oficios. La lectura de los clásicos no debe llevarnos a deducciones claras. Que todos podrían resultar oficiados en muy peligrosos oficios.</p>
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<p style="margin-bottom:0;"><strong>TESTIMONIOS DE AUTOR-PROTAGONISTA</strong></p>
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<p style="margin-bottom:0;">Una de las preocupaciones más notables de Pérez de Hita al escribir, es su deseo de que el lector no se sienta engañado por quien no averiguó suficientemente la verdad de lo ocurrido en una historia que se había producido relativamente cercana en el tiempo. En la primera parte, apoyaba sus relatos en un moro “cronista” al que traducía fielmente. Ahora, en esta  parte, no era necesario ese moro sabio y antiguo. El relato lo hacía un soldado,  puesto que