40 years ago
Durante las semanas que estuve ausente del blog, tuve la ocasión de visitar varias ciudades. Fueron sin embargo tres los momentos en los que se me presentaron opciones para cruising. Lo que me ha sorprendido sin embargo, es cómo reacciono y la protección de Dios que provee a través de gente. Una tarde en pleno centro de una de las capitales, estaba parado cerca de un baño público esperando al familiar que había ingresado. En ese momento, se me presentó un hombre, hizo contacto visual y fue suficiente para que yo sepa de qué iba. Tuve la alternativa de mentir y crear una necesidad urgente de entrar al baño, o simplemente darme la vuelta y caminar en otro sentido. Me di cuenta que ya no estoy ahí, y si bien reconozco la tentación y las situaciones, como bien diría alguna vez San Agustín: “ya no soy el mismo”. Similar situación se dió en la estación de trenes de mi ciudad cuando esperaba a una amistad. Volví a sentirme tentado cuando alguien hizo contacto visual al pasar y lue







