La mañana abría sus alas a las adormecidas sombras de los primeros transeúntes. El frío colapsaba una ciudad que comenzaba a derramar bullicio. Sus calles, vías y carreteras, dibujaban regueros de estacionados turismos en cuyos volantes, situados a la derecha del vehículo, se intuían los apretados y huesudos nudillos de conductores, que contenían su espera con educada impaciencia. 1.504 palabras más