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	<title>tragedia-munich &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "tragedia-munich"</description>
	<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 02:18:29 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Sir Matt Busby, entre tierra y cielo]]></title>
<link>http://elhacha.wordpress.com/?p=1153</link>
<pubDate>Wed, 06 Feb 2008 10:14:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>elhacha</dc:creator>
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<description><![CDATA[
[por Rubén Uría] [Foto: Archivo Manchester Utd.]
Hubo un antes y un después para el fútbol desp]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://elhacha.wordpress.com/files/2008/02/manutd0.jpg" title="manutd0.jpg"><img src="http://elhacha.wordpress.com/files/2008/02/manutd0.jpg" alt="manutd0.jpg" align="absmiddle" height="230" width="430" /></a></p>
<p>[<b>por Rubén Uría</b>] [Foto: Archivo Manchester Utd.]</p>
<p><b>Hubo un antes y un después para el fútbol después de la tragedia de Munich</b>. Hubo un antes y un después para el <b>Manchester United</b> después de que su avión se estrellara sin remisión con una casa colindante en Munich, un 6 de febrero de 1958. Y hubo un antes y un después en la vida de <b>Matt Busby</b>, después de aquel trágico accidente aéreo a las tres del mediodía de un frío jueves. En el <b>vuelo 609 de la BEA</b> habían perdido la vida 24 personas. Cuando Matt Busby, manager general de <b>Los</b> <b>Diablos Rojos</b>, recobró el conocimiento en el hospital alemán de Rech de Isar, tuvo noticias de la muerte de ocho de sus futbolistas [<b>Bent, Byrne, Colman, Jones, Pegg, Whelan, Taylor </b>y el mítico<b> <a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/28/edwards-muchos-cuerpos-solo-un-alma/">Duncan Edwards</a></b>] y habían perdido la vida tres miembros de su cuerpo técnico [<b>Whalley, Crikmer </b>y <b>Tommy Curry</b>]. El cielo se desplomaba sobre la cabeza de Busby, que se hallaba en el interior de una cámara de oxígeno, todavía dolorido por sus heridas, acompañado de una enfermera alemana que le agarraba la mano. Fue allí cuando, postrado en una cama, Busby comenzó a darle vueltas a la cabeza para intentar comprender los extraños caprichos de su vida. Su padre y sus tíos habían sido asesinados en la <b>Primera Guerra Mundial</b> por los alemanes cuando él sólo tenía seis años de edad. Por aquel entonces, dos sentimientos copaban el corazón del pequeño Busby: su pasión por el fútbol y el odio hacia los alemanes. Fue durante esas horas agónicas cuando, con casi cincuenta años, Busby alzanzó a comprender el maravilloso milagro de la vida. Los alemanes que habían acabado con la vida de sus seres queridos años atrás, eran tan alemanes como los que se multiplicaban en un hospital de Baviera para salvarle la vida a él y al resto de la expedición del <b>Manchester United.</b> Aquella paradoja fue una lección para Busby. Después de una desgarradora alocución radiofónica para tranquilizar a toda Inglaterra, Matt Busby se juramentó en Munich. El sufrimiento de los <b>Busby Babes</b> no habría sido en balde. <b>Reconstruiría, piedra sobre piedra, aquel gran equipo.</b><!--more--></p>
<p>Natural de <b>Orbiston</b>, en el norte de <b>Lanarkshire, Escocia</b>, Busby  nació en el seno de una familia de ascendente judío, aunque fue educado en la religión católica. Después de conocer el fallecimiento de su padre y sus tíos en la lucha contra los alemanes en La  Gran Guerra, Matt descubrió su pasión por el fútbol, y después de un par de años como amateur, decidió fichar por el <b>Manchester City</b>. Con el City llegó a ser titular, ganó una <b>Copa de Inglaterra en 1934</b> y se ganó un nombre por su instinto ganador. Después fue traspasado al <b>Liverpool</b>, en el que jugó hasta 1940, y fue internacional por Escocia en una ocasión. Busby acumulaba más de 300 partidos vistiendo la camiseta del City y del Liverpool y ya era famoso entre los aficionados, pero el estallido de la <b>Segunda Guerra  Mundial</b> dio al traste con su carrera como futbolista importante, y después de 1939 sus piernas ya no eran tan veloces como en sus comienzos.</p>
<p>En la posguerra desechó una oferta del Liverpool para formar parte del cuerpo técnico del club, algo por lo que fue muy criticado en su día, y apostó por embarcarse en una nueva aventura desde el banquillo, dirigiendo al <b>Manchester United </b>en 1945. Allí fue donde el peculiar Busby comenzó a fraguar una serie de ideas e innovaciones que unos catalogaron como sandeces y otros, como <b>fórmulas revolucionarias</b>. Busby dio prioridad al orgullo por la camiseta, instauró las reuniones sociales en el club, integró a gran parte de los futbolistas en tareas administrativas y trató de hacer entender que el estado de salud del club dependía de la buena gestión del dinero. Busby siempre explicaba que el único camino para crecer era gastar poco y cobrar mucho. Con ese libro de estilo bajo el brazo, Matt Busby fue introduciendo en el primer equipo a futbolistas con edad juvenil. Era el mejor modo de gastar poco en futbolistas por un lado, y de dotar al club de una filosofía propia después. Para que su palabra fuera ley en el vestuario con aquellos futbolistas tan jóvenes, Busby se ayudó de <b>Jimmy Murphy</b>, su auténtica mano derecha tanto con los futbolistas como con la prensa. En sólo dos años, la austera y estricta política generada por Busby comenzó a dar sus frutos: en 1947, el Manchester lograba ser segundo del campeonato inglés, y un año más tarde, en 1948, conquistaba la FA Cup.</p>
<p><b>A mediados de la década de los cincuenta</b>, Matt Busby agigantaba su leyenda no sólo como maestro de los banquillos, sino como gestor modelo del fútbol inglés. En 1955, Busby era el manager de moda en Las Islas, el tipo que desataba la envidia de los clubes rivales, y el hombre que había hecho realidad el milagro de los panes y los peces. Había formado el mejor equipo de Inglaterra con una media de edad de sólo 22 años. Aquel magnífico equipo fue bautizado por la prensa como los <b>‘Busby Babes</b>', y logró coronarse campeón de Liga por dos temporadas consecutivas, siendo el número uno del país tanto en 1956 como en 1957. Aquel era un verdadero equipo, en toda la extensión de la palabra, que no sólo dignificaba a la ciudad de Manchester allá donde iba, sino que enganchaba al resto de hinchas británicos por la electricidad de su fútbol y por la filosofía de club que hacía latir los corazones de los <b>Diablos Rojos</b>. En aquel himno a la pelota que jugaba de rojo formaban talentos como <b>Tommy Taylor, Eddie Colman, David Pegg, Geoff Bentt, Liam Whelan, Dennis Viollet, Roger Byrne</b>, un juvenil de 19 años llamado <b>Bobby Charlton</b> y un fuera de serie que era la estrella del equipo, llamado <a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/28/edwards-muchos-cuerpos-solo-un-alma/"><b>Duncan Edwards</b>.</a> Era una generación de futbolistas únicos, dotados del suficiente fútbol y espíritu como para discutirle al <b>Real Madrid</b> la corona de rey de Europa.</p>
<p>El <b>6 de febrero de 1958</b>, después de un partido de Copa de Europa ante el Estrella Roja, el corazón de aquel Manchester histórico dejó de latir. <b>El vuelo 609 de la  British Airways</b> salió una hora tarde porque <b>Johnny Berry</b>, uno de los nuevos valores de Busby, perdió el pasaporte. El avión repostó en Múnich y allí, después de tres intentos de despegue, el avión chocó contra una casa. Eran las 15.04 p.m., y el capitán Thain había fracasado en su intento de remontar el vuelo. En mitad de una gran nevada muniquesa, el aparato se incendió, y el avión se convirtió en una trampa mortal donde muchos de aquellos genios del fútbol perdieron sus vidas. Murieron 23 de los 43 pasajeros de aquel vuelo maldito. Allí se dejaron la vida <b>Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor, Geoff Bent y Liam Whelan</b>. Después, quince días más tarde, y postrado en la cama de un hospital alemán, dejaría de latir el corazón del gigantesco y carismático <b><a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/28/edwards-muchos-cuerpos-solo-un-alma/" target="_blank">Duncan Edward</a>s</b>. Aquellos días, Inglaterra pasó las horas con la oreja pegada a los transistores de radio, escuchando los boletines de un locutor de la BBC que, con voz entrecortada por la emoción que le embargaba, iba relatando quienes había muerto y quiénes seguían entre los vivos.</p>
<p>Sin embargo, y contra todo pronóstico, Busby había logrado sobrevivir al accidente, a pesar de sufrir graves heridas y pasar varios días sedado. El manager del United, que llegó a ser visitado por un sacerdote para que se le practicara la extremaunción, se recuperó milagrosamente después de pasar muchas horas en una cámara de oxígeno, y fue entonces cuando haciendo gala de una extraordinaria firmeza para hacer frente a la tragedia, decidió hablar para todo el país a través de una conferencia radiofónica en la que envió un mensaje de fortaleza a toda una nación, Inglaterra, que lloraba el desdichado destino de aquel equipo.</p>
<p>- <b>‘Damas y caballeros, les hablo desde una cama en el hospital de Munich. Después del accidente sufrido hace aproximadamente un mes, les gustará saber que los jugadores que quedan y yo mismo nos estamos recuperando poco a poco'.</b></p>
<p>Mientras Busby y lo quedaba de aquel equipo se reponían del accidente, <b>Jimmy Murphy</b> comenzó la difícil tarea de la reconstrucción del equipo. Meses más tarde, Busby lograba llevar al nuevo United a la final de Copa de 1958, perdiendo ante el <b>Bolton Wanderers</b>. Aquel conjunto estaba todavía herido en lo más profundo de su corazón, y el binomio Murphy-Busby trató de capear el temporal tirando de algunos jugadores de segunda línea de la ciudad, así como el conjunto juvenil. Busby había jurado en su cama del hospital de Rech de Isar que volvería a construir un equipo ganador, y Su mujer desempeñó un papel esencial para convencerle de que no podía tirar la toalla y dejar en la estacada a los hinchas del United. Busby, un marido ejemplar, no echó el consejo en saco roto. Su puso manos a la obra y comenzó a reforzar los andamiajes de su nuevo proyecto.</p>
<p>Después de una temporada de transición, Busby arropó su nuevo equipo con una nueva generación de muchachos sin apenas experiencia pero gran entusiasmo por el fútbol. Liderados por <b>Bobby Charlton</b>, uno de los supervivientes de Munich, y por el pequeño pero terrorífico <a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/24/el-chico-de-la-funeraria-de-collyhurst/" target="_blank"><b>Nobby Stiles</b></a>, nació un grupo de futbolistas cuyo ADN era idéntico al del malogrado Manchester de 1958. A esos jugadores intrépidos, con formación de la cantera y con hambre de gloria, se les unieron tres incorporaciones que llegaron tras recibir la bendición de Busby. El primer mosquetero era <b>Brian Kidd</b>, formado en Collyhurst como Stiles,  y que era un delantero centro con dinamita en las botas. El segundo mosquetero era <a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/16/el-amor-platonico-de-bill-shankly/"><b>Dennis Law</b></a>, un escocés volador con pie inverosímil, el amor platónico de otro genio llamado <b>Bill Shankly</b>, y que fichó por el United después de una maniobra maestra de Matt Busby. El tercer espadachín de los Diablos Rojos era norirlandés. Se llamaba <b>George Best</b>, tenía el pie de seda y fue denominado como ‘<b>El Quinto Beatle</b>', siendo el mejor futbolista del Imperio Británico, y también uno de los mayores borrachos de la historia de Las Islas.</p>
<p>Busby se esforzó en engrasar todas las piezas con mimo, con mucha mano izquierda, y consiguió ahormar una máquina de hacer buen fútbol que acabó por marcar una época.  Lo hizo a base de ser no sólo un gestor modélico, sino también un psicólogo dentro del vestuario y un auténtico padre y consejero espiritual fuera del césped. Bajo la tutela del paternal Matt Busby, y auspiciado por la <b>‘Santísima Trinidad'</b> [Charlton, Law y Best], el Manchester United devolvería a su afición lo que la tragedia de Munich les había quitado. Fue diez años después del accidente, un 29 de mayo, en Londres. Aquella tarde, el <b>Manchester Unite</b>d lograba alzar la Copa de Europa al vencer por 4-1, después de una durísima prórroga, al <b>Benfica</b> de <b>Eusebio, La Pantera de Mozambique</b>. En el año de nuestro señor de 1968, el Manchester United de Busby rezaba once cuentas de Diablos Rojos, once cuentas británicas, once nombres de un rosario de talento que se recitaba así, como un principio matemático. <b>Alex Stepney, Shay Brenan, Tony Dunne, Pat Crerand, Bill Foulkes, Nobby Stiles, George Best, Brian Kidd, Bobby Charlton, Dennis Law, David Sadler y John Aston</b>. Diez años después de haber vivido un infierno en Munich, el Manchester tocaba el cielo en Londres. El United era campeón de Europa. Sólo un año después, sin hacer ruido, sin estridencias, sin afán de protagonismo, el bueno de Busby se levantó una mañana, citó a los periodistas y les anunció que dejaba su cargo como manager del club:</p>
<p><b>- Estoy cansado, lo dejo, me marcho. Es hora de dejar paso a los jóvenes.</b></p>
<p>No fue el único gran éxito de Busby, apodado '<b>Mr. Manchester United</b>'. A lo largo de su dilatada carrera, <b>Matt Busby fue jugador, entrenador, directivo, manager, presidente y seleccionador por partida dobl</b>e, ya que dirigió a Inglaterra en los Juegos Olímpicos de 1948 y posteriormente fue el encargado de regir los destinos de Escocia en 1958. Seleccionador, manager general y presidente. Además fue elegido vicepresidente de la Liga de Fútbol en 1982 y continuó hasta convertirse en un miembro vitalicio. Ganó una Copa de Europa, cinco títulos de Liga, dos Copas de Inglaterra, y dos títulos como Entrenador del Año del Imperio Británico. Su hoja de servicios se adornó aún más cuando recibió la Órden del Imperio Británico en 1958, creció cuando fue distinguido con el título honorífico de <b>'Sir' Matt Busby</b>, y entró a formar parte de la leyenda cuando fue nombrado <b>Caballero de San Jorge por Su Santidad El Papa en 1972</b>, en reconocimiento a sus innumerables contribuciones para los más desfavorecidos. Sin embargo, el título más valioso recibido por Busby fue, como él mismo confesó, el cariño sin límites de su afición, y el respeto de todo un país, que siempre se refirió a su persona como <b>‘Sir Manchester United'.</b></p>
<p>El día de su muerte, miles de hinchas colocaron flores en torno a <b>Old Trafford,</b> el templo del Manchester que el propio Busby había dejado como legado. Fue el mejor homenaje posible para un soñador escocés. Para un tipo que un día soñó con hacer campeón de Europa al Manchester y lo consiguió. Para el hijo de un minero que murió en la Gran Guerra a manos de los alemanes y que salvó su vida gracias a los médicos alemanes. El gran patriarca de los Diablos Rojos falleció la noche del 20 de enero de 1994, después de perder una larga batalla contra el cáncer. Antes había dejado un regalo en el césped de Old Trafford: el fichaje relámpago de un francés, <b>Eric Cantona, </b>que devolvería la gloria a su equipo en los años noventa. El corazón Busby, el padre del United, dejó de latir un jueves. Justo el mismo día de la semana en que su gran equipo, ‘<b><i>Los Inmortales Busby Boys',</i></b> se estrellaban a bordo de un avión.  Busby perdió su partido contra la muerte a la edad de 84 años. Genio del fútbol, pastor de almas e inspirador del trabajo en equipo, Matt Busy se ganó su parcela en el Olimpo de los Dioses del Fútbol. Allí, probablemente, instalado en un despacho celestial, planea el futuro de su Manchester United. Allí se bebe una buena pinta de cerveza con <a href="http://elhacha.wordpress.com/2008/01/28/edwards-muchos-cuerpos-solo-un-alma/" target="_blank"><b>Duncan Edwards</b></a>, bromea con <b>Roger Byrne</b> y le explica la táctica a <b>Eddie Colman</b>. Quién sabe si incluso Busby ya haya perdonado sus excesos a <b>George Best</b>, aquel genio que también murió sólo once años después, al acabar con el hígado hecho pedazos, debido a sus problemas con el alcohol. Lo único seguro es que, en el caso de<b> Sir Matt Busby</b>, su recuerdo es inmortal. <b>Así en la tierra, como en el cielo.</b></p>
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