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	<title>zaffaroni-e &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "zaffaroni-e"</description>
	<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 00:06:36 +0000</pubDate>

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<item>
<title><![CDATA[La Legitimacion del Control Penal de los "Extraños" - E.R. Zaffaroni]]></title>
<link>http://neopanopticum.wordpress.com/?p=51</link>
<pubDate>Mon, 25 Aug 2008 09:10:53 +0000</pubDate>
<dc:creator>Spartakku</dc:creator>
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<description><![CDATA[ 
Artículo tomado de: Zaffaroni, Eugenio Raúl: «La Legitimación del Control Penal de los Extrañ]]></description>
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<p style="text-align:justify;">Artículo tomado de: Zaffaroni, Eugenio Raúl: «<em>La Legitimación del Control Penal de los Extraños</em>», en Cancio Meliá/Gómez-Jara Díez [coord.], «<em>Derecho Penal del Enemigo. El Discurso Penal de la Exclusión</em>», Vol. 2. Madrid: EDISOFER S.L., 2006, pp. 1117-1147.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Nota:</strong> La numeración original del texto impreso se mantiene entre corchetes ( [ ] ) y con negritas. Números van al iniciar la página.</p>
<p><strong>[1117]</strong></p>
<p align="center">
<p align="center"><strong>LA LEGITIMACIÓN </strong><strong>DEL CONTROL PENAL<br />
</strong><strong>DE LOS "EXTRAÑOS"<a name="_ftnref1" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></strong><strong></strong></p>
<p><em> </em></p>
<p align="center"><em>A </em><em>la memoria </em><em>de </em><em>Alfonso Reyes Echandía</em></p>
<p align="center">Eugenio Raúl Zaffaroni (Buenos Aires)</p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;"><strong>1. Una idea </strong><strong>vieja en </strong><strong>un panorama </strong><strong>nuevo</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">En la <em>teorización </em><em>de la politica criminal, </em>siempre se postularon mayores cuotas de represión para los crímenes más graves, incluso, desde las posiciones más radicalizadas<a name="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>. Además, casi siempre se ha teorizado una represión diferente para los <em>no molestos </em>(a la policía) y otra para los <em>molestos, </em>destinando, para los últimos, medidas de segregación o eliminatorias, desproporcionadas con la gravedad de las infracciones cometidas. En consecuencia, no es ninguna novedad que se teorice una <em>represión penal plural: </em>por un lado, para los <em>patibularios (¡Mátenlos!) </em>y para los <em>locos y molestos (¡Fuera de aquí!), </em>y, por otro, para los <em>ocasionales (Gente más parecida a uno, que se equivoca).</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>[1118]</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Nada diferente es lo que ha propuesto Günther Jakobs en tiempos recientes<a name="_ftnref3" href="#_ftn3">[3]</a>, bajo la impresión de una categoría especial de patibularios, que serían los terroristas. Salvo su sinceridad y precisión -en el uso del calificativo de <em>enemigos-, </em>la propuesta no es novedosa. Se puede considerar que es la <em>conducta banal de un penalista </em>impresionado por hechos de inusitada gravedad.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, esta propuesta ha desatado un debate intenso y de tono inusual<a name="_ftnref4" href="#_ftn4">[4]</a>. ¿Por qué una idea más vieja que el penalismo -se remonta a los griegos- produce un escándalo? Se subestimaría la inteligencia de los críticos si se pensase que obedece sólo a la sincera terminología usada por Jakobs.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Nuestra hipótesis parte del presupuesto de que toda conducta es o no banal según el contexto y las circunstancias. </em>Entendemos que el profesor de Bonn dice en palabras más claras lo que otros muchos expresaron antes más confusamente, pero en un momento diferente. En esta etapa, el poder se <em>planetariza </em>y amenaza con una dictadura global; el potencial tecnológico de control informativo puede acabar con toda intimidad; el uso de ese potencial controlador no se limitaría a investigar a terroristas, como toda la experiencia histórica enseña; la comunicación masiva, de formidable poder técnico, está lanzada a una propaganda <em>völkisch </em>y vindicativa sin precedentes; el poder planetario fabrica enemigos en serie. Por ende, por mucho que se atavíe como jurídica, la reacción inusitada es política, porque <em>la cuestión que plantea es -y siempre fue- de esa naturaleza. </em>Prueba de ello es que el propio Jakobs se apoya en Hobbes y, por ende, en el punto central de la <em>soberanía, </em>cuestión clara de <em>ciencia política </em>y, precisamente, el nuevo panorama globalizador se caracteriza por un profundo cambio político.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>[1119]</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Los crímenes de destrucción masiva e indiscriminada del 11-S, del 11-M y del 7-J<a name="_ftnref5" href="#_ftn5">[5]</a> son expresiones de brutal violencia que configuran crímenes de lesa humanidad, pero que responden a otra violencia, y así podríamos seguir regresando. No es necesario caer en el extremo de sostener dogmáticamente que a toda violencia debe responderse con la no violencia, para verificar que <em>nunca un conflicto fue solucionado definitivamente por la violencia, </em>salvo que se confunda solución <em>definitiva </em>con solución <em>final </em>(genocidio). Los que no terminaron en genocidio, se solucionaron por la <em>negociación, </em>que pertenece al campo de la <em>politica. </em>Pero la globalización empobreció la política hasta reducirla a su mínima expresión. Las decisiones estructurales actuales asumen en la práctica la forma premoderna definida por Carl Schmitt, o sea, del mero poder de señalar al enemigo<a name="_ftnref6" href="#_ftn6">[6]</a>. Esto va delineando dos frentes: el de los Derechos Humanos y la negociación por un lado, cuyo bastión más importante se halla en Europa y en el campo académico de casi todo el mundo (incluyendo el de los Estados Unidos), y, por otro, el de la solución violenta que arrasa con los Derechos Humanos y acaba en el genocidio. La conciencia de la disyuntiva es mayor donde las experiencias de terrorismo de Estado permanecen en la memoria colectiva (Europa y América Latina), no así en los Estados Unidos, donde existieron otros abusos represivos, pero nunca su población padeció el terrorismo de Estado.</p>
<p style="text-align:justify;">En este contexto, proponernos admitir un <em>derecho penal del enemigo </em>deja de ser la conducta banal de los penalistas que casi siempre lo postularon, para recuperar su verdadera naturaleza, que es política. Y como tal, se vuelve políticamente intolerable, porque lo que hasta ayer era banal hoy se lee como <em>una suerte de deserción en la disputa política mundial.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Cabe aclarar que la propuesta de Jakobs es de la más absoluta buena fe, pues cuando propone distinguir un derecho penal para el <em>ciudadano </em>y otro para el <em>enemigo, </em>lo hace imaginando que ambos funcionen en un Estado de Derecho, como lo hicieron otros muchos <strong>[</strong><strong>1120]</strong> autores con anterioridad. Además, asume un fenómeno real, que es la <em>represivización </em>de la legislación penal, en una mezcla de retiro táctico y resignación, tratando de impedir la extensión del fenómeno a todo el derecho penal.</p>
<p style="text-align:justify;">Admitido el hecho de que la cuestión es política, nuestra hipótesis es que, en este campo, resulta intolerable la categoría jurídica de <em>enemigo </em>o <em>extraño </em>en el derecho ordinario (penal y/o administrativo), en el marco de un Estado de Derecho, y así lo ha sido siempre, aunque se lo haya teorizado con otros nombres. Intentaremos demostrar que esto sólo puede admitirse si se opta por un modelo de Estado absoluto, tal como lo postulaba Carl Schmitt.<!--more--></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>2. </strong><strong>Primeras precisiones conceptuales</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Las palabras abusadas se vuelven equívocas y en el lenguaje jurídico el desgaste es más grave, justamente porque demanda precisión. Por ello, no parece tolerable el deterioro semántico de la propia expresión <em>derecho penal.</em></p>
<p style="text-align:justify;">De cualquier discurso, incluso técnico, pueden extraerse frases como estas: (a) <em>El derecho penal no puede combatir la pobreza, </em>(b) <em>El derecho penal no pena esa conducta, </em>(c) <em>El derecho penal no analizó ese tema. </em>Un mismo sujeto gramatical, pero con tres sujetos semánticos diferentes: la frase (a) denota el poder punitivo del Estado como dato real, sociológico; la frase (b) tiene como sujeto a la legislación penal, y la frase (c) indica como omitentes a los teóricos o doctrinarios<a name="_ftnref7" href="#_ftn7">[7]</a>. Para afilar elementalmente el instrumento de la palabra, en lo sucesivo llamaremos al sujeto de la frase <em>(a) poder punitivo, </em>al de la frase (b) <em>legislación penal, </em>y reservaremos la denominación <em>derecho penal </em>para la doctrina jurídico penal (o saber o ciencia del derecho penal) de la frase (c).</p>
<p style="text-align:justify;">En tanto que el <em>derecho penal </em>(como ciencia) es obra de los juristas (penalistas), el <em>ejercicio real del poder punitivo </em>es obra de las agencias ejecutivas del Estado y la <em>legislación penal </em>es producida por <strong>[</strong><strong>1121]</strong> los órganos políticos competentes. El <em>derecho penal </em>(saber de los juristas) no está destinado al ejercicio del poder punitivo, que lo practican las agencias ejecutivas del Estado, sino a la programación de su contención, que deben llevarla a cabo los jueces y su jurisprudencia. <em>El derecho penal liberal está destinado a la contención jurídica del poder punitivo del Estado<a name="_ftnref8" href="#_ftn8"><strong>[8]</strong></a></em>, sin la cual el Estado de Derecho desaparece e impera el <em>estado de policía. </em>Este último no desaparece, sino que siempre permanece más o menos encapsulado por los estados de derecho históricos, pugnando por exceder sus límites<a name="_ftnref9" href="#_ftn9">[9]</a>, en <em>constante relación dialéctica.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>3. </strong><strong>El enemigo en el ejercicio del poder punitivo</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">El poder punitivo reapareció en las sociedades europeas hace ocho siglos, como instrumento de verticalización social corporativa de los estados nacionales. El propio poder central de la Iglesia se reafirmó con su poder punitivo, lanzado primero contra los disidentes (cataros), luego contra las brujas y más tarde contra los protestantes. El primer <em>enemigo </em>estuvo representado por las brujas, que pactaban con Satán, jefe de un ejército de demonios, invención montada sobre el prejuicio acerca de los <em>maleficia<a name="_ftnref10" href="#_ftn10"><strong>[10]</strong></a></em> y de la inferioridad de la mujer, reforzando la regulación jerarquizada de la sexualidad, consolidada junto con el poder punitivo<a name="_ftnref11" href="#_ftn11">[11]</a>. Esa organización corporativa permitió la empresa colonizadora sobre América y África, que puso en marcha una economía extractiva de materias primas y medios de pago<a name="_ftnref12" href="#_ftn12">[12]</a>, dando origen al capitalismo moderno, que acabó debilitando a las potencias <strong>[</strong><strong>1122]</strong> colonizadoras y fortaleciendo a las neocolonizadoras<a name="_ftnref13" href="#_ftn13">[13]</a>, desplazando la hegemonía mundial de España y Portugal a las potencias del centro y norte de Europa.</p>
<p style="text-align:justify;">A lo largo de este largo curso de acontecimientos, la represión siempre se ejerció de modo diferente, según sus destinatarios fuesen <em>iguales </em>o <em>extraños. </em>Los <em>iguales </em>siempre merecieron otra consideración, salvo cuando fuesen políticos disidentes, supuesto en el que eran tratados como <em>extraños. </em>El trato a los <em>extraños </em>distinguía entre <em>infractores graves </em>(los directamente enemigos), <em>molestos </em>(enemigos indirectos: con su conducta desafían el orden vertical) <em>y simplemente inferiores </em>(enemigos potenciales por indisciplina). Los <em>infractores graves </em>(crímenes graves o disidentes) eran eliminados mediante la muerte; los <em>molestos </em>eran eliminados con su incorporación forzada a los ejércitos<a name="_ftnref14" href="#_ftn14">[14]</a> o a la producción de energía motriz (pena de galeras). Los <em>simplemente inferiores </em>eran explotados (indios, siervos y negros) y sometidos a eliminación ejemplarizante por muerte en caso de resistencia, o fuertemente controlados (mujeres y niños; los ancianos no contaban por su escaso número).</p>
<p style="text-align:justify;">Este panorama se mantuvo hasta la Revolución Industrial, que dio lugar a cambios que no borraron el control penal diferenciado, pero lo atenuaron (a veces más discursiva que realmente). No obstante, asentada la nueva clase hegemónica en el poder, se reafirmó la <em>dualidad de tratos penales: </em>mientras se mantenían las garantías para los <em>iguales, </em>pocos cambios se introducían para los <em>extraños. </em>Aunque la pena de muerte se redujo, a los <em>criminales graves </em>(asesinos) y a los <em>disidentes </em>(<em>Comuna de París, </em>por ejemplo) se los mataba, con lo cual dejaban de ser problema. A los <em>molestos </em>se los eliminaba, manteniéndolos en prisiones con altas tasas de mortalidad<a name="_ftnref15" href="#_ftn15">[15]</a>, sometidos a juicios <strong>[</strong><strong>1123]</strong> interminables<a name="_ftnref16" href="#_ftn16">[16]</a>, o bien deportándolos (procedimiento llevado a cabo especialmente por Gran Bretaña y Francia<a name="_ftnref17" href="#_ftn17">[17]</a>, pero también por la Argentina<a name="_ftnref18" href="#_ftn18">[18]</a>), o sea que, si bien la prisión reemplazó en muchos casos a la muerte, era una pena de muerte por azar en las metrópolis, al igual que la pena de deportación que reemplazó a la <em>leva </em>y a las galeras, insostenibles en razón de la tecnificación de la guerra y de la introducción de la navegación a vapor.</p>
<p style="text-align:justify;">En el siglo pasado, si bien se mantuvo la dualidad del poder punitivo, hubo modelos bien diferenciados. Creemos que son demostrativos de los modelos ensayados, los siguientes diferentes ejercicios del poder punitivo: (a) el modelo europeo autoritario de entreguerras; (b) el europeo democrático dominante en la actualidad en la Unión Europea; (c) el modelo norteamericano actual; (d) el latinoamericano de seguridad nacional y (e) el latinoamericano dominante en la actualidad.</p>
<p style="text-align:justify;">(a) En los autoritarismos de entreguerras (nazismo, fascismo, stalinismo) se distinguió claramente entre los <em>extraños y disidentes </em>y los <em>iguales. </em>Los <em>disidentes </em>fueron sometidos a tribunales policiales especiales o ejecutados sin proceso. Los <em>criminales graves </em>también eran eliminados físicamente. Los <em>molestos, </em>llamados <em>extraños a la comunidad </em>en el nazismo y <em>parásitos </em>en el stalinismo, eran destinados a campos de concentración eliminatorios. Los <em>iguales </em>eran tratados conforme a la legislación penal de la que se ocupan los manuales de la época.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>[1124]</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">(b) En los países de la Unión Europea, tampoco los <em>extraños </em>son tratados como los <em>iguales. </em>Casi todas las legislaciones reconocen <em>medidas de seguridad </em>para <em>extraños, </em>que reemplazan a las viejas penas de relegación para quienes parecen incurrir en una conducta de vida indeseable. Los criminales graves reciben penas largas, aunque no se llega a la eliminación. Los <em>disidentes </em>son tratados con mayor consideración, debido a la tolerancia y pluralismo social. Aunque no desaparece totalmente la diversidad de represiones, la escisión entre <em>criminales graves, disidentes </em>y <em>extraños, </em>por una lado, e <em>iguales </em>por el otro, se atenúa en gran medida.</p>
<p style="text-align:justify;">(c) La represión montada en los Estados Unidos en las últimas décadas -y que se aparta de su tradición anterior- configura un modelo premoderno realizado con alta tecnología y recursos financieros ilimitados. La represión diferencial se acentúa como los modelos preindustriales: los <em>criminales graves </em>son eliminados por muerte o reclusión perpetua; los <em>extraños </em>y <em>disidentes </em>son sometidos a eliminación con penas larguísimas, perpetuas o indeterminadas <em>(three strikes out); </em>la población penal dominante, en número absurdamente alto, pertenece a minorías afro o latinoamericana y se la condena mediante el forzamiento a la negociación. Los <em>iguales </em>son tratados con la legislación penal explicada en los manuales. La legislación penal antiterrorista <em>(ley patriótica) </em>cancela garantías constitucionales. Es el <em>único </em><em>país </em><em>de América en el que se sigue prodigando la pena de muerte<a name="_ftnref19" href="#_ftn19"><strong>[19]</strong></a></em> <em>y que mantiene una población penal que se cuantifica por millones, </em>sostenida por una publicidad vindicativa <em>völkisch, </em>que se extiende por todo el planeta, al tiempo que comienza a legalizar un sistema penal paralelo para terroristas.</p>
<p style="text-align:justify;">(d) Las dictaduras de seguridad nacional latinoamericanas aplicaron penas eliminatorias para los <em>criminales graves </em>(reclusión perpetua, en mucha menor medida pena de muerte formal), medidas eliminatorias para los <em>molestos </em>o ejecuciones policiales sin proceso; pero establecieron dos sistemas penales para los <em>disidentes: </em>un <em>sistema penal paralelo </em>que los eliminaba mediante detenciones administrativas ilimitadas (invocando <em>estado de sitio </em>o de <em>guerra), </em>y otro <strong>[</strong><strong>1125] </strong><em>sistema penal subterráneo, </em>que procedía a la eliminación directa por muerte y desaparición forzada, sin proceso alguno<a name="_ftnref20" href="#_ftn20">[20]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">(e) En la actualidad, la represión latinoamericana de los <em>criminales graves </em>se lleva a cabo con reclusiones perpetuas; los <em>molestos </em>siguen siendo eliminados con medidas administrativas, penas desproporcionadas (para reincidentes) e internación en cárceles donde se reconocen altísimos índices de violencia, mortalidad y morbilidad, o sea, con alta probabilidad de eliminación física, sin que hayan desaparecido las ejecuciones policiales y parapoliciales sin proceso. Los <em>disidentes </em>son tolerados en mayor medida, aunque aumenta la represión respecto de la protesta social. Los <em>iguales </em>suelen gozar de los beneficios y garantías de los manuales, especialmente la excarcelación durante el proceso, que en la práctica es casi un indulto, toda vez que cerca de tres cuartas partes de la población penal no está condenada.</p>
<p style="text-align:justify;">Con lo reseñado verificamos, (a) por un lado, que siempre se reprimió y controló de modo diferente a los <em>iguales </em>y a los <em>extraños, </em>(b) por otro, que cuanto más abierta, igualitaria y tolerante es un sociedad, las diferencias de trato represivo entre <em>iguales </em>y <em>extraños </em>se atenúan, como sucede en los países de la Unión Europea, (c) Además, los marbetes han recaído sobre estereotipos muy diferentes, según la emergencia invocada, o sea, que la calidad de <em>extraño </em>se repartió con notoria <em>arbitrariedad. </em>Dicho en otros términos: <em>¿Quién individualizó siempre al enemigo o extraño? El poder coyuntural. ¿Cómo lo hizo? Como le convino. ¿A quién le aplicó la etiqueta? A quien lo enfrentaba o molestaba, real, imaginaria o potencialmente. </em>Como veremos al ocuparnos de la ciencia política, existe una corriente que ante esta verificación se entusiasma con que así sea, considerando que toda otra posición es una <em>tentativa judía de socavar la potencia del estado<a name="_ftnref21" href="#_ftn21"><strong>[21]</strong></a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>4. </strong><strong>El saber jurídico penal del enemigo</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">(a) La <em>prehistoria del derecho penal del enemigo </em>puede buscarse en Protagoras y en Platón. Este último desarrolló, por vez primera en el pensamiento occidental, la idea de que el infractor es inferior por su incapacidad para acceder al mundo de las ideas puras y, cuando ésta sea irreversible, debe ser eliminado<a name="_ftnref22" href="#_ftn22">[22]</a>. Protagoras sostenía una teoría preventiva general y especial de la pena, pero también postulaba un <em>derecho penal diferencial: </em>los incorregibles debían ser excluidos de la sociedad<a name="_ftnref23" href="#_ftn23">[23]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">(b) Pero desde el restablecimiento del poder punitivo hace ocho siglos, toda teoría de pluralidad de derechos penales se basó en <em>emergencias, </em>o sea, en amenazas a la supervivencia misma de la sociedad, que asumían el carácter de <em>guerras </em>y, por ende, <em>reducían el derecho penal a derecho administrativo y las penas a coerción directa<a name="_ftnref24" href="#_ftn24"><strong>[24]</strong></a></em>. La primera emergencia fue teorizada por los criminólogos medievales, llamados <em>demonólogos, </em>provenientes de la orden de los dominicos<a name="_ftnref25" href="#_ftn25">[25]</a>, y sintetizada en el famoso <em>Malleus Maleficarum, </em>primera teorización con modelo integrado de criminología etiológica, derecho penal, procesal penal y criminalística<a name="_ftnref26" href="#_ftn26">[26]</a>. El procedimiento inquisitorial obligaba, mediante tortura a denunciar a otros sospechosos, de modo reproductivo al infinito. Las ventajas que este método tenía para el poder rápidamente fueron extendidas a los tribunales laicos, donde se aplicó con mayor extensión, aún que en los eclesiásticos. Los jueces/policías/ inquisidores se consideraban inmunes al mal del demonio. La etiología del mal (brujería) respondía a un discurso <em>teocrático/biologista, </em>fundado en la inferioridad de la mujer (más vulnerable a la tentación maligna) por falla genética (provenía de una costilla curva del hombre), <strong>[</strong><strong>1127</strong><strong>]</strong> encontraban signos físicos de esa inferioridad (marcas del diablo), ocultaban la tortura con denominaciones neutras, etc.<a name="_ftnref27" href="#_ftn27">[27]</a>. Los peores enemigos eran quienes negaban la existencia o el poder de las brujas, pues consideraban que la brujería era un crimen más grave que el pecado original.</p>
<p style="text-align:justify;">(c) Con la modernidad, se dejaron de lado las teorizaciones basadas en discursos teocrático/biologistas. Se retomó el idealismo platónico y se tendió a dejar al <em>extraño </em>fuera del derecho penal para librarlo a medidas policiales (derecho administrativo), en especial, si se trataba de <em>molestos </em>o <em>indisciplinados (peligrosos potenciales). </em>Esto puede teorizarse partiendo del propio Hegel, pues desde que para éste toda relación jurídica presupone la libertad de la voluntad, quien no es <em>autoconsciente </em>no puede entrar en esa relación, pues <em>el campo del derecho es lo espiritual, y su lugar preciso y punto de partida es la voluntad, que es libre, de suerte que la libertad constituye su sustancia y determinación; y el sistema del Derecho es el reino de la libertad realizada, el mundo del espíritu expresado por sí mismo, como en una segunda naturaleza<a name="_ftnref28" href="#_ftn28"><strong>[28]</strong></a>. </em>Como el <em>extraño </em>no es <em>autoconsciente, </em>no comparte esa <em>segunda naturaleza; </em>por ende, no puede ser sometido a pena, porque no actúa con relevancia jurídica y no puede cometer un delito, sino sólo representar un peligro, como un animal fugado del zoológico. De allí sólo hay un paso para convertirlo en enemigo cuando sea <em>refractario. </em>Justo es reconocer que Hegel no recorrió este camino, aunque sus peyoraciones respecto de las culturas colonizadas permitirían inferirlo<a name="_ftnref29" href="#_ftn29">[29]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">(d) Con la abierta vuelta al inquisitivo, operada por el <em>positivismo criminológico, se teorizó todo el derecho penal como derecho administrativo y todas las penas como medidas de coerción directa frente a peligros. El principio inquisitorio, en definitiva, acaba con el derecho penal y lo disuelve en el administrativo. </em>Cuatro siglos después del <em>Malleus, </em>el positivismo criminológico, con el mismo esquema <strong>[</strong><strong>1128]</strong> integrado de criminologia etiológica, derecho penal, procesal penal y criminalística, volvió desembozadamente al sistema inquisitivo. El <em>extraño, </em>tanto el criminal grave como el disidente<a name="_ftnref30" href="#_ftn30">[30]</a>, volvió a ser biológicamente inferior, no en razón de género como en el caso de las brujas<a name="_ftnref31" href="#_ftn31">[31]</a>, sino por patológico o porque se consideraba que pertenecía a una raza no suficientemente evolucionada (es un colonizado nacido por accidente en Europa<a name="_ftnref32" href="#_ftn32">[32]</a>) o por ser un <em>degenerado </em>(producto involutivo de una raza superior)<a name="_ftnref33" href="#_ftn33">[33]</a>. La pena desapareció, reemplazada <strong>[</strong><strong>1129]</strong> por medidas administrativas de coerción directa destinadas a contener el peligro que los infractores presentaban para la sociedad. Los jueces asumían la función de policías (como en el <em>Malleus) </em>y, por supuesto, los <em>extraños </em>(reconocibles por el estereotipo) resultaban mucho más peligrosos que los <em>iguales </em>y, dada su inferioridad inmodifícable, sólo cabía eliminarlos. El planteo teórico cancelaba el viejo trato diferencial de matriz hegeliana, los <em>iguales </em>también eran sometidos a medidas policiales, sólo que las destinadas a los <em>extraños </em>eran eliminatorias.</p>
<p style="text-align:justify;">Las expresiones más groseras de esta <em>peligrosidad </em>pertenecen a Rafael Garofalo, quien afirmaba que la ciencia penal tiene por objeto la defensa contra los <em>enemigos naturales de la sociedad<a name="_ftnref34" href="#_ftn34"><strong>[34]</strong></a> </em>y que la indulgencia de los magistrados no es más que <em>el triunfo de la lógica conseguido a expensas de la seguridad y moralidad sociales<a name="_ftnref35" href="#_ftn35"><strong>[35]</strong></a>. A los ojos del pueblo </em>-escribía, en lo que parece el mejor tono de la publicidad vindicativa de comienzos del siglo XXI- <em>los códigos, los procedimientos y el mismo Poder Judicial, parece que se han puesto de acuerdo para proteger al criminal contra la sociedad, más bien que a la sociedad contra el criminal<a name="_ftnref36" href="#_ftn36"><strong>[36]</strong></a>. </em>Como seguidor de Spencer<a name="_ftnref37" href="#_ftn37">[37]</a>, afirmaba que la sociedad debe producir un equivalente a la selección natural de Darwin<a name="_ftnref38" href="#_ftn38">[38]</a> y, por ende, los enemigos deben eliminarse, pues <em>mediante una matanza en el campo de batalla la nación se defiende contra sus enemigos exteriores; mediante una ejecución capital, de sus enemigos interiores<a name="_ftnref39" href="#_ftn39"><strong>[39]</strong></a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Los <em>enemigos </em>no se agotaban en los <em>criminales graves, </em>sino que esta clasificación abarcaba a los <em>molestos </em>(pequeños ladrones, <strong>[</strong><strong>1130]</strong> prostitutas, homosexuales, ebrios, vagabundos, jugadores, etc.), caracterizados como <em>clases peligrosas<a name="_ftnref40" href="#_ftn40"><strong>[40]</strong></a>, </em>luego bautizadas como <em>mala vida </em>y objeto de literatura con pretensiones de trabajos de campo<a name="_ftnref41" href="#_ftn41">[41]</a>. Para ellos destinaban penas sin delito (medidas detentivas policiales ilimitadas<a name="_ftnref42" href="#_ftn42">[42]</a>). (e) En la variante más juridizante del positivismo, Franz von Liszt proponía la imposición de penas resocializadoras para los <em>iguales, </em>un tanto equivocados, y penas meramente intimidantes para los ocasionales <em>(muy iguales); </em>pero respecto de los incorregibles (los verdaderos <em>extraños, </em>que abarcaban las categorías de criminales graves y molestos), ante la imposibilidad de matarlos o deportarlos, optaba por imponerles penas eliminatorias: <em>La sociedad </em>-escribía- <em>debe protegerse de los irrecuperables, y como no podemos decapitar ni ahorcar, y como no nos es dado deportar, no nos queda otra cosa que la privación de libertad de por vida (en su caso, por tiempo indeterminado)<a name="_ftnref43" href="#_ftn43"><strong>[43]</strong></a></em>. Esta última categoría se dificultaba a medida que la doctrina volvía al idealismo y, por ende, al retomarse el esquema que puede remontarse a Hegel, su discípulo Karl Stooss la reemplazó con <strong>[</strong><strong>1131]</strong> medidas administrativas policiales<a name="_ftnref44" href="#_ftn44">[44]</a>, inventando lo que hoy se conoce como <em>medidas de seguridad<a name="_ftnref45" href="#_ftn45"><strong>[45]</strong></a></em>. Desde el proyecto suizo de Stooss se teoriza un derecho penal para <em>iguales </em>y otro para <em>extraños, </em>destinando a los primeros penas retributivas y a los segundos <em>medidas </em>que están con un pie en el penal y otro en la coerción administrativa directa, pues responden a la <em>peligrosidad positivista. </em>En definitiva, son penas sin los límites ni garantías de las penas, por lo cual, desde temprano, se denunció el <em>embuste de las etiquetas<a name="_ftnref46" href="#_ftn46"><strong>[46]</strong></a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;">La combinación de este derecho penal escindido, que permite un desarrollo idealista para los <em>iguales </em>(personas) y otro determinista para los <em>extraños </em>(entes peligrosos), se llevó a cabo de dos maneras: la <em>vicariante </em>y la de la <em>doble vía. </em>En ambas, al decididamente <em>extraño </em>se le impone la medida, pero en los casos en que no puede asegurarse totalmente esa calidad del sujeto, en el <em>sistema </em><em>vicariante </em>se autoriza al juez para que reemplace la pena por la medida, en tanto que en el <em>sistema de la doble vía </em>se impone la pena y además la medida. Este último criterio, sin duda el más autoritario, fue adoptado en 1930 por el <em>Codice Rocco. </em>No puede caber duda respecto de que las medidas detentivas indeterminadas de los textos que siguen al código fascista están destinadas a la eliminación de <em>enemigos </em>(criminales <em>graves </em>por un lado y <em>molestos </em>por el otro, llamados <em>habituales, profesionales, </em>etc.).</p>
<p style="text-align:justify;">(f) La elaboración más extrema del tema del trato penal diferencial al <em>extraño </em>o <em>enemigo </em>la llevó a cabo Edmund Mezger<a name="_ftnref47" href="#_ftn47">[47]</a>, quien participó junto a Franz Exner en la elaboración de un proyecto sobre <em>extraños a la comunidad </em><em>(Gemeinschaftsfremde), </em>destinado a eliminarlos en los campos de concentración y que, por cierto, eran los mismos que, para los positivistas, configuraban la mala vida e incurrían en peligrosidad sin delito<a name="_ftnref48" href="#_ftn48">[48]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">Mezger usó indistintamente los conceptos de <em>enemistad al derecho </em><em>(Rechtsfeindlichkeit) </em>y de <em>ceguera al derecho </em><em>(Rechtsblindheit), </em>refiriéndose <em>a una actitud que no está de acuerdo con la </em>sana intuición del pueblo <em>sobre lo justo y lo injusto, de modo que, bajo condiciones normales, no deba disculpar, sino por el contrario, configurar el fundamento de la punición<a name="_ftnref49" href="#_ftn49"><strong>[49]</strong></a></em>. Los ejemplos terroríficos de esta enemistad eran los <em>ultrajes a la raza </em>(relaciones sexuales entre alemanes y judíos, penadas con muerte), el aborto y la sodomía<a name="_ftnref50" href="#_ftn50">[50]</a>. El <em>extraño a la comunidad </em>era quien <em>por su personalidad o por su forma de conducción de vida, especialmente por sus extraordinarios defectos de comprensión o de carácter sea incapaz de cumplir con sus propias fuerzas las exigencias mínimas de la comunidad del pueblo<a name="_ftnref51" href="#_ftn51"><strong>[51]</strong></a></em>. De esta definición se deduce que los <em>extraños </em>eran los <em>molestos </em>de la <em>mala vida </em>positivista.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>5. </strong><strong>El enemigo, extraño u <em>hostis </em>en la teoría política</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">(a) El derecho penal tradicional se limitó a discutir si el tratamiento penal diferenciado de los <em>enemigos </em>o <em>extraños, </em>destinado a la neutralización del peligro que representan, es materia del propio derecho penal o del derecho administrativo (policial) y a decidir la entidad de la neutralización (desde las <em>medidas de seguridad </em>de Stooss hasta la eliminación genocida de Mezger). Con ello <em>presupuso que </em><strong>[</strong><strong>1133]</strong> <em>era políticamente admisible </em>la categoría del <em>extraño </em>proveniente del derecho romano, donde el <em>extranjero, </em>el <em>extraño, </em>el <em>enemigo, </em>el <em>hostis, </em>era el que carecía de derechos en absoluto, que estaba <em>fuera de la comunidad<a name="_ftnref52" href="#_ftn52"><strong>[52]</strong></a></em><em>. </em>La pena máxima era la expulsión de la comunidad, el <em>exilio, </em>justamente por dejar al sujeto en la situación de <em>extranjero, extraño, enemigo, </em>privado de todo derecho<a name="_ftnref53" href="#_ftn53">[53]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">(b) Por mucho que maticemos la idea, cuando distinguimos entre <em>ciudadanos </em>(personas) y <em>enemigos </em>(no personas), nos estamos refiriendo a humanos que son privados de ciertos derechos individuales<a name="_ftnref54" href="#_ftn54">[54]</a>. La pregunta política, o sea, el <em>Kernel </em>de la cuestión, consiste en determinar <em>si es política y jurídicamente admisible una versión actualizada del concepto de "hostis" del derecho romano.</em></p>
<p style="text-align:justify;">El debate actual en torno al derecho penal del enemigo propuesto por Jakobs hace referencia a otras explicaciones de la represivización actual, como el derecho penal simbólico, la expansión del derecho penal, el derecho penal a varias velocidades, etc., y se critica la tesis de este autor al sostener que se trata de introducir un derecho penal de autor<a name="_ftnref55" href="#_ftn55">[55]</a>. Pero lo cierto es que la única forma de admitir un derecho <strong>[</strong><strong>1134]</strong> penal del enemigo, <em>realmente limitado a los enemigos, </em>sería como un extremo derecho penal de autor, es decir, limitado a un grupo de personas identificables incluso por características físicas, pues de lo contrario, lo que se discute no es si se puede tratar a algunos <em>extraños </em>de manera diferenciada, sino <em>si el estado de derecho puede limitar las garantías y libertades de todos los ciudadanos. </em>Esto es así, porque al permitir la intervención de las comunicaciones privadas se afecta la intimidad de todos, al limitar garantías procesales se pone a todos en riesgo de ser indebidamente procesados y hasta condenados por terrorismo, al tipificar actos preparatorios equívocos se conmina con pena a todos por conductas que, en la mayoría de los casos, son inofensivas (comprar un precursor para pintar la casa o abonar el jardín, llevar dinero para comprar legalmente una propiedad, llevar cortaúñas en un avión, bromear sobre alguna medida de seguridad, omitir la declaración de una transferencia bancaria, etc.). Vale decir que la pretendidamente novedosa anticipación de la tipificación sigue el camino casi dos veces milenario de la <em>lex </em><em>Julia </em>contra crímenes de lesa majestad, con cuya ampliación se llegó a penar la tenencia y fabricación de tela púrpura, por implicar el riesgo de preparación de un magnicidio<a name="_ftnref56" href="#_ftn56">[56]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">Por ende, la discusión es claramente política: primero, si es admisible en el estado de derecho la categoría de <em>enemigo </em>u <em>hostis </em>romano y, segundo, <em>si sobre la base de ella se pueden limitar los derechos y garantías de todos los habitantes. </em>Estas preguntas políticas no son independientes, pues descartando que el <em>hostis </em>se refiera a un grupo étnicamente diferenciado, su admisión importa una limitación a la libertad ciudadana. Es decir que el tratamiento penal diferenciado del <em>hostis </em>implica una <em>lesión a los límites del estado respecto del ciudadano, o sea, que es un tratamiento más represivo para todos, lo que se compagina mucho más con el estado absoluto que con el estado de derecho.</em></p>
<p style="text-align:justify;">(b) Jakobs se percata de la naturaleza política de la pregunta, pero la deriva a una disyuntiva polarizante discutible: muestra como <strong>[</strong><strong>1135]</strong> posiciones radicales las de Rousseau y Fichte, para quienes todos los delincuentes serían enemigos, y como moderados a Hobbes y a Kant, para quienes sólo algunos lo serían. No es corriente en filosofia que se opongan pensadores de esta forma<a name="_ftnref57" href="#_ftn57">[57]</a>, sino que a Hobbes usualmente se le opone Locke. Por otra parte, no son tan radicales las posiciones de Rousseau y de Fichte.</p>
<p style="text-align:justify;">En principio, Rousseau es contradictorio, parece referirse sólo a los asesinos y no a cualquier delincuente y, además, sólo admite que se le quite la vida a quien no se puede conservar sin peligro y, como si esto fuese poco, en el mismo libro afirma que el Estado sólo puede tener por enemigo a otro Estado y nunca a una persona<a name="_ftnref58" href="#_ftn58">[58]</a>. En el caso de Fichte, creemos que una lectura más atenta permite entender que si bien no propone un derecho penal del enemigo, sostiene que éstos deben ser materia del derecho administrativo, considerando tales sólo a los asesinos, incorregibles y traidores, para quienes reserva nada menos que la pena de muerte como medida eliminatoria <strong>[</strong><strong>1136]</strong> administrativa<a name="_ftnref59" href="#_ftn59">[59]</a>. Quizá allí se pueda encontrar la primera referencia a la famosa frase stalinista, que pretendía que la pena de muerte no era pena, sino la máxima medida de defensa social.</p>
<p style="text-align:justify;">(c) La verdadera confrontación en el pensamiento político se produce entre Hobbes y Locke. Partiendo de que el ser humano desarrolla sus facultades por su deseo de poder<a name="_ftnref60" href="#_ftn60">[60]</a>, Hobbes entiende que la competición, la desconfianza y el deseo de guerra son las causas de las disputas, que en estado de naturaleza determinan un estado de guerra permanente<a name="_ftnref61" href="#_ftn61">[61]</a>, en el cual no hay derechos, pues cada uno tiene lo que puede obtener, y tampoco hay juicios morales. Para poner fin a este estado, los humanos celebran el contrato social, por el cual entregan todo el poder al soberano, que no es parte del contrato, pues éste se celebra entre los súbditos<a name="_ftnref62" href="#_ftn62">[62]</a>. Como esta soberanía es lo único que puede contener la guerra, no puede ser parcial: la soberanía debe ser total. Mal puede retener un derecho el súbdito, porque antes de la soberanía no hay derechos.</p>
<p style="text-align:justify;">Hobbes no admite la resistencia al soberano, que importaría reintroducir el <em>bellum </em><em>omnium </em><em>contra omnes, </em>la <em>guerra de todos contra todos, </em>y precisamente por eso, quien resiste el poder del soberano no es penado, sino sometido a contención forzada, porque no es un <strong>[</strong><strong>1137]</strong> delincuente sino un enemigo<a name="_ftnref63" href="#_ftn63">[63]</a> que, con su resistencia reintroduce la guerra. Por grave que sea un delito, su autor no es un enemigo, pero quien resiste al soberano es el enemigo, porque se vuelve <em>extraño </em>o <em>extranjero </em>al salir del contrato con su propio acto de resistencia.</p>
<p style="text-align:justify;">El pensamiento que se opone a esta idea de estado absoluto de Hobbes es el de Locke, para quien en el estado de naturaleza existe una ley natural y, por lo tanto, existen derechos<a name="_ftnref64" href="#_ftn64">[64]</a>. La <em>metáfora contractualista </em>de Locke es <em>mucho más realista </em>que la de Hobbes, pues está implícito que la sociedad civil es anterior al estado, de lo que algunos deducen que presupone dos contratos. Lo cierto es que una vez constituida la sociedad civil, la mayoría decide el contrato estatal y, por ende, no puede ceder en éste todos los derechos, sino sólo lo necesario para la conservación y perfeccionamiento de esos derechos. La resistencia legítima que derroca al soberano, para Locke no disuelve la sociedad civil, como lo pretende Hobbes. <em>Para Locke, </em><em>como crítico de la monarquía absoluta, quien realiza un acto de resistencia legitimo reclamando el respeto de derechos anteriores al contrato estatal, es un ciudadano que ejerce su derecho; para Hobbes, como defensor del estado absoluto, es un enemigo al que es menester contener con fuerza ilimitada, sin respetar siquiera los márgenes de la pena, porque ha dejado de ser un súbdito. Quien </em><em>para Locke </em><em>ejerce el derecho de resistencia a la opresión es para Hobbes un enemigo peor que un criminal. </em><em>Para Locke </em><em>el soberano que abusa del poder </em><strong>[</strong><strong>1138] </strong><em>pierde su condición de tal y pasa a ser una persona más; para Hobbes es el súbdito que resiste el abuso de poder del soberano quien pierde su condición y pasa a ser un enemigo.</em></p>
<p style="text-align:justify;">(d) En apoyo de su tesis, Jakobs cita también a Kant, y especialmente hace hincapié en la nota de éste a la sección segunda de su tratado <em>Sobre la paz perpetua, </em>de 1795<a name="_ftnref65" href="#_ftn65">[65]</a>. Kant afirma allí que puede haber pueblos o seres humanos en estado de naturaleza, cuya sola presencia anárquica representa un peligro y, en tales condiciones, existe el derecho a obligarles a entrar en el contrato. Cualquiera puede forzar a quien se obstina en permanecer fuera del contrato a que se incorpore a él, pues es la única forma de garantizar la paz. En este sentido, Kant seguía la tradición de Hobbes y negaba el derecho de resistencia a la opresión, pues la destrucción del estado implicaba la pérdida de la garantía externa del imperativo categórico y, por ende, la vuelta al estado de naturaleza y a la guerra de todos contra todos<a name="_ftnref66" href="#_ftn66">[66]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">En la misma línea de Locke, Feuerbach respondió a Kant en 1798 publicando su <em>Anti-Hobbes<a name="_ftnref67" href="#_ftn67"><strong>[67]</strong></a> </em>que, en rigor de verdad, fue un <em>AntiKant<a name="_ftnref68" href="#_ftn68"><strong>[68]</strong></a></em>. Feuerbach defiende los derechos anteriores al contrato, afirmando que en el estado natural también existen derechos, como existe ante la razón el derecho a la libertad del africano vendido como esclavo, aunque no pueda ejercerlo porque la fuerza se lo impida. Para Feuerbach, el soberano es parte del contrato y por éste se le cede el derecho a escoger los medios para realizar sus fines. La disidencia respecto de las decisiones políticas no puede fundar ningún derecho de resistencia, que sólo aparece cuando el soberano actúa contra la sociedad civil y pretende volverla al estado de naturaleza. Por <strong>[</strong><strong>1139]</strong> apartarse de los fines asignados por el contrato a la soberanía, entiende que el soberano pierde su carácter de tal y, por ende, la resistencia no es contra el soberano sino contra un particular con poder. No hay derecho de resistencia al soberano, sino a quien ha dejado de serlo por apartarse de los fines que en el contrato se le asignan al ejercicio de la soberanía. De no admitirse esta resistencia, se caería en la contradicción de sostener que el contrato impone el deber de obedecer a quien quiere destruir la sociedad.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto explica el iusnaturalismo liberal de Feuerbach: no hay únicamente una razón práctica moral, sino también una razón práctica jurídica, que indica lo que se puede hacer al ejercer derechos anteriores al contrato estatal<a name="_ftnref69" href="#_ftn69">[69]</a>. En tanto que la primera indica el deber moral, la segunda indica el espacio jurídico como derecho subjetivo, con independencia de la voluntad del soberano.</p>
<p style="text-align:justify;">Creemos que queda claramente demostrado que la cuestión del enemigo pasa por una contraposición entre el estado absoluto y el estado liberal, entre Hobbes y Locke primero y entre Kant y Feuerbach después, cuya clave se halla en el derecho de resistencia a la opresión, que los partidarios del estado absoluto no sólo niegan, sino que asignan el carácter de enemigo a quien pretende ejercerlo.</p>
<p style="text-align:justify;">(e) La tesis de Hobbes presenta dos contradicciones importantes que pueden resumirse en una, y que no han pasado por alto los pensadores posteriores. La primera es la que le señaló la <em>crítica liberal, </em>o sea, nuestro Anselm von Feuerbach, y a la que acabamos de referirnos: si es el propio soberano quien reintroduce el <em>bellum </em><em>omnium </em><em>contra omnes, </em>resulta absurdo que los ciudadanos deban permanecer asistiendo impasibles a la destrucción social. En este sentido, su estado resulta <em>demasiado absoluto. </em>Pero en otro sentido, también el estado de Hobbes es <em>poco absoluto </em>y con ello cae también en otra contradicción, ésta señalada por la <em>crítica autoritaria: </em>Hobbes escribía bajo la impresión de las guerras religiosas y se detenía ante el <em>fuero interno, </em>distinguía entre lo <em>privado </em>y lo <em>público, </em>su <em>Leviathan </em><em>llegaba hasta el límite de lo privado </em>pero no penetraba en él. En la <strong>[</strong><strong>1140] </strong>cuestión de la fe, en los milagros<a name="_ftnref70" href="#_ftn70">[70]</a>, el soberano decide en qué milagros se debe creer, pero <em>se refiere al culto público, no al fuero interno. </em>La fe es una cuestión íntima, su profesión es pública, y en la primera el <em>Leviathan </em>no entra.</p>
<p style="text-align:justify;">Carl Schmitt, el más penetrante teórico reaccionario del siglo pasado, advirtió, en 1938, que <em>esto resultó ser el germen mortal que destruyó desde adentro al poderoso </em>Leviathan <em>y mató al dios mortal. Ya pocos años después de la publicación </em>-agrega en referencia a Spinoza- <em>cayó la mirada del primer judío liberal sobre la fisura apenas visible<a name="_ftnref71" href="#_ftn71"><strong>[71]</strong></a></em><em>. </em>Delira luego Schmitt afirmando que prácticamente toda la distinción entre moral y derecho -la conquista más preciada de la civilización europea<a name="_ftnref72" href="#_ftn72">[72]</a>- desde Christian Thomasius en adelante, pasando por Kant, son subterfugios judíos para <em>minar y socavar la potencia del estado como el mejor medio para paralizar a los pueblos extraños y para emancipar al propio pueblo judío<a name="_ftnref73" href="#_ftn73"><strong>[73]</strong></a></em>. Pero el delirio nazi no debe ocultarnos la verdad de la contradicción señalada: <em>si el soberano no puede entrometerse en el fuero interno, cuando lo haga no queda otra alternativa que reconocer que nace un derecho de resistencia del súbdito. </em>Más aún: puede pensarse que al hacerlo reintroduce la guerra religiosa y con ella el <em>bellum </em><em>omnium </em><em>contra omnes </em>y -por curiosa paradoja- la contradicción señalada por el absolutismo coincidiría con la del liberalismo, pues en tal caso, el soberano perdería legitimidad, dejaría de ser soberano por violar su función, por más que Hobbes lo considere ajeno al contrato. Schmitt se percata de que la tesis de Feuerbach podría ser sostenida por el mismo Hobbes, pero la minimiza, considerando a Feuerbach poco más que un joven petulante y esquivando la respuesta mediante el recurso a criticar la teoría de la coerción psicológica<a name="_ftnref74" href="#_ftn74">[74]</a>, que por cierto <strong>[</strong><strong>1141]</strong> es la menos afortunada de las tesis del genial Feuerbach, olvidando que la contradicción de un pensamiento no se responde con otra contradicción del pensamiento del crítico.</p>
<p style="text-align:justify;">(f) Pero la critica politica de Schmitt a Hobbes, pese a haber sido un heredero de su pensamiento<a name="_ftnref75" href="#_ftn75">[75]</a>, es certera desde el punto de vista autoritario y, además, es el necesario punto de partida para toda su concepción del <em>enemigo, </em>y es el único que la desarrolló coherentemente hasta sus últimas consecuencias<a name="_ftnref76" href="#_ftn76">[76]</a>. No por la brutalidad de éstas debe negársele la coherencia, sino todo lo contrario: creemos que, justamente, la formidable coherencia de Schmitt demuestra que <em>la tesis del enemigo en el campo de la ciencia política acaba necesariamente en sus conclusiones.</em></p>
<p style="text-align:justify;">El enemigo hobbesiano no podía ser quien se limitase a actuar como tal, a resistir exteriormente al soberano, sino que, para ser coherente con la tesis del estado absoluto, debía ser quien con su pensamiento o su fe resistiese el modo impuesto por el soberano. Si la obediencia debía ser externa e interna, también la enemistad podía ser tanto desobediencia externa como interna.</p>
<p style="text-align:justify;">A partir de esto, la disyuntiva es clara: para el liberalismo sólo hay infractores <em>(iguales); </em>para el absolutismo no sólo hay infractores o delincuentes <em>(iguales), </em>sino también enemigos en guerra <em>(extraños). </em>La función de la política liberal sería la de garantizar la paz entre los ciudadanos <em>(todos iguales) </em>sancionando a los infractores según la gravedad de la infracción; la función de la política absolutista sería también garantizar la paz entre los ciudadanos <em>(iguales), </em>pero, para eso, sería necesario neutralizar a los enemigos <em>(extraños) </em>con la guerra y la sanción a los infractores pasaría a ser una cuestión menor. Sin la <strong>[</strong><strong>1142]</strong> neutralización de los enemigos <em>(extraños) </em>con la guerra, no podría haber paz entre los ciudadanos <em>(iguales): </em>si el estado pierde la guerra no puede garantizar su paz interior, y el estado siempre tiene enemigos <em>(extraños) </em>que le hacen la guerra y contra quienes no tiene otro remedio más que responderles con la guerra. Frente al enemigo en la guerra, no hay un límite impuesto por la <em>humanidad, </em>porque ésta no tiene enemigos. Podría haber suscripto la elocuente afirmación de Joseph de Maistre -otro reaccionario coherente y precursor- cuando decía que <em>no hay algo como el "hombre" en el mundo; he visto durante mi vida franceses, italianos, rusos, etc.</em>,-<em>pero en lo que al "hombre" concierne, declaro que nunca en mi vida lo he encontrado y si existe, me es desconocido<a name="_ftnref77" href="#_ftn77"><strong>[77]</strong></a></em>. De allí que Schmitt afirme que toda invocación de la <em>humanidad </em>sea falsa y sospechosa de manipulación, porque cualquier límite al poder del soberano frente al enemigo acaba con el concepto mismo de enemigo, debilita al estado y le impide garantizar la paz entre los ciudadanos. La idea romana del enemigo, del <em>hostis, </em>no admite medias tintas, ni siquiera el límite del fuero interno impuesto por Hobbes, porque abre el camino de la resistencia al soberano y, con ello, impide el ejercicio de la soberanía en la <em>guerra.</em></p>
<p style="text-align:justify;">El razonamiento que admite la distinción entre <em>ciudadanos </em>y <em>enemigos, </em>debe presuponer una <em>guerra </em>(pues, sin ella, no hay <em>enemigos) </em>y asimismo que ésta es prácticamente permanente, pues de las guerras excepcionales se ocupa el derecho militar y de guerra y no el derecho penal o el administrativo ordinario. Partiendo de esta premisa, debe concluirse, como lo hace Schmitt, en que la esencia de lo político, o sea, la que equivalga a <em>bueno y malo </em>en moral, a <em>bello y feo </em>en estética, a <em>rentable y no rentable </em>en economía (pues de no hallarse esta esencia, lo político carecería de autonomía) consiste en la distinción <em>amigo/enemigo: la específica distinción política a la cual es posible referir las acciones y los motivos políticos es la distinción de </em><strong>[</strong><strong>1143] </strong>amigo <em>y </em>enemigo<a name="_ftnref78" href="#_ftn78">[78]</a>. Ello es coherente, pues, si se admite una guerra permanente, la esencial función de la política no podría ser otra que ocuparse en ella.</p>
<p style="text-align:justify;">La coronación del pensamiento de Schmitt, al señalar de este modo la esencia de la política, es que <em>no existe política liberal, sino sólo crítica liberal de la política. </em>En consecuencia, el derecho penal liberal no pasaría de ser una crítica al derecho penal autoritario (del enemigo), es decir, una sucesión de discursos que criticaron los sucesivos discursos de derecho penal del enemigo, pero en realidad, sería una ilusión. Debe reconocérsele el mérito de ser <em>el más formidable y coherente esfuerzo desprejuiciado para negar la dialéctica entre el estado de policía y el estado de derecho, pretendiendo reducir este último a una molesta y hueca ilusión perturbadora y dotando sólo de realidad al primero.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Afirma Schmitt, en esta línea, que la distinción <em>amigo/enemigo </em>indica el <em>extremo grado de intensidad de una unión o de una separación, de una asociación o de una disociación, </em>sin apelar a ninguna otra distinción ni basarse en ellas. No importa que el enemigo sea bueno o malo, bello o feo, lo que interesa es que <em>el enemigo es simplemente el otro, el extranjero<a name="_ftnref79" href="#_ftn79"><strong>[79]</strong></a></em> <em>y basta a su esencia que sea existencialmente, en un sentido particularmente intensivo, algo otro o extranjero, de modo que en el caso extremo sean posibles con él conflictos que no puedan ser decididos ni a través de un sistema de normas preestablecidas ni mediante la intervención de un tercero descomprometido y por eso imparcial<a name="_ftnref80" href="#_ftn80"><strong>[80]</strong></a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;">¿Quién decide quién o quiénes son los enemigos? La respuesta de Schmitt no puede ser otra: el político, o sea, el soberano. En caso de conflicto extremo, es el soberano (político) quien <em>decide si la alteridad del extraño en el conflicto concretamente existente significa la negación del modo propio de existencia y si por ello es necesario defenderse y combatir, para preservar el propio, peculiar, modo de vida<a name="_ftnref81" href="#_ftn81"><strong>[81]</strong></a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>[1144]</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Esto significa que en las emergencias, el poder de defender la Constitución corresponde al Ejecutivo y no al Judicial, considerado por Schmitt un poder burocrático, útil en la normalidad pero no en la emergencia<a name="_ftnref82" href="#_ftn82">[82]</a>. De allí que cuando se trate de la defensa de la propia Constitución, el soberano está habilitado para cancelar todos los límites y garantías, sin control alguno del judicial, lo que explica al sostener que la Constitución es un conjunto de leyes y que unas tienen prioridad sobre otras: el principio republicano, por ejemplo, es prioritario y, por ende, para salvarlo, se pueden suspender todas las garantías y derechos<a name="_ftnref83" href="#_ftn83">[83]</a>.</p>
<p style="text-align:justify;">El concepto romano del <em>hostis </em>sólo puede ser coherentemente sostenido, en un pensamiento que lleve a las consecuencias políticas señaladas por Schmitt. Puede argumentarse que incluso la guerra tiene limitaciones jurídicas, lo que sin duda, es cierto. Pero cuando se habla del <em>hostis </em>como enemigo introducido en el derecho penal o administrativo "normal" o "permanente", no estamos haciendo referencia a la guerra del derecho de Ginebra. Por el contrario: estamos introduciendo un <em>concepto espurio o particular de guerra permanente, </em>de <em>guerra irregular, </em>lo que tampoco pasó por alto Schmitt. Con esa idea del <em>hostis, </em>como enemigo en una guerra irregular y permanente, se acaba en la <em>guerra sucia </em>de la doctrina de la seguridad nacional. Según ésta no deben respetarse las reglas de la guerra regular en la irregular<a name="_ftnref84" href="#_ftn84">[84]</a>. El origen de esta doctrina se halla en los <strong>[</strong><strong>1145]</strong> franceses de Argelia y en la propia teorización de Schmitt, quien no en vano se ocupó de ella, pretendiendo hallar sus primeras manifestaciones en la resistencia española a la invasión napoleónica y reivindicando al general Raoul Salan<a name="_ftnref85" href="#_ftn85">[85]</a>. Para ello, interpretó arbitrariamente la famosa tesis de Clausewitz, confundiendo el momento político con el bélico: Clausewitz señalaba la continuidad, pero no los confundía; Schmitt los confunde con la guerra irregular de su <em>partisano. </em>La continuidad es verdadera, pero no por ello dejan de ser dos momentos y, en el momento político, deja de haber <em>enemigos </em>y pasa a haber <em>infractores, </em>el <em>poder de guerra </em>(contra <em>enemigos) </em>del momento bélico pasa a <em>ser poder punitivo </em>(contra <em>infractores) </em>en el momento político. Schmitt los confunde para dejar subsistentes a los enemigos en el momento político, su <em>guerra </em>no cesa, es permanente.</p>
<p style="text-align:justify;">(g) La pretensión de introducir al <em>enemigo </em>u <em>hostis </em>en el derecho ordinario penal o administrativo en forma matizada o limitada, no invalida la afirmación de que la única introducción coherente del concepto es la de Carl Schmitt, porque justamente en ello radica la contradicción que Schmitt le señalaba a Hobbes: si admitimos la existencia del <em>enemigo, </em>pero ponemos limites a su señalización, no podemos negar que cuando el poder definidor excede esos límites surge un derecho de resistencia por parte del ciudadano que es arbitrariamente señalado como enemigo y con ello debilitamos al estado en guerra, lo que no es admisible.</p>
<p style="text-align:justify;">Por supuesto que se argumentará que existe un estado de derecho y que éste tiene instituciones y controles que impiden la arbitraria señalización de enemigos. Es verdad, pero <em>al limitar las libertades de </em><strong>[</strong><strong>1146]</strong> <em>todos para poder individualizar con eficacia a los enemigos, se estrecha la posibilidad de defensa de los ciudadanos ante esos mismos organismos, pues por definición estamos neutralizando -o por lo menos debilitando- los controles del estado de derecho.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Por otra parte, el concepto de <em>enemigo </em>u <em>hostis </em>provee al soberano y a la publicidad masiva de un argumento deslegitimante de las instituciones y de los controles, que les permite estigmatizarlas como obstáculos antipatrióticos, burocracias inútiles y ciegas, ideólogos encubridores de los enemigos, idiotas útiles y, en definitiva, traidores en la guerra. Casi todos los golpes de estado latinoamericanos emitieron proclamas racionalizadoras de su delito invocando la necesidad de defender la Constitución que ellos mismos violaban o aniquilaban. <em>Por ello, la admisión jurídica del concepto de enemigo, en el derecho que no es estrictamente de guerra es, lógica </em><em>e </em><em>históricamente, el germen o primer síntoma de la destrucción autoritaria del Estado de Derecho.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>6. </strong><strong>Algunas conclusiones</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Hemos recorrido la historia del poder punitivo y del derecho penal y terminamos en la cuestión política de fondo. Podemos formular algunas reflexiones conclusivas, aunque la cuestión no admita conclusiones, pues se trata de un <em>formidable problema político.</em></p>
<p style="text-align:justify;">1. En principio, la propuesta del profesor de Bonn no es novedosa en la teorización de la política criminal, pues fue sostenida mucho antes y es casi reiterativa.</p>
<p style="text-align:justify;">2. La reacción que provoca -además de la sinceridad con que se la expone- es producto de la actual situación de poder mundial, que la hace mucho más peligrosa porque puede facilitar el camino hacia una regresión en la realización del programa universal de Derechos Humanos.</p>
<p style="text-align:justify;">3. El poder punitivo y las legislaciones penales de todos los tiempos distinguieron entre <em>iguales </em>y <em>extraños; </em>es decir que siempre hubo una categoría de infractores a los que se eliminaba: primero por muerte o por deportación y galeras; luego por penas perpetuas y por penas de segregación indeterminadas; por fin, se inventaron las medidas de seguridad como neutralización de los <em>extraños.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>[1147]</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">4. El derecho penal se hartó de teorizar la diferencia entre <em>corregibles </em>e <em>incorregibles, iguales </em>y <em>extraños, </em>al punto de confesar abiertamente que inventa las medidas de seguridad porque no puede aplicar la pena de muerte ni deportar.</p>
<p style="text-align:justify;">5. Dado que los <em>extraños </em>no son individualizares por rasgos físicos, la cuestión no se limita a reducir las garantías y libertades de los terroristas y otros patibularios, sino que la cuestión por dilucidar es si se pueden limitar las libertades y garantías de los ciudadanos para individualizar más eficazmente a los enemigos, incluso, asumiendo el riesgo de considerar enemigo a algún ciudadano.</p>
<p style="text-align:justify;">6. La discusión sobre si la represión de los <em>extraños </em>debe ser penal o administrativa presupone la admisión política de la categoría de <em>enemigos, </em>que es lo que se debe discutir con total claridad.</p>
<p style="text-align:justify;">7. Si además de los <em>ciudadanos </em>existen los <em>enemigos </em>es porque hay guerra y, en tal caso, no se puede admitir ninguna resistencia al soberano y, por ende, no se le pueden poner limitaciones en la individualización y contención de los enemigos.</p>
<p style="text-align:justify;">8. Cualquier limitación a la señalización y contención del enemigo importa el reconocimiento de un derecho de resistencia, y si existen enemigos y guerra permanente, el único modelo de estado posible es el estado absoluto.</p>
<p style="text-align:justify;">9. Admitida la existencia de <em>enemigos </em>y <em>guerra </em>en forma permanente, las limitaciones del Estado de Derecho son un obstáculo para la eficaz neutralización de éstos.</p>
<p style="text-align:justify;">10. Cuando se confunden los momentos bélico y político, la guerra se vuelve permanente y desaparecen las limitaciones de la guerra extraordinaria, dando lugar a la tesis de la <em>guerra sucia.</em></p>
<p style="text-align:justify;">11. No es posible evitar esta consecuencia sin distinguir nítidamente el momento político (en que sólo puede haber ciudadanos <em>infractores) </em>y el momento bélico (en que aparecen los <em>enemigos).</em></p>
<p style="text-align:justify;">12. La admisión de la categoría jurídica del <em>enemigo </em>en el derecho ordinario (penal y/o administrativo) introduce el germen de la destrucción del Estado de Derecho, porque sus instituciones limitantes y controladoras pasan a ser un obstáculo para la eficacia eliminatoria: <em>quien estorba en la guerra es un traidor.</em></p>
<p style="text-align:justify;">
<hr size="1" />
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn1" href="#_ftnref1">[1]</a> Hace tiempo comenzamos a trabajar sobre el "derecho penal del enemigo". Durante el año 2004 hemos elaborado dos artículos en curso de publicación: "De Satán al autoritarismo penal <em>cool" </em><em>y </em>"¿Es posible un derecho penal del enemigo no autoritario?". Seguimos trabajando el tema hasta formular en este escrito el esquema de un libro en preparación, por lo que podrán observarse reiteraciones de aspectos ya considerados junto a otros nuevos, especialmente en cuanto a teoría política. Dedicamos este esquema a la entrañable memoria de nuestro amigo, el Prof. Dr. Alfonso Reyes Echandía, Presidente de la Corte Suprema de Colombia, cuya voz de negociación y su vida fueron devoradas por la violencia irracional.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn2" href="#_ftnref2">[2]</a> Émile de Girardin, el abolicionista de fines del segundo imperio, sostenía que la pena de muerte era la última que debía desaparecer <em>(Du droit </em><em>de punir, </em>París, 1871).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn3" href="#_ftnref3">[3]</a> Formula una breve referencia al tema en <em>La ciencia del derecho penal ante las exigencias del presente, </em>trad, de Teresa Manso Porto, en <em>Revista Peruana de Ciencias Penales, </em>año VII-VIII, edición especial nº 12, y especialmente en <em>Bürgerstrafrecht und Feindstrafrecht, </em>en HRRS, marzo de 2004, trad, castellana en Günther JAKOBS/Manuel Cancio Meliá, <em>Derecho penal del enemigo, </em>Cuadernos Civitas, Madrid, 2003.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn4" href="#_ftnref4">[4]</a> Entre muchas, Eser, Albin, en Eser/Hassemer/Burkhardt, <em>La ciencia del derecho penal ante el nuevo milenio </em>(Muñoz Conde, Francisco, coordinador), Valencia, 2004, p. 472. También entre muchas, Chamon Junior, Lúcio Antonio, <em>Do giro finalista ao funcionalismo penal. Embates de perspectivas dogmáticas decadentes, </em>Porto Alegre, 2004.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn5" href="#_ftnref5">[5]</a> Nos referimos a <em>crímenes de destrucción masiva </em><em>e </em><em>indiscriminada </em>y no a <em>terrorismo, </em>que es una expresión jurídicamente nebulosa. Las abreviaturas usadas en el texto corresponden al 11 de septiembre de 2001, al 11 de marzo de 2004 y al 7 de junio de 2005.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn6" href="#_ftnref6">[6]</a> Infra, nº 5.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn7" href="#_ftnref7">[7]</a> En esto no se agotan los equívocos, pues podríamos incluso agregar alguna otra que use el mismo sujeto gramatical para designar a la jurisprudencia de los tribunales penales o constitucionales, por ejemplo, y hasta pensar en otra que con la misma expresión mente el reflejo del poder punitivo en el imaginario público.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn8" href="#_ftnref8">[8]</a> Esta contraposición puede remontarse a von Liszt, Franz; sobre ello, RoxiN, Claus, <em>Kriminalpolitik und Strafrechtssystem</em><em>, </em>p. 2.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn9" href="#_ftnref9">[9]</a> Merkl, A., <em>Teoría general del derecho administrativo, </em>México, ps. 325 y ss.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn10" href="#_ftnref10">[10]</a> Amplia investigación sobre estos prejuicios en Norman Cohn, <em>Los </em><em>demonios familiares de Europa, </em>Madrid, 1980. Ver las voces "fascinación" y "maleficia", en Robbins, Rossell Hope, <em>Enciclopedia de la brujería y </em><em>demonologia, </em>Madrid, 1988.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn11" href="#_ftnref11">[11]</a> Y en buena medida vigente hasta la actualidad. Sobre ello, la pormenorizada investigación de Brundage, James A., <em>La ley, el sexo y la sociedad cristiana en la Europa medieval, </em>México, 2000.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn12" href="#_ftnref12">[12]</a> V. por ej., Rodney, Walter, <em>De cómo Europa subdesarrolló </em><em>a Africa, </em>México, 1982.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn13" href="#_ftnref13">[13]</a> V. Niveau, Maurice, <em>Historia de los hechos económicos contemporáneos, </em>Barcelona, 1977.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn14" href="#_ftnref14">[14]</a> Se imponía administrativamente mediante las <em>leyes de leva, </em>siendo las primeras <em>medidas de seguridad </em>coloniales y posteriores a la independencia.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn15" href="#_ftnref15">[15]</a> Sobre la mortalidad en las prisiones españolas, Salillas, Rafael, <em>La vida penal en España, </em>Madrid, 1888, ps. 54 y ss.; en Francia, Kropotkine, Pedro, <em>Las prisiones, </em>trad, de La Juventud Literaria, Bs. As., s.d. <em>(circa, </em>1900); Bourdet-Pleville, Michel, <em>Galeotes, forzados y penados, </em>Barcelona, 1963, ps. 101 y ss.; Petit, Jacques-Guy, <em>Ces peines </em><em>obscures, La prison </em><em>pénale en </em><em>France </em><em>1780-1875, </em>París, 1990.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn16" href="#_ftnref16">[16]</a> Formalmente en prisiones preventivas, sobre lo que Concepción Arenal escribía en 1877: "Imponer a un hombre una grave pena, como es la privación de la libertad, una mancha en su honra, como es la de haber estado en la cárcel, y esto sin haberle probado que es culpable y con la probabilidad de que sea inocente, es cosa que dista mucho de la justicia" <em>(Estudios Penitenciarios, </em>Madrid, 1877, p. 12).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn17" href="#_ftnref17">[17]</a> Sobre la deportación inglesa en Australia, Hughes, Robert, <em>La </em><em>costa fatídica, </em>Barcelona, 1989; sobre la deportación francesa: Teisseire, Édouard, <em>La </em><em>transporation </em><em>pénale </em><em>et </em><em>la </em><em>relegation </em><em>d'apres les </em><em>Lois </em><em>de </em><em>30. Mai 1854 et 27. Mai 1885, </em>París, 1893; C. O. Barbaroux, <em>De la </em><em>transportation, </em>París, 1857; Bourdet-Pléville, Michel, <em>Galeotes, forzados y penados, </em>cit.; H. Donnedieu de Vabres, <em>A Justiça penal hoje, </em>Sao Paulo, 1938, p. 102. Contra la opinión de Concepción Arenal, Salillas la propuso para España: Rafael Salillas, <em>La vida penal en España, </em>cit.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn18" href="#_ftnref18">[18]</a> V. C. Muratgia, <em>Director, Presidio y cárcel de reincidentes. Tierra del Fuego. Antecedentes, </em>Bs. As., s.d., (1910 <em>circa); </em>también <em>Ushuaia </em><em>1884-1984. </em><em>Cien años de una ciudad argentina, </em>editado por la Municipalidad de Ushuaia bajo la dirección de Arnoldo Canclini, 1984.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn19" href="#_ftnref19">[19]</a> V. Adam Bedau, Hugo, <em>The Death Penalty in America. Current Controversies, </em>New York, 1998.'</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn20" href="#_ftnref20">[20]</a> Sobre los conceptos de sistemas penales subterráneo y paralelo, Aniyar de Castro, Lola, "Derechos humanos, modelo integral de la ciencia penal, y sistema penal subterráneo", en <em>Rev. del </em><em>Colegio de Abogados Penalistas del Valle, </em>Cali, 1985, ps. 301 y ss.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn21" href="#_ftnref21">[21]</a> Schmitt, Carl, <em>El </em>Leviathan <em>en la teoría del estado </em><em>de Thomas Hobbes, </em><em>Sentido y fracaso de un símbolo político, </em>México, 1997, p. 117.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn22" href="#_ftnref22">[22]</a> <em>Las Leyes, </em>IX (Platón, <em>Obras Completas, </em>Bib. Ameba, Bs. As., 1967, t. IV, ps. 95 y ss.).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn23" href="#_ftnref23">[23]</a> Platón, <em>Protagoras; </em>sobre ello, Verdross, Alfred, <em>La filosofia del </em><em>derecho del mundo occidental, </em>México, 1962, p. 35.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn24" href="#_ftnref24">[24]</a> Poder de policía en terminología administrativista antigua.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn25" href="#_ftnref25">[25]</a> V. Abbiati-Agnoletto-Lazzati, <em>La stregoneria. Diavoli, streghe, inquisitori dal Trecento al Settecento, </em>Milano, 2003.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn26" href="#_ftnref26">[26]</a> H. Krämer-J.Sprenger, <em>El </em><em>martillo de las brujas para golpear a las brujas con poderosa masa, </em>traducción de Miguel Jiménez Monteserín, Valladolid, 2004; // <em>martello delle streghe, </em>Venecia, 1995.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn27" href="#_ftnref27">[27]</a> Estas características fueron detalladas por el primer crítico orgánico del <em>Malleus, </em>Friedrich von Spee, en 1631,<em> I </em><em>processi contro le streghe (Cautio criminalis), </em>Roma, 2004.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn28" href="#_ftnref28">[28]</a> Hegel, <em>Filosofìa del </em><em>derecho, </em>México, 1985, ps. 31-32.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn29" href="#_ftnref29">[29]</a> Hegel, <em>Lecciones sobre </em><em>la filosofìa de la </em><em>historia universal, </em>Madrid, 1980, ps. 169, 177, 183, 215, 354, 596, 657.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn30" href="#_ftnref30">[30]</a> Sobre los disidentes, LOMBROSO, Cesare, <em>Gli anarchici, </em>Torino, 1894; Lombroso/Laschi, <em>Le crime </em><em>politique </em><em>et </em><em>les </em><em>revolutions, </em>Paris, 1892; Benito Mario Andrade, <em>Estudio </em><em>de antropologia criminal espiritualista, </em>Madrid, 1899, ps. 203 y ss.; y también resultaban sospechosos los considerados supranormales (Lombroso, <em>L'uomo di genio in rapporto alla psichiatria, alla storia ed all'estetica, </em>Torino, 1894). Max Nordau lo seguía cercanamente considerando degenerados a todos los artistas peligrosamente creativos <em>(Degeneración, </em>Madrid, 1902). Los líderes de movimientos masivos eran considerados de igual manera: Le Bon, Gustavo, <em>La psicología política y la defensa social, </em>Madrid, 1912; del mismo, <em>Psicologia </em><em>das multidoes, </em>Rio de Janeiro, 1954; Sighele, Scipio, / <em>delitti della </em><em>folla, </em>Torino, 1910; Ramos Mejía, J.M., <em>Las multitudes argentinas, </em>Buenos Aires, 1912: Sobre la criminalización de multitudes y líderes, van Ginneken, Jaap, <em>Folla, psicologia e politica, </em>Roma 1989.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn31" href="#_ftnref31">[31]</a> Aunque las mujeres seguían siendo inferiores en inteligencia y, por tanto, proclives a la prostitución, como "equivalente" del delito: Lombroso, Cesare-Ferrero, Guglielmo, <em>La donna delinquente, </em><em>la prostituta </em><em>e la donna normale, </em>Torino, 1915; también en cuanto a la prostitución, Kovalevsky, Paul, <em>La </em><em>Psychologie criminelle, </em>Paris, 1903, I, ps. 181 y ss.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn32" href="#_ftnref32">[32]</a> Lombroso señala la semejanza del criminal nato con el mongoloide y el negroide <em>(L 'uomo </em><em>delincuente </em><em>in rapporto di 'antropologia, giurisprudenza e alle discipline carcerarie. </em><em>Delincuente </em><em>nato e pazzo morale, </em>3<sup>a</sup> ed., Torino, 1884, ps. 248 y 295). Desde muy antiguo se habían asignado caracteres humanos a los animales, para luego clasificar a los humanos conforme a éstos. Esta fue tarea comenzada por los fisiognomistas, desde della Porta, Giovan Battista, <em>Della </em><em>fisonomía </em><em>dell'uomo. Con illustrazioni dell'edizione del 1610, </em>Panna, 1988. Para el siglo XVIII, Lavater, Johann Caspar / Lichtenberg, Georg Christoph, <em>Lo specchio dell'anima. Pro e contro la fisiognomica. Un dibattito settecentesco, </em>a cura di Giovanni Gurisatti, Padova, 1991; también Rodler, Lucia, // <em>corpo specchio dell'anima. Teoria e storia della fisiognomica, </em>Mondadori, Bruno, 2000. Un meticuloso e inteligente desarrollo en Le Bras-Chopard, Annelle, <em>El </em><em>zoo de </em><em>los filósofos. De la bestialización </em><em>a la </em><em>exclusión, </em>Taurus, Madrid, 2003.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn33" href="#_ftnref33">[33]</a> Sobre esto Dic, Daniel, <em>Volti della degenerazione, una sindrome europea 1848-1918, </em>Firenze, 1999.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn34" href="#_ftnref34">[34]</a> Garofalo, R., <em>La criminología, </em>trad, de Pedro Dorado Montero, Madrid, s.d., ps. 7, 11, 14 y 15.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn35" href="#_ftnref35">[35]</a> ídem, p. 11.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn36" href="#_ftnref36">[36]</a> ídem, p. 15. Garofalo definía al enemigo mediante la <em>recta </em><em>ratio </em>de <em>estos pueblos civilizados, de las razas superiores de la humanidad, excepción hecha de esas tribus degeneradas que representan en la especie humana una anomalía semejante a la que representan los malhechores en la sociedad </em>(ídem, p. 102).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn37" href="#_ftnref37">[37]</a> Lo consideraba "el mayor de los filósofos contemporáneos", ídem, p. 97.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn38" href="#_ftnref38">[38]</a> ídem, p. 326. El planteo fue retomado por el nazismo: Nicolai, Helmut, <em>Die </em><em>rassengesetzliche Rechtslehre, Grundzüge e. nazionalsozialist. Rechtsphilosophie, </em>München, 1932.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn39" href="#_ftnref39">[39]</a> Garofalo, <em>Criminologia, </em>p. 133; p. 59 de la 2<sup>a</sup> ed. italiana, Torino, 1891.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn40" href="#_ftnref40">[40]</a> El libro más importante escrito por un policía de París, aunque mostraba la carencia de discurso, al mismo tiempo reflejaba la importancia que le asignaban al problema: Frégier, H. A., <em>Des </em><em>classes dangereuses </em><em>de la </em><em>population dans </em><em>les grandes villes, </em>Bruxelles, 1840.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn41" href="#_ftnref41">[41]</a> En realidad, siguieron la tradición de Fregier, mezclando información policial con prejuicios y conceptos morales: Salillas, Rafael, <em>El delincuente español. Hampa (Antropología picaresca), </em>Madrid, 1898; Nicéforo, Alfredo - Sighele, Scipio, <em>La mala vida en Roma, </em>Madrid, 1901; Bernaldo de Quirós, Constancio, <em>La mala vida en Madrid. Estudio psicosociológico con dibujos y fotografías al natural, </em>Madrid, 1901 (reed. Madrid, 1998); Bembo, Max, <em>La mala vida en Barcelona, </em>Barcelona, 1912; Gómez, Eusebio, <em>La mala vida en Buenos Aires, </em>Buenos Aires, 1908 (con prólogo de José Ingenieros). Es interesante la recopilación literaria de Ernesto Ferrerò con prólogo de Leonardo Sciascia, <em>Storie nere di fine secolo. La mala Italia, </em>Milano, 1973; sobre el trato diferencial en Rio de Janeiro, Lena Medeiros de Menezes, <em>Os </em><em>indesejáveis: desclassificados da Modernidade. Protesto, </em><em>crime e </em><em>expulsao na Capital Federal </em><em>(1890-1930), </em>Rio de Janeiro, 1996.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn42" href="#_ftnref42">[42]</a> La definición de Ingenieros es sumamente ilustrativa respecto de los <em>enemigos </em>identificados como <em>extraños: Es una horda extranjera y hostil dentro de su propio terruño, audaz en la acechanza, embozada en el procedimiento, infatigable en la tramitación aleve de sus programas trágicos </em>(Prólogo a Gómez, p. 6).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn43" href="#_ftnref43">[43]</a> V. von Liszt, Franz, <em>La idea de fin </em><em>en el derecho penal, </em>Valparaíso, 1984, p. 120.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn44" href="#_ftnref44">[44]</a> Inventadas primero para los inimputables: <em>Vorentwurf zu einem Schweizerischen StGB, Allg. Teil, Im Antrages des Bundesrates ausgearbeitet von Carl Stooss. Avant-Projet de Code Penal Suisse, Partie Genérale, Traduit par mission du Département Fédéral de Justice et Police par Alfred Gautier, </em>Basel und Genf, Verlag von Georg &#38; Co., 1893, ps. 10 y 11.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn45" href="#_ftnref45">[45]</a> Sobre esto el análisis muy particularizado de Enzo Musco, <em>La misura di sicurezza detentiva, Profili storici e costituzionali, </em>Milano, 1978.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn46" href="#_ftnref46">[46]</a> Expresión de Ed. Kohlrausch, <em>Sicherungshaft. Eine Besinnung auf den Streitstand, </em>en ZStW, 44 (1924), ps. 21-34.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn47" href="#_ftnref47">[47]</a> Fue el penalista neokantiano más difundido en lengua castellana, a la que no fueron traducidos los neokantianos liberales, como Max Ernst Mayer y Hellmuth von Weber. El propio Gustav Radbruch -al igual que M.E. Mayer- fue traducido por los filósofos del derecho, pero no por los penalistas.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn48" href="#_ftnref48">[48]</a> Sobre este anteproyecto arroja nueva luz la minuciosa investigación de Muñoz Conde, Francisco, <em>Edmund </em><em>Mezger y el derecho penal de su tiempo. Estudios sobre el derecho penal en el nacionalsocialismo, </em>Valencia, 2003; de este proyecto y de la concreta propuesta de Mezger dan cuenta también Burleigh, Michael / Wippermann, Wolfgang, <em>Lo Stato razziale, Germania 1933-1945, </em>Rizzoli, 1992, p. 158.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn49" href="#_ftnref49">[49]</a> Mezger, E., <em>Rechtsirrtum und Rechtsblindheit, </em>en "Probleme der Strafrechtserneuerung, Fest. f. Kohlrausch", Berlin, 1944, ps. 180-198 (ps. 197-198). La <em>sana intuición del pueblo </em>era la fórmula nazista con que se introdujo la analogía, en cuya reforma participó también Mezger (cfr. Muñoz Conde, op. cit., p. 85).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn50" href="#_ftnref50">[50]</a> Cfr. Muñoz Conde, op. cit., p. 145.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn51" href="#_ftnref51">[51]</a></p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn52" href="#_ftnref52">[52]</a> <em>Extranjero </em>y <em>enemigo </em>significaban <em>hostis, </em>que provenía de la raíz sánscrita <em>ghas, comer </em>(de donde viene <em>hostería). </em><em>Hostire </em>es <em>matar </em>y <em>hostia </em>es <em>víctima. </em>Sobre esto: R. von Ihering, <em>L</em><em>'esprit </em><em>du Droit Romain </em><em>dans </em><em>les diverses </em><em>phases </em><em>de </em><em>son </em><em>développement, </em>París, 1877, t. I, p. 228.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn53" href="#_ftnref53">[53]</a> Cfr. Du Boys, Albert, <em>Histoire du Droit </em><em>Criminel </em><em>des Peuples Anciens, </em>Paris, 1845, p. 245.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn54" href="#_ftnref54">[54]</a> Esto se vuelve mucho más problemático en la propuesta de Jakobs, pues partiendo de su normativismo afirma que el enemigo no debe ser considerado como <em>persona. </em>En rigor de verdad, es aquí también sincero, pues todo el derecho penal que teorizó admitiendo que algunos seres humanos son <em>peligrosos </em>y sólo por eso deben ser segregados o eliminados, los <em>cosifica, </em>los deja de considerar <em>personas </em>y, por ende, viola el art. 1<sup>o</sup> de la Declaración Universal de Derechos Humanos. En este sentido, no debe causar tanto escándalo la propuesta de Jakobs, sino todo el derecho penal del enemigo, o sea, toda la tradición que excluye a los <em>extraños </em>de la pena y los elimina por peligrosos. Es posible que Jakobs pretenda sólo postular que los enemigos tengan menos derechos individuales que los ciudadanos, pero no queda claro en sus escritos. Sobre la polémica que la expresión ha suscitado: Gracia Martín, Luis, "Consideraciones críticas sobre el actualmente denominado 'derecho penal del enemigo'", <em>Revista electrónica de Ciencia Penal y Criminología, </em>7-2-2005.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn55" href="#_ftnref55">[55]</a> Cancio Meliá, Manuel, en Jakobs-Cancio Meliá, <em>Derecho penal del enemigo, </em>cit., ps. 65 y ss.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn56" href="#_ftnref56">[56]</a> Cfr. Mommsen, Teodoro, <em>El derecho penal romano, </em>trad, de P. Dorado, Madrid, s.d., II, p. 63; también Ruiz Funes, Mariano, <em>Evolución del delito político, </em>México, 1944, p. 18.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn57" href="#_ftnref57">[57]</a> Cfr., por ejemplo, Windelband, Wilhelm, <em>Historia </em><em>de la filosofia. La filosofia del Iluminismo, </em>México, 1948, ps. 60 y ss.; VERDROSS, Alfred, <em>La </em><em>filosofía </em><em>del </em><em>derecho </em><em>del </em><em>mundo occidental, Visión panorámica de sus fundamentos y principales problemas, </em>México, 1962, ps.179 y ss.; Copleston, Frederick, <em>Historia </em><em>de la filosofia, </em>Barcelona, 1983, vol. V, ps. 122 y ss.; M. Sciacca, Federico, <em>Historia de la </em><em>filosofia, </em>Barcelona, 1966, ps. 335 y ss.; Émile Bréhier, <em>Historia de la filosofía, </em>Bs. As., t. II, ps. 617 y ss.; N. Abbagnano, <em>Historia </em><em>de la filosofia, </em>Barcelona, 1973, II, ps. 185 y ss.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn58" href="#_ftnref58">[58]</a> El texto al que se refiere Jakobs está en el cap. V del libro II: "todo malhechor, al atacar al derecho social, resulta por sus fechorías rebelde y traidor a la patria, deja de ser miembro de ella al violar sus leyes y hasta le hace la guerra. Entonces, la conservación del Estado es incompatible con la suya, es preciso que uno de los dos perezca, y cuando se ejecuta al culpable es más como enemigo que como ciudadano. El procedimiento y la sentencia son la prueba y la declaración de que ha roto el contrato social y, por consiguiente, de que no es ya miembro del Estado" (p. 37). No obstante, agrega: "No hay hombre malo del que no se pudiera hacer un hombre bueno para algo. No hay derecho a hacer morir, ni siquiera por ejemplariedad, más que a aquél al que no se puede conservar sin peligro" (p. 38). En el cap. IV del Libro I afirma que "un Estado no puede tener por enemigo sino a otro Estado, y no a hombres, pues no pueden fijarse verdaderas relaciones entre cosas de diversa naturaleza". Incluso precisa que "sin declaración de guerra no hay enemigos, sino bandoleros" (Rousseau, Jean-Jacques, <em>El contrato social, </em>trad, de Consuelo Berges, Madrid, 1973, p. 13).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn59" href="#_ftnref59">[59]</a> Razona por tesis y antítesis, y si bien en su tesis sostiene que todo delincuente se vuelve un enemigo, basado en la cláusula <em>rebus sic </em><em>stantibus, </em>o sea que el infractor pierde todos los derechos al violar el contrato, en su antítesis hace valer el surgimiento de un nuevo contrato, que es el de <em>expiación, </em>en la medida en que ésta sea suficiente para proteger la seguridad pública (prevención general y disuasión), crea el derecho a exigir la pena. Sólo cuando la expiación fuese insuficiente Fichte acepta la exclusión de la sociedad, pero en función de un nuevo contrato (el de <em>enmienda) </em>el sujeto puede reclamar el derecho a mejorar; se trata de una exclusión temporal. Sólo si el sujeto no se enmienda o en caso de asesinato, admite Fichte la exclusión definitiva. Deja irremediablemente fuera del contrato sólo a los asesinos, a los incorregibles y a los traidores. Para ellos, Fichte reserva la pena de muerte, pero sin ningún fundamento talional (cree que el tallón es una teoría teocrática), sino como una medida de seguridad administrativa que debe ejecutar el estado como mero administrador (Fichte, J. G., <em>Fondement </em><em>du droit </em><em>naturel selon les principes de la doctrine de la </em><em>science -1796-I797-, </em>PUF, París, 1998, ps. 269-293).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn60" href="#_ftnref60">[60]</a> <em>Leviathan, </em>1,8,10.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn61" href="#_ftnref61">[61]</a> ídem, 1, 13.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn62" href="#_ftnref62">[62]</a> Ídem, 1, 18.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn63" href="#_ftnref63">[63]</a> "No pueden ser consideradas penas los daños infligidos a quien es un enemigo declarado. Puesto que ese enemigo nunca estuvo sujeto a la ley, no puede transgredirla. O bien estuvo sujeto a ella y declara no estarlo más, negando en consecuencia la posibilidad de transgredirla. Por tanto, todos los daños que puedan serle causados deben entenderse como actos de hostilidad. En una situación de hostilidad declarada es legítimo infligir cualquier clase de daños. Cabe concluir, pues, que si por actos o palabras, a sabiendas y deliberadamente, un súbdito negase la autoridad del representante del Estado, sea cual fuere la penalidad prevista para la traición, el representante puede legítimamente hacerle sufrir lo que considere correcto. Al negar la sujeción, negó las penas previstas por la ley. Debe, en consecuencia, sufrir como enemigo del Estado, o sea, conforme a la voluntad del representante. Las penas están establecidas en la ley para los súbditos, no para los enemigos, como es el caso de quienes habiéndose tornado súbditos por sus propios actos, se rebelen y nieguen el poder del soberano por propia voluntad" (ídem, 2, 28).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn64" href="#_ftnref64">[64]</a> Locke, John, <em>Ensayo sobre el gobierno civil, </em>ps. 2 y 6.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn65" href="#_ftnref65">[65]</a> <em>Zum ewigen Frieden, </em>en <em>Werkausgabe, herausgegeben von W. Weischedel, </em>Frankfurt, 1977, t. XI, p. 203.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn66" href="#_ftnref66">[66]</a> <em>Werkausgabe </em>VIII,<strong> </strong><em>Die Metaphysik der Sitten, </em>p. 756.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn67" href="#_ftnref67">[67]</a> <em>Anti-Hobbes oder über die Grenzen der höchsten Gewalt und das Zwangsrecht der Bürger gegen den Oberherrn, </em>Erfurt, 1798.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn68" href="#_ftnref68">[68]</a> Es incuestionable la referencia a Kant en el cap. I. También la nota en que cita expresamente a Kant criticando su posición respecto del cambio de constitución (cap. 3). Trata respetuosamente de separar a Kant de Hobbes en cuanto a la inviolabilidad del soberano en el cap. 6. Es claro que Feuerbach tenía veintitrés años cuando escribió el <em>Anti-Hobbes </em>y no podía enfrentar abiertamente el prestigio del<strong> </strong>viejo y consagrado Kant.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn69" href="#_ftnref69">[69]</a> V. Wolf, Eric, <em>Grosse </em><em>Rechsdenker, </em>Tübingen, 1951, p. 543; también la investigación de Cattaneo, Mario A., <em>Anselm Feuerbach, filosofo e giurista liberale, </em>Milano, 1970.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn70" href="#_ftnref70">[70]</a> <em>Leviatán, </em>cap. 37.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn71" href="#_ftnref71">[71]</a> Schmitt, Carl, <em>El Leviatán, </em>cit., p. 111.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn72" href="#_ftnref72">[72]</a> ídem, p. 117.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn73" href="#_ftnref73">[73]</a> ídem, p. 138.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn74" href="#_ftnref74">[74]</a> La consagra la Constitución Argentina desde 1853 en su art. 19 con una fòrmula admirable: <em>Las </em><em>acciones privadas de los hombres que de ningún </em><em>modo </em><em>ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn75" href="#_ftnref75">[75]</a> Sobre el hobbesianismo de Schmitt, Kaufmann, Matthias, <em>¿Derecho </em><em>sin </em><em>reglas?, </em>Barcelona, 1989, p. 126.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn76" href="#_ftnref76">[76]</a> Si bien Schmitt fue el <em>Kronjurist </em>del <em>Dritte Reich </em>(cfr. Bendersky, Joseph W., <em>Carl Schmitt teorico del </em><em>Reich, </em>Bologna, 1989), su referencia en cuanto incumbe a la cuestión del enemigo es obligada, al punto que las tesis de Schmitt fueron retomadas por muchos críticos del estado <em>liberal burgués </em>de signo político diferente, e incluso, abiertamente opuestos. En este sentido, puede verse la presentación de Arico, José a <em>El concepto de lo político </em>que citamos; también Albanese, Luciano, <em>Schmitt, </em>Editori Laterza, 1996, p. 7; Pinto, Julio, <em>Carl Schmitt </em><em>y la reivindicación </em><em>de la politica, </em>La Piata, 2000, p. 179.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn77" href="#_ftnref77">[77]</a> Cit. por Holmes, Stepehn, <em>The Anatomy of Antiliberalism, </em>Harvard University Press, Cambridge/London, 1993, p. 14. Schmitt afirma en cuanto a la humanidad que, como tal, <em>no puede realizar ninguna guerra, puesto que no tiene enemigos, al menos sobre este planeta. El concepto de humanidad excluye el de enemigo, puesto que también el enemigo no deja de ser humano y en esto no presenta ninguna diferencia específica </em>(Schmitt, Carl, <em>El concepto de lo político, </em>Ediciones Folios, México, 1985, p. 51).</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn78" href="#_ftnref78">[78]</a> Schmitt, <em>El </em><em>concepto de lo político, </em>p. 23.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn79" href="#_ftnref79">[79]</a> Respetamos la traducción utilizada, pero la palabra que usa el autor es <em>Fremde, </em>la misma que empleó MEZGER en su proyecto.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn80" href="#_ftnref80">[80]</a> Schmitt, op. cit., p. 23.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn81" href="#_ftnref81">[81]</a> Ibidem.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn82" href="#_ftnref82">[82]</a> Esta fue la base polémica con Kelsen: Schmitt, <em>Der Hüter der Verfassung, </em>1929; trad, italiana, <em>Il custode della Costituzione, </em>cit.; versión castellana, <em>La </em><em>defensa </em><em>de la </em><em>Constitución, </em>Madrid, 1983; Kelsen, Hans, <em>¿Quién debe ser el defensor de la Constitución?, </em>Madrid, 1995.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn83" href="#_ftnref83">[83]</a> Sobre la constitución como pluralidad de leyes, Schmitt, <em>Teoría de la Constitución, </em>Madrid, 1992, p. 37. Con este argumento legitimaba el derecho del ejecutivo alemán a suspender las garantías y a encarcelar a legisladores y opositores en la agonía de Weimar: sobre ello Bendersky, op. cit.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn84" href="#_ftnref84">[84]</a> Sobre la crítica a la llamada doctrina de la seguridad nacional de las dictaduras latinoamericanas: "Documento de Puebla", Bs. As., 1979, p. 67 (párr. 49); Montealegre, Hernán, <em>La seguridad del Estado y los derechos humanos, </em>Santiago de Chile, 1979; Equipo SELADOC, <em>Iglesia y seguridad nacional, </em>Salamanca, 1980; Comblin, Joseph, <em>Le pouvoir militaire en Amerique Latine, </em>París, 1977 (traducción: <em>Dos ensayos sobre seguridad nacional, </em>Sgo. de Chile, 1979). Los ideólogos clásicos son: Gobery do Couto e Silva, <em>Planejamento estratégico, </em>Brasilia, 1981; Pinochet Ugarte, Augusto, <em>Geopolitica, </em>Sgo. de Chile, 1984. Hubo pocos discursos jurídicos: Pessoa, Mario, <em>O directo da Seguranca Nacional, </em>Rio de Janeiro, 1971; Domínguez, Carlos Horacio, <em>La nueva guerra y el nuevo derecho, Ensayo para una estrategia jurídica antisubversiva, </em>Bs. As., 1980; en derecho penal, Bay ardo Bengoa, Fernando, <em>Los Derechos del Hombre y la defensa de la Nación, </em>Montevideo, 1979.</p>
<p style="text-align:justify;"><a name="_ftn85" href="#_ftnref85">[85]</a> Lo hizo en una conferencia pronunciada en España muchos años después de la caída del nazismo alemán: <em>Theorie des Partisanen. Schwischenbemerkung zum Begriff'des Politischen </em>(trad. Italiana: <em>Teoria del partigiano. Integrazione al concetto del politico, </em>Milano, 2005). También afirma de paso <em>que España supo defenderse, </em><em>con una guerra de </em><em>liberación nacional, </em><em>de la fagocitación del comunismo </em><em>internacional </em>(p. 79 de la trad, italiana).</p>
]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El Derecho penal Liberal y sus Enemigos - E. Zaffaroni]]></title>
<link>http://neopanopticum.wordpress.com/2007/08/25/el-derecho-penal-liberal-y-sus-enemigos-e-zaffaroni/</link>
<pubDate>Sat, 25 Aug 2007 14:23:07 +0000</pubDate>
<dc:creator>Spartakku</dc:creator>
<guid>http://neopanopticum.wordpress.com/2007/08/25/el-derecho-penal-liberal-y-sus-enemigos-e-zaffaroni/</guid>
<description><![CDATA[ZAFFARONI, Eugenio Raúl, «El Derecho Penal Liberal y sus Enemigos», tomado de ZAFFARONI, Eugenio ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<p>ZAFFARONI, Eugenio Raúl, «<i>El Derecho Penal Liberal y sus Enemigos</i>», tomado de ZAFFARONI, Eugenio Raúl, «<i>En Torno de la Cuestión Penal</i>», Buenos Aires: B de F, 2005, pp.153-177</p>
<p><b>Nota:</b> Los números de la paginación original se conservan en <b>negritas</b> y entre corchetes ([ ]). Los números van al comenzar la página.</p>
<p><b>[153]</b></p>
<p style="text-align:center;" align="center"><b>EL DERECHO PENAL LIBERAL Y SUS ENEMIGOS<a title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">*</a></b></p>
<p style="text-align:right;" align="right">Por Eugenio Raúl Zaffaroni</p>
<p>Señor Rector Magnífico de la Universidad de Castilla-La Mancha</p>
<p>Autoridades Universitarias</p>
<p>Colegas Catedráticos y docentes</p>
<p>Estudiantes</p>
<p>Señoras y Señores</p>
<p>Amigas y amigos todos:</p>
<p style="text-align:justify;">Ruego de vuestra amabilidad que me permitan alterar el orden del discurso y reservar para el final los agradecimientos. No quiero que la emoción pueda perturbar el desarrollo de esta exposición y, por tanto, solicito esta licencia de vuestra benevolencia.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>I. EL EMBATE ANTILIBERAL DE LA POSGUERRA A HOY</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. Durante la segunda guerra mundial era común que los doctrinarios hiciesen referencia a la antinomia <i>derecho penal liberal-derecho penal autoritario, </i>con abundante bibliografía referida a la legislación fascista, nazista y soviética.</p>
<p style="text-align:justify;">El nombre de <i>derecho penal autoritario </i>era asumido por sus propios partidarios sin ningún reparo. Si bien <b>[154]</b> no era una antinomia nueva ni tampoco desapareció con posterioridad, lo cierto es que en las décadas cuarta y quinta del siglo pasado su exposición fue más manifiesta y transparente.</p>
<p style="text-align:justify;">Con posterioridad, la pretendida <i>pax dogmática </i>quiso dar por presupuesto un derecho penal liberal o de garantías y, por ende, tácita o expresamente, consideró superada la antinomia del tiempo bélico.</p>
<p style="text-align:justify;">2. Huelga demostrar que la <i>pax dogmática </i>fue una terrible confrontación ideológica y técnica y que el derecho penal liberal fue cediendo terreno, perseguido por racionalizaciones asentadas sobre una pretendida necesidad de eficacia preventiva ante supuestas nuevas amenazas que exigen mayor represión.</p>
<p><!--more--></p>
<p align="right">
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;">La consigna antiliberal postula que es menester ceder garantías para aumentar la seguridad, o sea que da por sentada una relación inversa entre garantías y seguridad.</p>
<p style="text-align:justify;">Este nuevo avance del derecho penal antiliberal no se presenta como derecho penal autoritario ni se enmarca en los pensamientos políticos totalitarios como los de entreguerras, sino que invoca la eficacia preventiva, como una cuestión casi pragmática.</p>
<p style="text-align:justify;">3. La legitimación de este avance antiliberal se vale de dos discursos diferentes, según se dirija al gran público o al reducido círculo técnico jurídico, en razón de que, conforme al destinatario, fundan la supuesta eficacia preventiva del poder punitivo en diferentes formas de prevención. En tanto que el discurso político periodístico basa la eficacia en la prevención general negativa (la disuasión), el discurso legitimante de los juristas lo hace en la positiva (el refuerzo de la confianza en el sistema).</p>
<p style="text-align:justify;">4. Esta disparidad obedece a una coherencia política tan lógicamente inobjetable como moralmente condenable. En tanto que por <i>eficacia </i>la prevención general <b>[155]</b> positiva entiende el prestigio, imagen y confiabilidad del Estado (o <i>sistema, </i>si se prefiere) frente al público, la <i>eficacia </i>de la prevención general negativa consiste en atemorizar a los que pueden estar tentados de delinquir.</p>
<p style="text-align:justify;">Salvo situaciones de absoluta excepción o brutalidad represiva, la prevención negativa no es confirmada por los hechos y, además, ella misma es inmoral por usar a una persona (su dolor) como medio para atemorizar a otras (lesiona la vieja <i>regla de oro </i>que impone la consideración del <i>otro </i>como fin en sí mismo).</p>
<p style="text-align:justify;">Pero además de esta inmoralidad, el doble discurso preventivo del nuevo avance antiliberal incurre en otra infracción ética: si el público refuerza su confianza en el sistema cuando éste apela a una mayor represión, es justamente porque cree que ésta tiene efecto disuasorio.</p>
<p style="text-align:justify;">El hombre de la calle —o sea, lo que para el funcionalismo suele ser el <i>subsistema</i>— no normaliza sus demandas al sistema para darle mayor confiabilidad al propio sistema, sino porque él mismo participa del prejuicio de que el poder punitivo siempre tiene efecto disuasorio. En síntesis: la prevención general positiva no es otra cosa que la explotación del prejuicio y de la falta de información del público.</p>
<p style="text-align:justify;">5. En esta doble inmoralidad no se agota el contenido éticamente aberrante de la prevención general positiva, sino que ésta añade una tercera falsedad fundante al esgrimir como lema la alternativa de hierro entre seguridad y garantías.</p>
<p style="text-align:justify;">Si la seguridad es de los bienes jurídicos, el debilitamiento de las garantías deja a la población a merced de la arbitrariedad policial, lo que importa una amenaza estatal a todos los bienes jurídicos, incluyendo la propia vida.</p>
<p style="text-align:justify;">Menores garantías importan mayor arbitrio de las agencias estatales y menores espacios de libertad social. Además de la pérdida general de seguridad que esto <b>[156]</b> conlleva, el espacio de arbitrariedad ofrece un vacío de reglas (anomia) que rápidamente ocupa la corrupción, cuyo resultado es la pérdida de eficacia preventiva de las agencias de coerción directa del Estado. No hay policía corrupta que sea eficaz en la prevención secundaria, salvo respecto de los infractores que no operan bajo su protección.</p>
<p style="text-align:justify;">6. Si nos preguntamos qué ofrece como novedad este nuevo embate contra el derecho penal de garantías o liberal, de inmediato llama la atención la pobreza ideológica del debate público, como también la grosería de los medios masivos de comunicación en sus campañas lanzadas a incentivar el sentimiento público de inseguridad y a reforzar reclamos vindicativos y ejemplarizantes.</p>
<p style="text-align:justify;">No menos notorio es que los estereotipos de quienes son mostrados como enemigos de la sociedad corresponden a todos los excluidos del actual momento de poder planetario (conocido como <i>globalización</i>)<i> </i>y que se concentran según grupos que resultan <i>molestos </i>en diferentes localizaciones geográficas (inmigrantes en países desarrollados o menos subdesarrollados; desocupados o contestatarios en los países pobres; desplazados económicos, políticos o bélicos; los <i>extraños; </i>etc.).</p>
<p style="text-align:justify;">Con frecuencia se agregan los que, por su conducta de vida, se hacen sospechosos de no compartir las metas proclamadas por el sistema (según las circunstancias pueden ser grupos disidentes o minorías políticas, sexuales, consumidores de algún tóxico, etc.).</p>
<p style="text-align:justify;">Es curioso que nunca se considere a los viejos como enemigos de la sociedad, pese a que el sistema los expulsa. Ello obedece a que los somete a una forma genocida de control social, mediante la exclusión etaria y la construcción del estereotipo de inutilidad e incapacidad social, el que una vez asumido acelera la enfermedad, la depresión y la muerte.</p>
<p style="text-align:justify;"><b>[157]</b></p>
<p style="text-align:justify;">7. En cuanto al discurso del nuevo embate antiliberal dirigido al reducido círculo de juristas, la novedad parece consistir en un grado de sinceridad nunca alcanzado con anterioridad.</p>
<p style="text-align:justify;">Efectivamente, los autores de los viejos discursos <i>defensistas </i>(especialmente positivistas) creían que en realidad estaban disminuyendo el número de conflictos o de delitos o, al menos, así lo manifestaban. El nuevo discurso de prevención general positiva se desentiende de lo que realmente sucede en la conflictividad social: poco importa que aumente o disminuya la victimización, pues sólo interesa la credibilidad del Estado como actor preventivo.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>II. ¿EL DERECHO PENAL AUTORITARIO ES DERECHO PENAL?</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. La pregunta <i>¿Derecho penal autoritario o derecho penal liberal? </i>es el título de un conocido escrito, bastante panfletario y de nulo valor doctrinario, de autores nazistas. El primer término de esta alternativa da lugar a un interrogante que con frecuencia se pasa por alto, pese a que plantea una cuestión mucho más que semántica, porque hace a la ontología misma del derecho penal: ¿El llamado <i>derecho penal autoritario </i>es en realidad <i>derecho penal</i>?</p>
<p style="text-align:justify;">2. La característica común del autoritarismo de todos los tiempos es la invocación de la necesidad en una emergencia: la herejía, el Maligno, el comunismo internacional, la droga, la sífilis, el alcoholismo, el terrorismo, etc. Se absolutiza un mal justificando una necesidad apremiante, inmediata e impostergable de neutralizarlo, pues se halla en curso o es inminente y se lo presenta como amenaza para la subsistencia de la especie humana o, al menos, de una cultura o civilización.</p>
<p style="text-align:justify;">3. Ante semejante amenaza, los especialistas (únicos conocedores de la forma y detalles en que operan estos <b>[158]</b> males) capacitados para individualizar y neutralizar a sus agentes, reclaman que se les retire todo obstáculo a su misión salvadora de la humanidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Se trata de una guerra contra el mal de dimensión colosal y, por ende, los agentes de éste son enemigos de la sociedad. Asume esta lucha características bélicas y el discurso que le sirve de base legitimante adopta la forma del llamado <i>derecho penal de enemigos. </i>No es posible ninguna conciliación con el agente consciente del mal; quizá sólo —y hasta cierto limitado punto— con los involuntarios favorecedores, pero siempre a condición de ritos de incorporación a las huestes del bien.</p>
<p style="text-align:justify;">4. En estas condiciones, el discurso jurídico-penal parece transformarse en un discurso de derecho administrativo, de coerción directa, inmediata o diferida, de tiempo de guerra. Así como quien obstaculizase al ejército que en la guerra actúa en defensa de la Nación se convertiría en un <i>traidor a la Nación, </i>del mismo modo nadie puede dificultar o poner trabas a la acción salvadora de las huestes que defienden a la sociedad, sin convertirse en un traidor o directamente en un enemigo de ésta.</p>
<p style="text-align:justify;">5. El derecho administrativo de coerción directa invade y ocupa todo el espacio del derecho penal, en las emergencias que fundan los embates antiliberales a lo largo de toda la historia. Es el <i>derecho de policía </i>de los viejos administrativistas, que los modernos llaman <i>derecho de coerción directa administrativa inmediata o diferida. </i>Es la coerción estatal que tiene lugar frente a un proceso lesivo en curso o inminente.</p>
<p style="text-align:justify;">No es prudente olvidar este fenómeno en nuestros días, donde doctrinariamente se habla con frecuencia de la <i>administrativización del derecho penal. </i>¿Es tal o simplemente es una cesión del derecho penal al derecho administrativo? ¿No será directamente un retiro del derecho penal? ¿No será acaso que el único derecho penal es el liberal?</p>
<p style="text-align:justify;"><b>[159]</b></p>
<p style="text-align:justify;">6. Aunque no puedo desarrollarlo en este espacio, creo personalmente que, en efecto, si reservamos la expresión <i>derecho penal </i>para el saber jurídico que se destina a la práctica de los operadores jurídicos (y, por ende, lo distinguimos cuidadosamente de la legislación penal y del ejercicio real del poder punitivo), el derecho penal es la programación racional del poder jurídico de contención y reducción del fenómeno político del poder punitivo del Estado. Por ende, todo derecho penal que no se proponga contener y reducir este poder cae necesariamente en una concesión al derecho administrativo.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>III. LO VIVO Y LO MUERTO DE LOS AUTORITARISMOS PASADOS</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. La descripción de las características del embate contemporáneo contra el derecho penal liberal provoca cierto desconcierto. Si bien no reproduce ninguno de los autoritarismos históricos o pasados, lo cierto es que parece reciclar elementos que se hallaban en casi todos éstos. Suelen señalarse datos aislados, pero esto no explica la reiteración histórica de los embates antiliberales y menos aún cierta sensación de fenómeno cíclico.</p>
<p style="text-align:justify;">2. Cabe indagar qué es lo que ha muerto de los viejos autoritarismos y qué tiene vigencia. Pero no basta con esto para comprender la reiteración histórica de los retrocesos liberales.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestra tesis es que existen estructuras discursivas que son idénticas, aunque los contenidos y la tecnología varían culturalmente. Son los mismos troncos vestidos con diferente follaje, aunque parecidos frutos.</p>
<p style="text-align:justify;">3. Para demostrarlo, se hace necesario acudir al origen mismo de estos discursos, a los primeros discursos elaborados sistemáticamente con cierto grado de <b>[160]</b> desarrollo teórico. Para ello, debemos superar los prejuicios a que nos ha habituado la reiteración de algunas verdades manualísticas de nuestra disciplina.</p>
<p style="text-align:justify;">Así como los sociólogos nos miran con curiosidad, como un grupo extraño que en el <i>campus </i>universitario inventa su propia sociología y se niega a escucharlos, los historiadores no tienen menos razones para extrañarse de nuestra ingenuidad al considerarnos descendientes del Iluminismo e ignorar casi todo el derecho penal y la criminología de los siglos anteriores. A fuerza de reiterar en nuestros manuales conceptos que copiamos de otros, nos hemos aislado tanto de los datos de las ciencias sociales como de los históricos.</p>
<p style="text-align:justify;">No poca dosis de narcisismo hay en nuestro entrenamiento autista: ¿Quién es el sociólogo para discutirnos los dogmas preventivos? ¿Quién es este personaje producto de una ciencia de pocos años que pretende infectar con datos del ser nuestro coherente mundo del deber ser? Y más aún: ahora vienen unos escrutadores de archivos amarillentos a decirnos que no descendemos de Beccaria sino de Torquemada. Esto se nos hace poco menos que intolerable. Y allí caemos en contradicción, porque exhibimos pergaminos de siglos que no nos atrevemos a leer porque nos desmienten.</p>
<p style="text-align:justify;">4. Cuando repasamos nuestros propios pergaminos amarillentos nos enteramos de que el poder punitivo, caracterizado por la confiscación de la víctima, se asentó de modo hasta hoy irreversible en los siglos XII y XIII, pero legitimado como derecho administrativo de coerción directa, alucinando a lo largo de la historia sucesivas emergencias hasta el presente, que fueron otros tantos brotes de autoritarismo penal.</p>
<p style="text-align:justify;">La disparidad y el colorido curioso de los discursos de emergencia desconciertan al historiador y más aún al penalista, porque nada parece haber de común entre ellos: nada vincula la sífilis con el terrorismo, o el <b>[161]</b> alcoholismo con la herejía, o la pureza de la raza con la criminalidad organizada.</p>
<p style="text-align:justify;">Ello nos inclina a considerar las emergencias pasadas como delirios circunstanciales de la humanidad o de nuestra cultura, mientras se piensa que la emergencia presente es una amenaza real y absoluta.</p>
<p style="text-align:justify;">5. Sin duda que las emergencias son construcciones colectivas que guardan cierto parecido con el delirio, como se ha observado respecto de algunas de ellas, especialmente muy lejanas. Además de asentarse sobre el prejuicio y la convicción previa de un amplio sector de población (por regla el menos informado, que suele ser la mayoría, si tenemos en cuenta que la información está en relación directa con el poder), toda emergencia respeta un mínimo contenido real, magnificándolo hasta absolutizarlo y llevarlo a ocupar todo el campo pensante.</p>
<p style="text-align:justify;">6. La atención histórica más detenida de estas emergencias nos permite observar que los follajes cambiantes ocultan una estructura discursiva teórica que permanece idéntica desde hace por lo menos cinco siglos. Por debajo de las sucesivas emergencias y de sus respectivas guerras y derechos penales de enemigos, la estructura del discurso penal autoritario no ha variado.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo permanente y vivo en los discursos penales autoritarios es su estructura, y lo mutable son los datos y la tecnología con que se reviste en cada momento histórico.</p>
<p style="text-align:justify;">Se trata de una suerte de programa de computación que en ciertos momentos culturales se vacía y se vuelve a alimentar con datos diferentes, pero el programa sigue siendo idéntico y único.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>IV. LA APARICIÓN DE LA ESTRUCTURA DISCURSIVA DE EMERGENCIA</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. Sin duda que en todos los tiempos en que hubo poder punitivo se invocaron emergencias para legitimar <b>[162]</b> su ejercicio ilimitado. No obstante, desde el punto de vista del análisis de los discursos legitimantes, lo que nos interesa es el momento en que aparece un primer discurso con alto nivel de desarrollo teórico, con considerable grado de sofisticación, con información y síntesis sistemática del saber anteriormente acumulado y con aprovechamiento de la experiencia práctica del ejercicio del poder punitivo.</p>
<p style="text-align:justify;">2. Eso presupone un discurso que sistematice orgánicamente la etiología del mal que legitima la emergencia (criminología etiológica), que describa las manifestaciones dañosas del mal (derecho penal de infracción o teoría del delito), que prescriba la forma de reprimirlo (teoría de la pena), que desarrolle el camino para realizarlo (derecho procesal penal) <i>y </i>los conocimientos auxiliares para la identificación de los enemigos (criminalística).</p>
<p style="text-align:justify;">Con semejantes requisitos podemos afirmar que nos hallamos ante lo que Baratta llamó —en referencia al positivismo criminológico— un <i>sistema integrado </i>(por oposición a la posterior desintegración neokantiana en una ciencia natural —criminología— y otra cultural —derecho penal—, sin otra conexión que la función de delimitación epistemológica de la segunda respecto de la primera).</p>
<p style="text-align:justify;">3.&#160; Este sistema integrado frente a una emergencia aparece por primera vez en la historia en el <i>Malleus maleficarum </i>o <i>Martillo de las brujas, </i>escrito por Heinrich KRAMER y James SPRENGER, en 1484, y sancionado como manual de inquisidores por bula de Inocencio VIII, del 9 de diciembre de ese mismo año.</p>
<p style="text-align:justify;">Este texto de altísima circulación en los dos siglos posteriores y deslegitimado en definitiva apenas en 1701 por obra de Christian THOMASIUS, durante los tres últimos siglos fue reducido a la condición de objeto de curiosidad o de interés sólo para historiadores de la Inquisición, pero silenciado completamente por los penalistas.</p>
<p style="text-align:justify;"><b>[163]</b></p>
<p style="text-align:justify;">El texto está precedido por a) la larga tarea de los criminólogos de su tiempo, o sea, por los especialistas en el mal y en su etiología, que eran los demonólogos, b)<i> </i>un considerable debate sobre si la capacidad de daño del Maligno y de hazañas extraordinarias de las brujas era real o imaginaria y c) el trabajo jurídico de la glosa.</p>
<p style="text-align:justify;">4. En este sentido, puede afirmarse que se trata de una de las obras fundamentales de síntesis y cierre del conocimiento y la cultura de la Edad Media. Suele asignársele esta característica a la <i>Divina Comedia</i><i>, </i>lo que es verdad, pero, sin pretensión de comparar al Divino Poeta con los alucinados inquisidores, lo cierto es que sin esta contracara quedaría incompleta la síntesis de esa etapa.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>V. CARACTERES ESTRUCTURALES DEL DISCURSO DE EMERGENCIA</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. Sin pretender agotar aquí las características estructurales de los discursos de emergencia, nos bastará señalar las principales para cumplir con el objetivo de demostrar la existencia de la respectiva estructura.</p>
<p style="text-align:justify;">La más notoria es el <i>armamentismo </i>del discurso. Poco importa la naturaleza pacífica de lo que el objetivo manifiesto del discurso pretende defender. Jesucristo no es un Dios guerrero, sino vencido por el sistema penal, que lo presenta reducido y sacrificado en un instrumento de tortura. Lo importante era inventarle un enemigo guerrero, organizado como ejército, con legiones y jerárquico. Satanás era el comandante de una estructura militarizada. Se reiterará siempre la organización conspirativa y armada del enemigo: desde Satanás hasta el modelo mañoso. El armamentismo del enemigo obliga al propio armamentismo.</p>
<p style="text-align:justify;">2. La <i>disparidad de enemigos </i>es otra característica infaltable. El enemigo manifiesto nunca es el real: no <b>[164]</b> era Satanás el enemigo, sino los que ponían en duda su poder y el de las brujas. Los peores enemigos de toda emergencia son los que ponen en duda la magnitud de la necesidad invocada, porque son los que cuestionan el poder represivo de quienes lo ejercen.</p>
<p style="text-align:justify;">3. A lo anterior corresponde la <i>disparidad de fines: </i>no interesan los objetivos manifiestos, sino la forma misma del ejercicio del poder (Foucault). En el caso del <i>Malleus, </i>lo que interesaba era un poder que reforzase la centralidad romana y la subordinación de la mitad de la humanidad (las mujeres); el discurso es completamente misógino.</p>
<p style="text-align:justify;">4. Es indispensable que el propio discurso, ante la magnitud del mal, deba proceder a la <i>legitimación del bien: </i>¿Cómo Dios puede permitir que el Maligno cometa semejantes atrocidades? ¿Cómo una sociedad sana puede producir drogadictos? En el caso del <i>Malleus, </i>la respuesta es funcionalista, digna de Durkheim: el mal es necesario para permitir el reconocimiento del bien.</p>
<p style="text-align:justify;">5. Lo anterior en parte se explica porque el mal logra aliarse con los humanos más débiles y defectuosos (inferiores o subhumanos), que para el <i>Malleus </i>eran las mujeres, consideradas tales por razones biológicas, en forma que racionalizará Lombroso cuatro siglos más tarde.</p>
<p style="text-align:justify;">La <i>inferioridad del enemigo </i>es dato necesario de toda emergencia, para lo cual construye estereotipos que responden a los peores prejuicios de cada sociedad. Estos enemigos presentan características o estigmas físicos, como los que el Diablo ponía en las brujas. Serán luego los caracteres atávicos lombrosianos, los étnicos de los inmigrantes o las secuelas de las agujas en los tóxicodependientes.</p>
<p style="text-align:justify;">6. La <i>inmunidad al mal de </i>los propios especialistas es condición indispensable del éxito del discurso: quien combate el mal debe ser inmune a éste. Los inquisidores afirmaban que eran inmunes porque Dios no podía <b>[165]</b> permitir semejante grado de mal. Posteriormente, el propio conocimiento del mal proporcionaría la inmunidad en otras emergencias.</p>
<p style="text-align:justify;">7. El <i>uso encubridor del discurso, </i>a veces ingenuo, es casi enternecedor: un sacerdote aparece desnudo encerrado en un silo, sabe Dios víctima de qué aventura, y afirma que los demonios lo desnudaron y lo arrojaron al silo, y los demonólogos le creen.</p>
<p style="text-align:justify;">8. El discurso de emergencia nunca contradice los prejuicios funcionales. En este sentido, opera el <i>refuerzo de prejuicios </i>sociales, por lo cual aparece como un elemento sedativo de la sociedad, al reafirmar las convicciones más aberrantes pero fuertemente arraigadas. Sin los prejuicios la convicción pública de la necesidad no puede instalarse.</p>
<p style="text-align:justify;">9. Asegurar la <i>reproducción de la clientela </i>es condición indispensable para la permanencia de la emergencia. Si se agotan los enemigos (como había sucedido con los valdenses) la necesidad cesa. La tortura perseguía ese objetivo y no la mera confesión de la mujer, sino los nombres de cómplices que ésta tuviese, y eso constituía prueba que habilitaba la tortura de la persona mencionada.</p>
<p style="text-align:justify;">10. La <i>alquimia o inversión valorativa </i>de los signos es fundamental: si la bruja muere en la tortura, el Diablo la salva, si enloquece de dolor, es que el Diablo le da fuerza para burlarse de la tortura, si se suicida, el Diablo le retuerce el cuello, etc. El enemigo que se declara arrepentido simula, el que estudia se prepara para hacer mejor sus fechorías, etc.</p>
<p style="text-align:justify;">11. La emergencia debe operar una <i>neutralización de fuentes deslegitimantes de autoridad. </i>Así, hoy debe desautorizarse a los científicos que reducen a límites racionales los males absolutizados o que los minimizan.</p>
<p style="text-align:justify;">Los inquisidores debían deslegitimar el <i>Canon Episcopi </i>que negaba el poder real del Diablo y de las brujas. <b>[166] </b>Para ello, lo declaraban falso (falsedad de la fuente), suponían que se refería a otro fenómeno (distinción fenoménica) o consideraban que igualmente había que ejecutar a las brujas sólo por hacer pacto con el Diablo (subjetivización del injusto). Los tres caminos se transitan hasta el presente.</p>
<p style="text-align:justify;">12. No nos ocupamos aquí de las importantes características procesales derivadas de las mencionadas, sólo por razones de espacio, pero no podemos dejar de anotarlas y, especialmente, señalar su rasgo común: la <i>degradación ética del represor.</i></p>
<p style="text-align:justify;">Todo embuste o engaño era útil para obtener los nombres de cómplices, incluyendo las falsas promesas aun bajo juramento. No otra cosa son los sobornos a testigos y a codelincuentes en forma de impunidad o benignidad, la introducción de espías, la compra de información y todas las inmoralidades que acompañan a los procedimientos inquisitorios de todos los tiempos.</p>
<p style="text-align:justify;"><b></b>&#160;</p>
<p style="text-align:justify;"><b>VI. LA ESTRUCTURA DEL DISCURSO CRÍTICO (DE GARANTÍAS)</b></p>
<p style="text-align:justify;">1. La mención de los caracteres señalados prueba la existencia de una estructura de emergencia o autoritaria, permanente en todos los discursos, pero es más que interesante señalar que no sólo reproducimos esas estructuras, sino también la de los discursos críticos.</p>
<p style="text-align:justify;">La primera respuesta orgánica al <i>Malleus, </i>contenida en un libro especialmente dedicado al tema y, dentro de su estructura reiterativa bastante coherente, invocando constantemente la razón (en sentido escolástico), data de 1631 y es obra de un jesuíta: Friedrich SPEE von LANGENFELD (1591-1635), en su <i>Cautio criminalis (Prudencia criminal).</i></p>
<p style="text-align:justify;">SPEE fue un confesor de condenadas que se angustió ante el asesinato masivo de mujeres que importaba y, <b>[167] </b>siguiendo a dos jesuítas que en sus obras generales de teología habían deslegitimado el <i>Malleus, </i>escribió este libro pequeño, dividido en cincuenta y dos preguntas, al estilo de las cuestiones escolásticas. Pese a que a uno de sus predecesores y a él mismo pidieron que los condenasen a la hoguera, lo cierto es que murió por razones naturales, atendiendo a soldados víctimas de epidemia de peste.</p>
<p style="text-align:justify;">2. El discurso crítico de Spee denuncia la construcción procesal del delito: cualquiera sometido al proceso inquisitorial sería condenado por brujería; luego, si desapareciesen esos procesos, desaparecerían las brujas. El interaccionismo simbólico no lo hubiese dicho más claramente.</p>
<p style="text-align:justify;">3. Este discurso crítico, como todos, señala la compartimentalización del sistema penal, en que cada segmento se desentiende de los restantes: los señores de los ejecutores, los que escriben de los que ejecutan, etcétera.</p>
<p style="text-align:justify;">4. Spee señala que el prejuicio y la ignorancia o falta de información pública son uno de los elementos fundamentales que permiten la continuidad de esas iniquidades y crímenes. Como buen crítico, responsabiliza a los doctos que escriben y aconsejan sin enfrentar los prejuicios, sino sólo reforzándolos, por conveniencia o por expresar conceptos gratos al poder.</p>
<p style="text-align:justify;">5. No puede faltar en un discurso crítico la indicación de la funcionalidad del fenómeno al poder, o sea, a los príncipes, que de este modo encontraban a quién responsabilizar de los males (moderna teoría del <i>chivo expiatorio).</i></p>
<p style="text-align:justify;">6. El ocultamiento semántico del discurso jurídico es un tema recurrente en toda crítica, o sea, el empleo de vocablos que indican otro objeto distinto del señalado por la misma palabra en el vocabulario corriente. Así, la <i>libre confesión </i>era la prestada bajo tortura.</p>
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